agosto 2003

   

   Consentimiento informado

 

Antes de dar el sí hay que pensarlo dos veces, para casarse, para un tratamiento odontológico. La ventaja con la odontología es que el profesional da toda la información necesaria. ¿Quién podrá ayudarnos con la información del matrimonio para dar un sí inteligente... si lo hay? Pero ésta es otra historia y todavía no empezamos la del C.I, ¡impacientes! (Los colegas, no los pacientes.)

En muchas partes del mundo, el dentista informa al pacientes de pros y contras de una forma de tratamiento para su problema bucal y de las alternativas que se le ocurran; el paciente decide qué prefiere y el dentista le hace firmar un formulario de consentimiento informado de los muchos que se pueden recoger en Internet. Sencillo, ¿verdad? Para ellos. No para los argentinos.

No es fácil hacerse firmar el papelucho, uno casi ni se atreve, el otro casi ni quiere. ¿Por qué? Porque no hay conciencia, quizá. Porque somos reacios a firmar lo que sea, por escaldados. Porque las instituciones odontológicas, desde la facultad hasta la CORA no lo promueven. Digo yo, ¿alguna de las F de O argentinas hace firmar el consentimiento informado a sus pacientes? ¿Y los dirigentes de CORA, FOCIBA, AOA, CAO, etc?

¿No sería oportuno que los llamados Departamentos de Odontología Social promovieran el hábito? Adolecen de elemmentiasidad, mezcla de elemental (Watson), de ociosidad, y de elefantiasis inmovilizante. Ergo, no se mueven, no educan, obstruyen el paso de los que querrían avanzar y hacer. Pero ésta es otra historia, que no se escribirá, porque no tienen remedio.

¿Es que no habrá quién pueda ayudarnos? Si la facultad no nos educa, si las organizaciones están paralíticas, si el Estado no lo exige, ¿quién podrá ayudarnos? ¡Como no sea el Chapulín Colorado!

 

 

                           Dr. Horacio Martínez

 

 

 

Editorial de editoriales

 

Marjorie Jeffcoat es mi ideal de mujer, de mujer colega, directora de revista odontológica. Es periodoncista, es investigadora, es decana, es directora del JADA. ¡Y tiene tiempo para escribir editoriales! ¡Y la ADA no la obstruye!

No conozco el currículo de cada director de revista odontológica del mundo. Pero la gran cantidad de revistas que revisto mensualmente tienen TODAS un editorial escrito por su director y FIRMADO.

Conozco las cualidades y defectos de los argentinos y sé que tenemos bastante de ambos, virtudes y vicios, y que no somos intelectualmente inferiores (ni me creo superior). Sin embargo, las revistas argentinas, sobre que no cumplen con la debida frecuencia de comunicación, encima no tienen NADA que decir, no hay editoriales. Porque no se puede llamar editorial a la propaganda para el próximo congreso, el reclamo del pago de cuotas, el ruego de que no se borren los socios.

¿Faltan temas? Temas gremiales, no creo que falten, pero los dirigentes de la AOA y demás organizaciones profesionales deben de considerar que todo marcha muy bien, que estamos todos felices, y entonces... nada gremial.

Temas científicos, estoy seguro de que no faltan. Es un problema estar al día con los continuos y vertiginosos progresos de la profesión. Los directores y los dirigentes parecen desconocerlos. O no están al día o no les interesa o son incapaces de opinar. O es mejor reservarse para dar cursos, que promueven la propia imagen.

Señor Presidente (accidental) de la Asociación Odontológica Argentina, entiendo que se dedica usted a la periodoncia, ¿no tiene nada que comentar de los últimos avances? Señora Directora, ¿y usted? Y el resto de los dirigentes tradicionales, ¿qué? Observaron todos ustedes que solamente se publican artículos para especialistas y que hace largos años que no se publica una sola revisión de algún aspecto de alguna especialidad. ¿Queda sólo para cursos? Pagos, claro, y en la institución o en la Expo o donde venga.

Confío en una renovación, en un cambio, confío en la próxima presidencia, porque si no....

¿Es que no habrá quién pueda ayudarnos? Si la facultad no nos educa, si las organizaciones están paralíticas, si el Estado no lo exige, ¿quién podrá ayudarnos? ¡Como no sea el Chapulín Colorado!

                         

            Dr. Horacio Martínez

                   

 

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