La ciencia, ¿construye o descubre?

 

¿Cómo marcharía su consultorio, colega, si se cuestionara  cada paso, sabedor de que en otros tiempos y otras sociedades las técnicas eran muy distintas. ¿Se imagina, colega, cuestionándose si debe llenar una cavidad con laminitas de plomo –  a lo Fauchard – o composite? La salud bucal se beneficia con aportes concretos de la ciencia odontológica, que no son una mera construcción social, que son hechos, susceptibles de ser confirmados o superados. Sin embargo, nos arrojan que los resultados de la ciencia no dependen de su correspondencia con la realidad, sino del contexto social – es una suposición que suena como absurda, ¿no? No obstante, cuenta con respaldo de cerebros sociológicos, filosóficos y hasta odontológicos. En tal caso, ¿la verdad es relativa, dependiente de algo que no sea la realidad observable y mensurable?

[Si es usted curioso, colega, siga leyendo sobre su ciencia; si no, más adelante hay abundante práctica]

El objetivo principal de la ciencia es la aproximación progresiva a la verdad, la que coincide con la realidad, la del hombre común, la del filósofo realista. Etimológicamente, “ciencia” deriva del latín scientia, del verbo scire, que significa "saber". ¿Saber qué? Saber la verdad, obviamente, la verdad de hoy, la comprobable por otros como uno, no la fabricada por la circunstancia social.

Como que ciencia es el conjunto de conocimientos susceptibles de comprobarse, sistematizados, realizables y dirigidos a objetos de una misma naturaleza, ciertos o probables, siendo la magnitud del error aceptable algo convencional para que una descripción sea considerada científica, o no. Cuando no hay margen de error, se dice que se llegó a la verdad.

Esta postura científica se basa en que el mundo exterior es real, que existe en forma independiente de que lo contemplemos o no. El idealismo, que sustenta lo contrario, es una teoría filosófica curiosa, pero inútil a los fines del saber y hacer. Mario Bunge (con sus 88 acaba de visitar la Feria del Libro) escribió: El realismo es pues necesario para la supervivencia animal, así como para entender y alterar el mundo de una manera racional. Si alguna vez hubo animales subjetivistas, murieron jóvenes por estar expuestos a un mundo que negaron, o bien fueron designados profesores.

Hay, empero, quienes sostienen que la ciencia surge de las ideas que prevalecen en la sociedad, y no de los científicos. Así, los filósofos influirían sobre la sociedad, e indirectamente sobre la ciencia. Esto justificaría aquello de que “la ciencia es una construcción social”. La historia muestra que, al revés, la física newtoniana influyó en el pensamiento de los filósofos (como Kant y Voltaire), que en su mayoría la adoptaron.

 Es sencillamente una falacia lógica pasar de la observación de que la ciencia es un proceso social a la conclusión de que el producto final, nuestras teorías científicas, es lo que es a causa de las fuerzas sociales e históricas que actúan sobre este proceso. (Steven Weinberg, Premio Nobel de Física)

Si no se acepta la posibilidad de una verdad objetiva, independiente, se está negando la propia existencia de la ciencia. Mario Bunge escribió: Si una opinión sólo vale para los miembros de algún grupo social, entonces es ideológica o estética, no científica. Aun cuando una idea se origine en un grupo especial, debe ser universalizable para que se la considere científica. Y en su reciente visita declaró: Creo que los intelectuales deberían escribir y hablar no sólo para sus colegas, sino también para el gran público, siempre que tengan algo que decir y sepan decirlo claramente y con amenidad. Desgraciadamente, la universidad no aprecia ni favorece la divulgación. [Esto tiene que ver con lo dicho en Universo Odontológico en el Editorial de mayo (redactado antes de la Feria)  sobre quienes escriben odontología “en difícil.”]

Se puede discutir si el conocimiento científico marca “hechos objetivos absolutamente ciertos,” pero no la concordancia de las observaciones de unos científicos con lo verificado por otros.” La ciencia no puede construir cosas como los dinosaurios; pero puede descubrirlas. Aunque no sea posible afirmar que nuestro modelo de la naturaleza realmente es lo que está pasando, la ciencia hizo posible que creyéramos que existieron los dinosaurios, no fue la filosofía.

