Día del Odontólogo

 

¿Puede un editorial estar constituido nada más que por interrogantes?

¿Y si probamos?

¿Qué imagen tiene el público del odontólogo?1

¿Qué imagen tiene el odontólogo de sí mismo?2

¿Somos caballeros o pícaros?3

¿Cuántos pacientes agradecidos llaman a su odontólogo en su día o le envían algún obsequio?

¿Surgió la vocación de odontólogo de un deseo de ayudar al sufriente, o de qué?

¿Tiene conciencia ante el paciente de que la odontalgia es el mayor dolor que sufre el hombre que no amenaza su vida?

¿Por qué se celebra el 3 de octubre y no en el día de Santa Apolonia – como en México –  o, más lógico y universal, en el aniversario de Pierre Fauchard, Padre de la profesión?

¿Cómo se forma la imagen del odontólogo?

¿Qué hacen en nuestro país las instituciones para cuidar las RRPP y alentar la formación de una buena imagen?4

¿Por qué las instituciones profesionales consiguen patrocinadores para obras que las exaltan o enriquecen y no para elevar la decaída imagen pública del odontólogo?

¿Saben que el altruismo es lo que forma mejor imagen?

¿Saben que el egoísmo y la codicia forman la peor imagen?5

¿Cuánta introspección y cuánta honestidad en el juicio harán falta para revertir nuestra imagen y que un futuro 21 de marzo sea festejado, celebrado, honrado, bien querido Día Universal del Odontólogo?

                                   Horacio Martínez

Proponemos formalmente que el Día del Odontólogo honre la memoria del cirujano dentista Pierre Fauchard, Padre de la odontología moderna, desaparecido el 21 de marzo de 1761.

Proponemos que el día del  aniversario del fallecimiento sea el Día Universal del Odontólogo. (Del nacimiento no hay fecha cierta.)

Fauchard divulgó las bases de nuestra profesión y le dio estatus ya no de oficio transmitido en secreto a aprendices sino de vocación con profesionales educados para servir, tratar y prevenir las enfermedades de la boca. Dondequiera que se ejerce la odontología como afición, sobrevolando fronteras, idiomas y credos, su nombre es conocido y reverenciado.

Notas al Editorial

1El día 3 de octubre se celebra el Día de la Odontología Latinoamericana.

Si fuera el Día del Odontólogo sería una buena ocasión para meditar tanto o más que celebrar.

Se han hecho encuestas para averiguar qué imagen tiene el público del odontólogo y no hemos salido bien parados salvo en algunos países. Y aun en éstos, como Finlandia, donde un alto porcentaje consideró importante la visita dental, quedó claro que el proceso de formación de imagen del dentista es tan complejo que es preciso que la profesión sea educada a fondo en la trascendencia de las relaciones interpersonales (Heikki Murtomaa y Kai Masalin). En fin, que quienes ven periódicamente al dentista es porque tienen conciencia de que deben hacerlo, pero no les gusta para nada en una mayoría de los casos. Y aspiran a poder elegir libremente el profesional.

Dadme la palanca de un paciente a quien le plazca visitar a su dentista y moveré la imagen que tienen de nosotros.

 

2Un gran señor, un maestro de la odontología mundial, ejemplo afro americano de cómo debe ser un dentista de cualquier color y credo, el Dr. Clifton O. Dummett, en marzo de 1989, calificó de dentistas meritorios a un grupo de colegas que habían dedicado una buena parte de su vida a mejorar la calidad de vida de sus comunidades y de la nación entera, a estrechar las relaciones entre médicos y dentistas, a integrar la odontología en la atención hospitalaria, a especializarse, a guiar las organizaciones profesionales, a liderar progresos en la educación universitaria, a practicar la filantropía y resolver los problemas comunitarios conexos, en especial en lo referido a la salud bucal. Y aun así, creo que se quedó corto.

Por ejemplo, ¿qué puede opinar de la profesión entera un paciente que oye al dentista X hablar pestes de la profesionalidad del dentista Y? Si ése es tan malo, ¿por qué habrán de ser mejores los otros? Si uno es un obvio vendedor de implantes, ¿por qué habrían de ser más éticos los demás?

 

3Preguntémonos qué somos, si caballeros o pícaros.

Un estudio inglés mostró que para los funcionarios que analizaron encuestas pertinentes  quedaba claro que una proporción significativa de los “prestadores” estaban motivados por sus ingresos personales. Un trascendente trabajo de Julian Le Grand (1797) usó una metáfora distintiva y habló de caballeros y pícaros, aplicada la denominación según los motivos de las actitudes de los prestatarios de servicios  (knights, knaves). Según él, al término de la II Guerra, los servidores públicos eran vistos como espíritus altruistas, mientras los usuarios, pasivos, eran los destinatarios.  La cuestión cambió hacia mediados de 1980 y a los prestatarios se los vio esencialmente interesados en sí mismos, como “pícaros,” aunque no en el peor sentido de la palabra, y los usuarios pasaron a ser consumidores.

Peter Taylor-Gooby et al (J of Social Policy 2000, 29:3:375-395) aplicaron el criterio de Le Grand al comportamiento de los dentistas sobre si los tratamientos han de ser privados o no. Mediante encuestas nacionales vieron que la noción de los dentistas de sus propios intereses se centra en constituir una pequeña empresa independiente y que su formación profesional define el bien del paciente en términos de acceso a una práctica clínica autónoma con la restauración como paradigma. Los intentos del gobierno de promover la odontología preventiva generaron un conflicto.

En el J of Young Investigators, Jeremy Jacquot afirmó que los dentistas deben concentrarse en generar un fuerte sentido de confianza que atraviese todos los aspectos de las relaciones mutuas entre dentistas y pacientes.[Ver más en misceláneas]

 

4En enero de 1996, el Journal of the American Dental Association, anotaba que llevar la buena nueva de la odontología moderna al público es una de las mayores responsabilidades de la ADA. Mediante campañas publicitarias, folletos educativos, proyectos de servicio público y otras actividades hace la ADA su parte por resaltar la imagen positiva de la odontología.

 Con eso favorecen la salud bucal, no las ganancias institucionales ni las del socio.

5Véanse los comentarios que sobre la cantidad de coronas hace el destacado colega Gordon Christensen, en practiquísimas.

 

ADDENDA AD HOC

 

El periodista norteamericano Corbet Woodall (1929-1982) contó cómo le desapareció milagrosamente una odontalgia cuando descubrió otras habilidades de un dentista de Túnez, donde se encontraba. Había perdido varios dientes por fuertes Dolores, cuando se repitió la situación estando en Hammamat, Túnez. En vísperas de visitar Cartago, le atacó un intenso dolor de muelas y buscó un dentista en la calle principal. “El dolor me desapareció tan súbitamente como me había aparecido. En el frente de una casa habíamos hallado un gran letrero de neón que decía: ‘CIRUJANO DENTISTA – EXTRACCIONES Y CIRCUNCISIONES’ Casualmente, ese diente en particular lo conservo, nunca más volvió a dolerme.”

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