El dentista en desasosiego

 

El desasosiego y el descontento son los primeros requisitos del progreso. Thomas Alva Edison

El corazón, si pudiese pensar, se detendría. Fernando Pessoa

 

En este mes tan nuestro (de Santa Apolonia y de la Santa Boca, o según Jarry, de St. Geule, u hocico), el buen dentista debe vivir en desasosiego. Qué y por qué.

Según la R A E, “sosiego” es quietud, tranquilidad, y “desasosiego” es falta de sosiego: inquietud, intranquilidad. Es aflicción, angustia, ansiedad, desazón, incertidumbre, inquietud, zozobra, intranquilidad, trouble, restlessness, uneasiness, desassossego, inquietação, Unruhe, Sorge.

No es el desasosiego o inquietud (restlessness) del enfermo físico, sino del dolido del espíritu por falta de paz. No el de quien no encuentra a Dios y no halla sosiego (San Agustín:  nuestros corazones viven inquietos hasta que hallan la paz en Ti), sino el de quien padece falta de reposo en el meollo de su ser (¿alma?) y huye de la  complacencia, del afán de complacerse y complacer, meta de la hipocresía.

Vivir en desasosiego del espíritu, del pensamiento, de la existencia en desarrollo, es bueno. Vargas Llosa declaró: mi obra parte de la incertidumbre y del desasosiego. Aun con la extraña sensación de no pertenecer al mundo en el que los demás pululan y prosperan. Aunque no es virtud, basta con introvertirse y hallar ideas como las de Edison o, para depresivos y pesimistas y nihilistas, como las de Pessoa.

Es cuestión de compasión por el prójimo (pacientes, familia, mundo) y de hallar y hacer lo justo, lo correcto, sin las muletas (respetables) de una moral religiosa. El buen dentista, el buen hombre, no puede menos que vivir en desasosiego cuando lo abruma el sentimiento de que no hizo lo mejor para sus pacientes, su familia, su mundo. 

El desasosiego proviene de una humanidad que no encuentra el camino y se engaña creyendo que Don Dinero es una meta. Nace en una mente inquieta que aspira a algo más significativo, un más allá en la creación, la imaginación o los sueños.*

El descontento se alimenta de expectativas que no pueden ser satisfechas. Incrementadas por  las crecientes ofertas de los congresos y los bazares que los rodean, pero sin aumentar a la par  la capacidad económica para consumir técnicas y baratijas. Así llega la profesión y la humanidad, a un “constante desasosiego espiritual.”

¿Dónde está la odontología que perdimos “ganándonos la vida” con los mercaderes de la salud? ¿Dónde está la vida que perdimos viviendo? ¿Dónde está la sabiduría que perdimos sabiendo? ¿Dónde está el saber que perdimos informándonos? (T. S. Elliot; cita ya incluída en UO)

El desasosiego surge de una insatisfacción real con el modo en que son hoy las cosas, una superconciencia o un superego. Y de que cada uno ha de seguir esforzándose desde su lugar en el mundo (consultorio) y que se ha de persistir aun frente a los inmunes al desasosiego creador, como es el caso de tantos dirigentes, políticos, religiosos, jefes y subordinados, ricos y pobres.

 

Horacio  Martínez

*Me suenan mis sueños (que quizá muy pocos lean) a estas palabras de Fernando Pessoa:

Pienso a veces, con un deleite triste, que si un día, en un futuro al que ya no perteneceré, estas frases que escribo perdurasen reconocidas, habré encontrado por fin a la gente que me “comprenda”, a los míos, a la familia verdadera en cuyo seno nacer y ser amado.

Y aun así, no puedo callar, porque:

…la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy involucrado en la Humanidad. Y, por lo tanto, nunca envíes a preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti. John Donne

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