Charlatanes hubo siempre

 

Colón y colonizadores sucesivos fueron la punta de lanza  de la charlatanería de los espejitos de colores y  otras naderías, a cambio de oro y plata y alimentos y... La labia engañosa no paró más. No conoció descanso. Y los dentistas no podíamos ser menos.

Un lugar donde se instaló la facundia odontológica fue en el viejo Puente Nuevo (ver HISTÓRICAS) y ahí comenzamos a vender ilusiones y un buen día usamos espejitos que ya no fueron de colores, pero espejo bucal en mano ¡cuántos tranvías se habrán vendido desde entonces! ¡Cuántas veces habrán ofertado según la propia  conveniencia, no la del paciente! Ni hablar de quienes prometen oro y moro, o cerámica, y entregan cromo o acrílico. O los que olvidan la ética entre profesionales y denigran la tarea de los colegas a cambio del money, money, money de un nuevo paciente.

¡Charlatanes!

¡Vergüenza de la profesión! No, degradación de la condición humana [ver LIBRO DEL MES]. Charlatanes hay en todas las profesiones, aun egresados de la universidad. Y hasta muchos se hacen llamar doctores sin el título. Charlatanes y mercachifles que venden espejismos y entregan necrosis pulpares, apartan la mirada ante las evidentes “piorreas” o colocan implantes a troche y moche, a destajo y desatinadamente más de una vez, o miden halitosis con “lentejuelas” superfluas.

¿Y quién se creyó este editorialista que es? ¿Jesús echando a los mercaderes del templo? ¿A quién le ganó este cagatintas que se las da de impoluto?

Es verdad, lector amigo o enemigo, ni soy Jesús ni pretendo ser intachable, pero bien puedo ver la viga en el ojo ajeno aunque tenga una pajita en el propio. Y bien puedo fustigar costumbres y pecados sin por ello creerme un armiño. Y esperar que se haga prevención no sólo terciaria en el consultorio y que se le dedique el tiempo merecido y que se cobre, ¿por qué no? [Ver ESENCIAS, Prevención] ¿Por qué no puedo soñar con un mundo mejor, donde cada cual sea responsable ante sí mismo, ante la mirada de los hijos, ante el futuro que se lo podrá reprochar, tal como hoy él se ríe – como si fuera superior – de los charlatanes del Puente Nuevo.

                                                                           

                                                  

             Dr. Horacio Martínez

 

 

                                               volver al indice                         

                                            VOLVER