Aun quienes relativizan el valor de la ciencia tendrían que estar dispuestos, si son fieles relativistas, a aplicar el concepto a sus propios pensamientos. Como consecuencia, ¿por qué nos recomendarían algo que desde su perspectiva deben considerar relativo?

El pensamiento racional es un hecho constitutivamente social. No es necesario llenar sus brechas introduciendo lo social. Una determinada información podría estar justificada en algunas circunstancias sociales y no en otras; sin que ello signifique que no sea válido en cualquier sociedad el concepto actual de etiopatogenia de las caries.

Lo cierto es que la ciencia aporta esta suerte de conocimiento en el que todos tienen razones para creer, dinosaurios incluidos, al margen de cualquier compromiso político o social. Los construccionistas sociales saben que no se podría dar valor a esta concepción si no se concediera importancia a la ciencia por fuera del aspecto cultural.

… no tiene sentido  la idea de que algunas concepciones o creencias son realmente racionales a diferencia de ser meramente aceptadas localmente como tales … No podemos coherentemente pensar en nosotros mismos como creyendo o afirmando algo, si todas las razones para creer o afirmar estuvieran inexorablemente atadas a una perspectiva de fondo variable… (Barry Barnes y David Bloor, 1981).

¿Qué sentido tiene invertir enormes fondos en ciencias básicas, sin aplicación práctica posible, si no aceptamos que aportan un conocimiento que todos podemos reconocer como un conocimiento real de la estructura de una realidad con existencia independiente? ¿Qué sentido hubiera tenido investigar la conformación ultramicroscópica de esmalte y dentina, que condujo a la adhesión?

En resumen, el constructivismo social no puede eludir basarse sobre razonamientos científicos sólidos y no es más que otra manifestación de antiguos intentos de relativizar la noción de lo racional. Su miedo al saber, con sus abusos, se contrapone con la noción intuitiva de que en alguna manera las cosas son independientes de las opiniones humanas y de que los científicos son capaces de llegar a conocer las cosas objetivamente. Para construir una casa de ladrillos, debo tener todos los ladrillos. Un hecho científico se descubre, primero, y después se construye con él, o no.

 

Dr. Horacio Martínez                 Dr. Emilio Bruzzo

 

N de la R: Cada tanto, nos place colocar alguna cita en idioma foráneo, como si lo entendiéramos, porque luce como la granputa, ¿no? Va una que quizá venga al caso.

À la longue on comprend la préférence des talents agréables sur les talents utiles (J-J Rousseau, DSA, 27)

 

 

 


 

La hora culta: CAMBALACHE

 

Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé . . . / En el quiniento seis /      y en el dos mil también./ Que siempre ha habido chorros,/      maquiavelos y estafaos,/      contentos y amargaos, /      varones y dublé.

Pero que el siglo veinte/ es un despliegue de maldad insolente

ya no hay quien lo niegue.Vivimos revolcaos en un merengue

y en el mismo lodo / todos manoseaos . . .

Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor . . .

     ignorante, sabio, chorro, generoso o estafador.

Todo es igual. Nada es mejor.

Lo mismo un burro que un gran profesor. / No hay aplazaos ni escalafón, / los inmorales nos han igualao. / Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, / da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón.

Qué falta de respeto./ qué atropello a la razón. / Cualquiera es un señor. / Cualquiera es un ladrón. / Mezclao con Stravinsky va Don Bosco y La Mignon, /      Don Chicho y Napoleón, /      Carnera y San Martín.

Igual que en la vidriera /        irrespetuosa de los cambalaches

       se ha mezclao la vida / y herida por un sable sin remache /        ves llorar la Biblia contra un calefón.

Siglo veinte cambalache / problemático y febril. / El que no llora no mama / y el que no afana es un gil. / Dale nomás! Dale que va! / Qué allá en el horno nos vamo a encontrar./ No pienses más, / sentate a un lao. / Que a nadie importa si naciste honrao.

Es lo mismo el que labura noche y día como un buey

que el que vive de los otros, /      que el que mata, /      que el que cura, /      o está fuera de la ley.

 

Enrique Santos Discépolo

 

 

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