abril 2011

Pagar las consecuencias

 

Me pregunto (¿se pregunta?), si somos premiados y castigados alguna vez por las consecuencias de nuestros actos. De los “malos,” de los “buenos.”

Cuando indica un implante innecesario, ¿será castigado? o cuando atiende sin cargo a una persona necesitada, ¿será premiado?

Usted y yo estamos autorizados a usar nuestro potencial según nos plazca, para la preservación de la propia vida, y para cualquier cosa que consideremos como la más adecuada para alcanzar ese fin (mentir, beneficiar, p ej), según una ley de Thomas Hobbes que declara el derecho natural a la libertad de hacerlo. Según Hobbes, procuramos acercarnos a lo que deseamos y alejarnos de lo que repudiamos o nos amenaza (placer y displacer, diría Freud). El hombre actúa según su experiencia, y, en función de  dentista, según la evidencia. O así debería ser. Pero es sabido que abundan quienes no aprenden ni a palos de fracasos, ni con los datos científicos que contradicen su conveniencia. (Colocar implantes en personas que no estuvieron ni estarán dispuestas a realizar una minuciosa higiene dentaria.)

La razón se caracteriza, según el mismo filósofo, por el “cálculo de las consecuencias.” ¿Será castigado? ¿Será premiado? ¿Elegirá actuar según la razón o por un principio de “placer y displacer”? Póngale un adicto: no ignora él las secuelas de su vicio, sólo atiende su deseo. El avaricioso, el angurriento, el borracho, el mercader de la salud (OS, prepaga) desprecian las consecuencias respecto de los demás, y las que podrían caerles encima ni las ven. La Bruyère escribió: ¡Qué desavenencia entre la mente y el corazón! ¡Vive mal el filósofo en pugna con sus principios! (ver digresiones)

Está claro que el problema surge de que somos seres sociales y de que la razón debe interferir en los deseos. Pienso en Berlusconi, pienso en el mercader de la salud, pienso en el empresario agricultor que niega monedas al peón golondrina. Cuando los intereses difieren, como casi siempre, cada ser humano entra en una continua guerra con los demás. Desde tiempos lejanos, como ya lo hemos recordado con oportunas frases latinas en Universo: “guerra de todos contra todos” y “el hombre es un lobo para el hombre.”

En verdad, como escribió Hobbes, Un hombre debe estar deseoso, cuando otros lo están también, en pro de  la paz y la salud  personal – y hasta donde le parezca necesario - de no hacer uso de su derecho a todo, y de contentarse con tanta libertad en su relación con los otros hombres, como la que él permitiría a los otros en su trato con él.

Thomas Hobbes, filósofo inglés que sembró las ideas de libertad e igualdad en los contemporáneos de Fauchard y el nacimiento de la divulgación de las evidencias de la ciencia (la de su época).

Me pregunto (¿se pregunta?), si somos premiados y castigados alguna vez por las consecuencias de nuestros actos. De los “malos,” de los “buenos.”

Si tiene fe religiosa auténtica (no la del que se confiesa sin arrepentimiento sincero) o si pretende vivir una existencia auténtica, no engaña a nadie, ni al Dios omnisapiente ni a la conciencia que lo definirá al fin de su vida y le dirá “Fulano, fuste un sinvergüenza.”

El hombre debe contentarse con tanta libertad en su relación con los otros hombres, como la que él permitiría a los otros en su trato con él. Si así lo hiciera, no necesitaría  preguntarse si le tocarán premios o castigos – eternos o terrenales – por  las consecuencias de sus actos. De los “malos,” de los “buenos.”

                                           Dr. Horacio Martínez

 

 

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