Los directores también ríen           

Concluíamos ayer (diciembre): “Entendemos en Universo Odontológico que un editorial debe exponer un tema, desarrollarlo y procurar darle una resolución, solución o respuesta o propuesta; pero esta vez nos circunscribimos a una sugerencia previa a sus propósitos para el 2008: Conózcase a sí mismo.”

Y hoy en enero consideramos que la editorialidad bien entendida comienza por casa.

Conociéndonos a nosotros mismos sabemos muy bien que nunca somos del todo serios. Lo malo es que aun  cuando decimos las cosas más serias y criticamos los vicios más dolorosos hay un pequeño duende dentro de nosotros que se ríe y parece no tomarnos en serio. Juramos y no perjuramos que todos nuestros editoriales han sido muy, muy, muy serios, casi seriotes.

Pero el mundo odontológico es tal cambalache*, este siglo también [¡Siglo veintiuno, cambalache / problemático y febril!... / El que no llora no mama / y el que no afana es un gil! / ¡Dale nomás! / ¡Dale que va! / ¡Que allá en el horno / nos vamo a encontrar! / ¡No pienses más, / sentate a un lao, / que a nadie importa / si naciste honrao! / Es lo mismo el que labura / noche y día como un buey, / que el que vive de los otros, / que el que mata, que el que cura / o está fuera de la ley...] que nos dan ganas de reír más, y también más abiertamente, y así lo haremos, así en medio de una nota muy seria sobre el casein phosphopeptide-amorphous calcium fluoride phosphate como en las muy digresivas digresiones del mes.

Los directores de Universo Odontológico nos proponemos reírnos junto con ustedes, contra el cambalache y el cachivache y la cachavacha, ¡cheeee!, en medio de la ciencia o del libro del mes (q.v.) [q. v. no es “qué ví” ni “quanto vamoyvamo” ni “¡qué vuena!”, sino algo como "buscalo por aquí".].

Y la ventaja de hacernos este propósito es que tenemos jueces imparciales, que son ustedes, queridos lectores, y esperamos que nos lo recuerden a fin de mes, no a fin de 2008, y ustedes, ¡recórcholis!, háganse el propósito de exigirnos material y humor, pero ni se les ocurra pedir inteligencia que es producto que escasea por estos pagos desde hace un tiempo y desde hace varias elecciones (que no lo decimos por ésta ni por ninguna en especial: ¡POR TODAS!)

Bueno, ahí quedan la letra tanguera prometida y las promesas aún no cumplidas.

*La letra del tango Cambalache, de Enrique Santos Discépolo, dice así (con algún ligero retoque): Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé... (¡En el quinientos seis y en el actual también!). Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos, contentos y amargaos, valores y pa’qué... Pero que el presente  es un despliegue  de maldá insolente, ya no hay quien lo niegue.  Vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo  todos manoseaos... ¡Hoy resulta que es lo mismo  ser derecho que traidor!...  ¡Ignorante, sabio o chorro,  dentista o estafador!  ¡Todo es igual!  ¡Nada es mejor!  ¡Lo mismo un burro que un gran profesor! No hay aplazaos  ni escalafón,  los inmorales  nos han igualao.  Si uno vive en la impostura  y otro roba en su ambición,  ¡da lo mismo que sea cura,  colchonero, dirigente,  caradura o polizón!...  ¡Qué falta de respeto, qué atropello  a la razón!  ¡Cualquiera es un señor!  ¡Cualquiera es un ladrón!    Igual que en la vidriera   de los cambalaches  se ha mezclao la vida,  y herida por un sable sin remaches  ves llorar la Biblia  contra un calefón...  (Ver estrofa final arriba.)

  Dr. Horacio Martínez                   Dr. Emilio Bruzzo

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