Tomado de "Clase", del musical Chicago (cantado por Catherine Zeta-Jones y Queen Latifah)

Whatever happened to, "Please, may I?"
And, "Yes, thank you?"
And, "How charming?"
Now, every son of a bitch is a snake in the grass.
Whatever happened to class?

Ah, there ain't no gentlemen
To open up the doors.
There ain't no ladies now,
There's only pigs and whores
And even kids'll knock ya down
So's they can pass.
Nobody's got no class!

Whatever happened to old values?
And fine morals? And good breeding?
Now, no one even says "oops" when they're
Passing their gas.
Whatever happened to class?

Nota . Traduciendo sin las partes fuertes (por educación): ¿Qué pasó con el ‘por favor’, el ‘¿puedo?’, el ‘permiso’, el ’sí, gracias’, el abrir la puerta a la dama, el ceder el paso  al otro o el asiento a la dama o al viejo, con los buenos valores, con la buena crianza, con la verdadera “clase”?, etc

 

¿Qué pasó con la buena educación?

 

La buena educación murió.

A manos del individualismo salvaje.

Todo un editorial en un par de frases.

La esencia de la vida actual.

El paciente falta a su cita sin avisar, sin disculparse.

El dentista hace abrir la boca casi antes de saludar.*

Hoy, la frase de André Comte-Sponville: la cortesía no es una virtud, es un simulacro de virtud,  sirve de excusa para no sentirse – por ejemplo – obligados a recoger los regalitos que obsequia su perro.

Cierto es que las buenas maneras, como la belleza, están en el ojo del observador. Pero –¡ojo! –que no son la mera  etiqueta, que sólo nos informa qué tenedor se estila usar, un código creado otrora para que los aristócratas se reconozcan entre ellos.

Los buenos modos nos enseñan qué hacer aunque el vecino no lo haga, nos enseñan a vivir respetando a los demás. Cuando desde la soberbia o desde el egoísmo o desde la riqueza recién habida no se respeta a los demás es simplemente porque se eligió ignorar que el otro existe. [Para detalles dentro de la profesión, véanse digresiones y gremiales.]

Cuentan de Víctor Hugo que un limosnero le pidió una moneda. Pese a su propia pobreza, metió la mano en el bolsillo, y como no encontró ni una moneda, dijo: “Perdóname, hermano, no tengo nada que darte”. “Ya me diste, me llamaste hermano”, contestó el pordiosero. Portarse con educación significa marcar los vínculos entre personas sin olvidar, ignorar o desdeñar al prójimo. Hace poco vi a una anciana, pobre, limpia, que pidió una moneda en la calle y obtuvo por guaranga respuesta esta frase: “¡Vaya a pedir a la Rosada!” La buena educación enseña a no descuidar los sentimientos ajenos, su necesidad, su derecho a ser tenidos en cuenta. Decir “perdone” quien atiende tarde, dar las gracias, pedir permiso o acusar recibo es lo menos que se puede esperar de gente bien educada, dentista, paciente, o institución que nos alberga.

Hay preceptos morales que debemos tener presentes en todo momento al dirigirnos a un paciente, éste a nosotros o las organizaciones gremiales a sus socios. Si pretendemos ser personas "civilizadas" y "racionales" nuestro trato debe ser amable y cortés.  Las buenas maneras son la manifestación exterior del carácter innato de cada uno y de su actitud ante la vida. Emily Post

Mal podrán incorporar el uso cotidiano del saludo, el agradecimiento y la disculpa los descendientes de generaciones que las ignoran, siendo imprescindible el buen ejemplo de un modelo familiar o institucional delante. Pocos padres señalan a sus hijos que deben ponerse de pie y ceder su lugar a quien lo necesita. Ni lo indican ni dan el ejemplo. Vivimos en la ira y la descortesía. No culpemos al  estrés y las presiones cotidianas de esta sociedad que tanto corre sin saber seguro el porqué. Si George Eliot nos observara, quizá – ante el salvaje individualismo actual – reconsideraría su pregunta: ¿Para qué vivimos si no es para hacernos mutuamente la vida un poco menos difícil? ¿No es hoy todo lo contrario?

En los medios de transporte, hay avisos que invitan a ceder ciertos asientos a embarazadas y discapacitados. Es  un aviso innecesario: todos deben saber que ésa es la obligación de un ser humano bien educado. Deben apagar sus celulares en el teatro sin que se lo pidan. Y en el restaurante.

La buena crianza resulta de mucho buen sentido, algo de buena naturaleza y un poco de abnegación en bien de los otros, con expectativa de recibir lo mismo de ellos. Conde de Chesterfield, Philip Dormer Stanhope

 

¿Qué se gana siendo bien educado? Con los buenos modos, la cortesía y hasta con etiqueta y “clase” una persona se enriquece y aun puede progresar dentro de la comunidad en sus relaciones con los demás. Uno se hace agradable a los ojos de los demás, aunque ellos a su vez no sean corteses, si actúa con esas cualidades agradables que llegan a los otros sin que lo perciban. Quizá esto resulte en un beneficio que nadie nota, pero que toca el alma aun de los mal educados.

No crea nadie que pasa inadvertido un “gracias” o un “permiso” bien colocados, sin ostentación. Y la ausencia de cortesía se nota y ofende. La falta de etiqueta, en cambio, aunque se note, no ofende. A nadie molesta si apoyo los codos en la mesa; molesta que nos empuje el mal educado que sale de un transporte público sin suavizar el empellón con un “permiso” o un “perdone.”

Podríamos probar. En el consultorio, en la dirigencia de una institución, en el trato cotidiano. No es fácil, si no es innato. Se podría aprender. Quizá no se alcance la perfección. Haga cada uno lo que pueda y trate de mejorar, poco a poco, paso a paso,  de un cortés “gracias” a un asiento cedido a una mujer.

*Sugiero la lectura de El dentista bien educado en la sección de digresiones.

 

                                          Horacio Martínez

                                             volver al indice                         

                                            VOLVER