En busca de la creatividad perdida

 

Al gran bonete se le ha perdido la creatividad y dice que  alguien la tiene. Odontología, seguro que no. En el mundo de las ciencias, la creatividad la tienen los genios. En el ámbito de los negocios la poseen los innovadores y renovadores. En el olimpo de las artes, la gozan los inspirados por las musas. O sea, creatividad, la tiene el arco iris entero, en las organizaciones odontológicas, ¿nadie la tiene?

Podría ser un error de juicio. Quizá. Investiguemos. ¿Alguien vio imaginación, intuición, sensibilidad, un cachito de curiosidad, una enriquecedora falta de respeto a las convenciones y prejuicios? Quizá están… muy bien ocultas tras la cortina de almidón. Quizá.

¿Y por qué no?

No les faltan méritos a los grandes bonetes. Saben su especialidad, sin duda, tienen sus clínicas y sus empleados colegas, entienden muchísimo de camándulas y trenzas, en fin, de todo, ¿y la creatividad? Se les ha perdido la capacidad mental de generar algo nuevo, diferente de lo conocido y apropiado para cuidar –según mandan los Estatutos – del bienestar de los colegas y de la salud bucal de la población. Los  grandes bonetes de otrora la tuvieron.

Éstos hasta se engullen que el patrocinador estrella mienta descaradamente en sus avisos.

Si no hay dinero para pagar campañas de concientización, debieran apelar a la perdida creatividad, traducida en resolver el problema de una forma original. Desconocen la inspiración, la imaginación, la iluminación, el inesperado descubrimiento surgido del conocimiento exhaustivo de un tema y, por sobre todo, ignoran la libertad para pensar sin estereotipos.

Salvo los cuadrados y elemmentales, quizás haya entre los grandes bonetes quienes posean inteligencia general; pero les falta lo fundamental, que es tener una pasión obsesiva por un tema, pensarlo por fuera de lo resabido.

El primero que pensó en un corte de calles o de rutas tuvo creatividad; después de un tiempo, se gastó la originalidad primigenia. Cortar una calle (Junín, por ejemplo) ya no tendría mérito ni repercusiones. Una loca propuesta innovadora sería que el corte se hiciera sembrando la calzada con todos los dientes extraídos y donados a la institución. Promoverían la conservación de las dentaduras en vez de la proliferación de los implantes, tan rendidores ellos.

Para ser un creativo hay que percibir la realidad de modo diferente del resto de las personas, se deben asociar ideas y recuerdos incongruentes, es fuerza rebelarse ante las normas – en vez de regodearse en la tradición – y abrirse a las soluciones innovadoras contra lo aparentemente insoluble: se requiere creatividad, que no nace “googleando.”

Hay quienes poseen lo que Anne Dietrich llamó creatividad deliberada, la que se pone en marcha activando pajaritos de memoria grabados en el cerebro y manejados por la conciencia racional. Se sitúa dentro de lo cognitivo, se concibe como una forma de pensamiento o procesamiento de la información. Posee características de tipo intelectual.

Otros muchos hay que carecen de lo que Dietrich denominó creatividad  espontánea, fruto no solo de ideas conscientes sino también de emociones no conscientes; es la que activa circuitos de la corteza prefrontal ligados al sistema (límbico) de centros cerebrales más primitivos, los vinculados a los sentimientos. La personalidad creadora conlleva apartarse de lo convencional y disponer de tenacidad, curiosidad casi compulsiva y carácter lúdico, entre otras cualidades.

La creatividad tiene dos sentidos: ya un proceso que lleva a la materialización de pensamiento originales; ya el pájaro azul capaz de producir muchas ideas (fluidez) cambiarlas cuando no funcionan (flexibilidad) y organizarlas, elaborarlas y enriquecerlas (elaboración).

En fin, resumiendo definiciones, "creatividad es el proceso de ser sensible a los problemas, a las deficiencias, a las lagunas del conocimiento, a los elementos pasados por alto, a las faltas de armonía, etc.; de reunir una información valida; de definir las dificultades e identificar el elemento no válido; de buscar soluciones; de hacer suposiciones o formular hipótesis sobre las deficiencias; de examinar y comprobar dichas hipótesis y modificarlas si es preciso, perfeccionándolas y finalmente comunicar los resultados" (Torrance, E.P., 1976).

Muchos en la Asociación Argentina de Odontología provienen de grandes próceres de la profesión, de modo que disponen de la base genética para con buena voluntad (imprescindible) ajustarse a la definición de Torrance y buscar las soluciones alternativas o el pensamiento divergente. Basta poner flexibilidad, capacidad para cambiar pautas de pensamiento, generalmente evitando caminos y procedimientos rutinarios.

Está bien enorgullecerse de esos antepasados; estaría mejor hacer algo que demuestre la herencia. Y si no se tiene el ineluctable estado mental de apertura y entusiasmo, ni la imaginación, con todos los sentidos puestos en la finalidad de generar ideas, imágenes y soluciones poco convencionales, entonces, señores, se compra eso de que se carece, o se pide prestado; por ejemplo, ¿por qué no ponen un buzón de “sugerencias” para que los socios creativos aporten? Una página en Internet no tiene igual llegada, pero se podría poner en la existente un buzón de sugerencias anónimas.

Bendito el Gran Benefactor que introduzca en el buzón una, ¡por lo menos una!,  idea creativa del color que sea.

                                                  

             Dr. Horacio Martínez

 

 

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