abril 2012

    Vivir con humor

                  File:Heath Robinson WWI.png

              Un alto en la guerra para que

             los generales contrarios tomen té

Como seres humanos, tenemos que vivir la vida seriamente, pero necesitamos tener sentido del humor. El humor es la luz que te alumbra, necesitas la luz para ver la parte oscura. … Necesitamos el humor para estar vivos. Algunas veces nos reímos cuando reconocemos la verdad.

Peter Carey

 

“Vivir” y “humor” cohabitan el título de este artículo editorial, en lo que debe ser una convivencia humorosa y amorosa, que es mejor hacer el humor y el amor que hacer la guerra cotidiana de la sabihondura y seriedad “científicas.”

 

Ser legible para ser leído y recordado

 

Un toque de humor que ayude a avivar la memoria puede lograrse hasta en tratados seriotes, como en un Manual de anticoncepción donde al frente de un capítulo aparece esta frase: “Prevenir es mejor que curetear.” Con la  nostalgia que acompaña a los años, Sol Bender, obstetra y ginecólogo, señala lo raro que es hallar ahora un libro médico que evoque una imagen mental del autor. Escribe  (British Medical Journal, 1979, 1, 1477-1478), al comentar un texto, que el autor “si quiere ser leído debe ser legible.”

Hay un par de frases de Shakespeare (se escribe así y se pronuncia “Schopenhauer”) que se me grabaron y marcaron con fuego (no en el anca) la interinidad de nuestras vidas y su falta de significación. Pregunta: ¿habrá algún modo de perdurar en la memoria y el tiempo cuando se acabe el lapso que se nos dio? A eso aspira el hombre de ciencia (odontología o medicina), pero no superará el instante en que un par suyo beba tan ínfima sabiduría dicha con tanta cogotuda jerga y sin el suspiro de una sonrisa. (Los grandes, como Alexander Fleming, no gastaron tantas palabras ni hubo que voltear árboles para el papel requerido por los médicos cotorreos cotidianos.).

Yo quisiera para mí y para el autor que me está leyendo que quede de nosotros algo más que la fugaz imagen de un investigador lleno de palabras y de furia terminológica que en un mañana muy próximo ya no significarán nada.

Ni la imagen quedará del presuntuoso matarratas o mataperros de hoy.

Bender afirma que no olvidará autores que no conoció, que vivieron con humor, escribieron con amor y humor y dieron algo más, no se quedaron en lo árido, y cita el Munro Kerr-Chassar Moir Operative Obstetrics; Practical Obstetric Problems, de Ian Donald y Principles of Gynaecology, de T N A Jeffcoate.

Lo que trae a cuento unas palabras del sacerdote inglés de El abogado del diablo, de Morris West, cuando es informado de que tiene cáncer y se lamenta de su vida estéril: No había engendrado un hijo ni plantado un árbol, ni puesto una piedra sobre otra para una casa o monumento. No había sentido ira, ni dispensado caridad. Su obra enmohecería anónimamente en los archivos del Vaticano.

Como la del investigador odontológico sin humor ni amor, que se cubrirá de polvo en los archivos virtuales de PubMed.

 

Con humor

 

¿No le agradaría más, colega microscópico o entubado, que lo recuerden como generador de una sonrisa en su texto o en su informe, como le pasó a Bender con The Gist of Obstetrics, del canadiense H B Atlee. El capítulo "Fisiología del embarazo," comienza así: De los millones de espermatozoides depositados en el fórnix posterior vaginal durante ese particular ejercicio de cama ... uno por lo menos ... es aceptado por ese preciso óvulo y se hunde en él, dejando nada más que su cola afuera, como el buen musulmán deja sus zapatos en la puerta de la sagrada mezquita. Y en favor de la episiotomía: ¿Pero no es mejor una cicatriz bajo la enagua que un cerebro retardado en el campamento? ¿No tenemos ya bastantes cerebros retardados en los campamentos?

La prosa de las ciencias médicas está alcanzando un grado de turgencia que podría tener mejor destino que el dado por el “prestador al consumidor de atención de la salud,” tan lejos de la relación profesional-paciente. Bender da un buen ejemplo de cómo se pueden decir las cosas con humor, sin perder la seriedad del consejo magistral: Las intervenciones obstétricas han de realizarse con dos vejigas vaciadas.

 

La medida justa

 

Yo soy un escribidor charlatán. Me tomo tiempo para no extenderme. Sin suerte. Tengo tanto que decir. En fin, quienes me aguantan hasta el final pueden por lo menos soltar un suspiro de alivio… ¡Por fin!

Usted, amigo investigador, que sabe vivir con humor, té y simpatía, ¿por qué no prueba a poner algunas gotas de ese elixir de amor en sus artículos científicos. Y no ponga ni una palabra de más, plis.

En la literatura, cada autor pone sus límites. Nadie puede decir que En busca del tiempo perdido sea demasiado extenso, ni lamentar la brevedad de Memoria de mis putas tristes. Son como son. Pero el autor científico no debiera agotarnos desde el vamos con títulos innecesariamente interminables. Oral Research Abstracts ponía en pocas palabras la esencia de los  trabajos. Ahí debieran abrevar los prolíficos investigadores y disertadores que reinventan la pólvora.

Claridad, orden y concisión, ¿y un toquecito de humor?, teniendo presente lo superfluo que es poner letrero de “pescadería” en la puerta de un oloroso despacho de pescados. Una síntesis admirable la del médico que escribió: “muchacha de 29 años > repetidas caídas de la bicicleta > esclerosis múltiple.” ¿Cuál es la diferencia entre “una lesión de caries” y “una caries”? ¿Y entre “caries de la cara vestibular” y “caries vestibular”? ¿O entre “pieza dentaria” y “diente”?

Nosotros y la patria se lo agradeceremos con una sonrisa y lo  atesoraremos en nuestra memoria.   QELQQD

                                                                                                                                                                                                                                                                            Dr. Horacio Martínez

 

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