Sobre la dignidad del ser humano

 

No existe un acuerdo universal sobre el significado de los términos “dignidad humana,” dijo, el año pasado, el Presidente del Comité de Bioética de EE.UU. dirigiéndose al Presidente de su país. ¿Y qué nos importa a nosotros, los odontólogos? ¿Qué tenemos que ver con la bioética o con la dignidad?

Con “dignidad” bastaba, ya que es humana… o no es. Lo cual es tautológico, innecesariamente repetitivo; Kant mismo consideró que toda hombre tiene dignidad, es decir, humanidad. Cháchara de filósofos: sólo afirma que el ser humano es humano = digno.

¿Y si vamos a las fuentes? Veamos la “universopedia” y un filósofo renacentista.

Pico della Mirandola declaró que el hombre merece admiración por poseer la capacidad, la posibilidad, la necesidad de elegirse a sí mismo; sin nada propio, pero con acceso a todo. En el comienzo de su Discurso sobre la dignidad del hombre pone: En los antiguos escritos de los árabes, el sabio Abdala el Sarraceno afirmó que nada veía en el mundo más espléndido que el hombre. Afirmación que coincide con la famosa de Hermes: "Gran milagro … es el hombre".

Gran milagro,” por cierto, el del hombre, único ser a quien le es ingénito tanto degenerar en seres inferiores, y ser una bestia, como escalar las cumbres de la existencia terrenal. ¡Oh, suma libertad admirable suerte del hombre al cual le ha sido concedido el obtener lo que desee, ser lo que quiera! 

El ser humano que se arrastra vilmente no es hombre en verdad, no es digno. El ser humano que se deja conducir por los instintos o las bajas pasiones no es hombre en verdad, libre y digno, sino esclavo de los sentidos, cegado por vanos espejismos, cebado por sensuales halagos, avaricia, vanidad, egoísmo.

¿Quién, pues, no admirará al hombre digno? A ese hombre que se forja, modela y mejora a sí mismo; el que con la moral refrena los ímpetus de las pasiones, expulsa de sí los apetitos superfluos y “despunta las garras ganchudas de la ira y los aguijones del ánimo.” No haciendo "nada con exceso" vive en concordia con el  "conócete a ti mismo" y, por tanto, conoce todo lo que podría ser.

Digno, estimados colegas, es quien merece estimación o respeto, pero no en lo exterior, no en la formalidad del porte y el aspecto, y menos aún por su alta posición social o societaria. Y que cada cual vea cómo le cae el sayo.Con referencia a una auténtica dignidad, dijo Thomas Carlyle: Un gran hombre demuestra su grandeza por el modo en que trata a los que son o tienen menos que él. Bien lo exige la Declaración Africana sobre los Derechos del Hombre y de los Pueblos, "Todo individuo tendrá derecho al respeto de la dignidad inherente al ser humano."

Para más sobre la dignidad del ser humano y Pico, véase la sección históricas.

Colegas, redondeemos el tema con un artículo reciente, para pensar sobre nuestro futuro:

“En cuanto al factor dentista, la edad del que colocó la restauración original parecería estar relacionada con el intervalo hasta su repetición, siendo menor el intervalo cuantos más años el profesional tuviera. Se observó [sobre más de 503.965 restauraciones (ver marzo, OPERATORIA] que los dentistas mayores realizaban restauraciones que sobrevivían menos bien que las ejecutadas por dentistas jóvenes. Es difícil establecer las razones de esto. Podría ser por tratar pacientes de más edad; pero un artículo mostró que este factor no explica plenamente lo observado. Podría ser que los dentistas más jóvenes, recién graduados de la escuela dental, estén en la avanzada de las nuevas enseñanzas en materiales y técnicas, mientras que los dentistas mayores están más encasillados en sus ideas. Podría también ser en relación con las diferentes actitudes ante las situaciones clínicas en que se considere el tipo de intervención necesaria.”

Y de esto trata la dignidad de ese ser humano que ejerce la odontología desde hace varias décadas y lo que haya elegido ser. Sus opciones:

·            Quizá eligió un simple medio de vida y perduró sin  molestarse por renovar las envejecidas herramientas intelectuales y físicas que adquirió en la Universidad.

·            Quizá optó por cumplir con su vocación y ejercerla renovándose física e intelectualmente.

·            Quizá tomó la decisión de ser siempre, a toda edad, un dentista que se supera más allá de su deber, al día con lo último y mejor de la ciencia, sin ser ni el primero en adoptar lo nuevo ni el último en abandonar lo viejo. Una labor digna ejercida con la dignidad de quien sigue una verdadera vocación y no un afán de satisfacer pasiones (codicia, lujuria, envidia) que no aportan  a la dignidad de hombre. Ese hombre, en sus últimos años se considerará bien recompensado si aprecian la elección que hizo y dicen de él: fue siempre un dentista digno.

 

                Dr. Horacio Martínez

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