Año nuevo, propósitos ¿nuevos?

 

“No se ha de pensar que alguien por tener canas y arrugas, ha vivido mucho; no vivió mucho, duró mucho”1 Ni horas de torno hacen un odontólogo como la conciencia manda, el que nos propusimos ser años atrás.

Nos ocupamos de lograrlo, tomamos cursos, hicimos postgrados, ¿lo logramos? “El hombre ocupado de nada se ocupa menos que de vivir; ninguna ciencia es tan difícil como la de la vida, y, lo que aun es más de admirar, toda la vida se ha de aprender a morir.”2 ¿Aprendimos? ¿No estaremos haciendo nuevos propósitos viejos para el Año Nuevo?

Quizá hayamos logrado fortuna (¡otros tiempos!), quizá hasta cierto renombre, o, quizá, aquello de “hacerse viejo sin hacerse mejor”, no habiendo tenido, entre todos, “ni un solo pensamiento original”3 Evaluemos la etapa pasada y veamos si nuestro propósito consiste en seguir tal cual o en cambiar para la etapa final. El cambio es posible hasta la pitada final de este partido. Ahí se dirá “fue tal cosa”, “fue tal otra”. Con el fin de nuestra existencia habremos alcanzado nuestra esencia definitiva.

“Nadie sino quien todo lo hizo bajo su propia censura, que nunca se engaña, se vuelve gustosamente a mirar el pasado”4 Diga cada uno, auténticamente, si mira con gusto su manejo con los pacientes, con los colegas, con la familia, con los amigos. Diga si empleó bien su vida. Parte del encabezamiento de mi tesis de doctorado decía: “Bastante larga es la vida que se nos da y en ella se pueden llevar a cabo grandes cosas, si toda ella se emplea bien.”5

¿Hemos llevado a cabo grandes cosas? Entiendo por “grandes cosas” los propósitos esenciales que nos hicimos, como hombres, como profesionales de la salud, como jefes de familia, como miembros de la sociedad. Todo esto, claro, con la decisión de vivir realmente, sin que la esperanza del futuro se convirtiera en “el mayor impedimento de la vida, que es, por estar pendiente del mañana, perderse el hoy.”6 Un “hoy” que no esté amasado por envidias, abuso de los débiles, sometimiento a los poderosos, esclavitud ante los mercaderes de la salud, codicia con los pacientes, olvido de la ética, debilidad ante las tentaciones, egoísmo ante la sociedad, uso de los colegas en las instituciones.

Un propósito nuevo, válido para la inmensa mayoría de los hombres, sería que no malgastemos más nuestro tiempo de vivir, que asecha el tiempo de morir (incluidos los más jóvenes); no desaprovechemos el tiempo de sembrar que nos queda, porque (incluidos los más jóvenes) no sabemos si no estamos próximos al tiempo de recoger lo sembrado. “Te digo que cuentes y repases los días de tu vida […] verás cuán pocos han sido, y como de desecho, los que han quedado para ti, sino que auténticamente los hayamos vivido todos con plenitud y en la mejor salud de conciencia.”7

Brindemos, internéticamente, con una copa plena de sueños, una copa burbujeante de esperanzas por las que nos hagamos el propósito de luchar. Y a todos, sin excepciones en estos días de perdón, digo:

Quiera el camino elevarse hacia ti,

quiera el viento mantenerse a tus espaldas,

quiera el sol brillar cálido en tu rostro,

quieran las lluvias caer suaves en tus campos

y, hasta que volvamos a encontrarnos,

quiera Dios tenerte en la palma de Su mano.

 

                           Dr. Horacio Martínez

              y, en solidaridad, Dr. Emilio Bruzzo

 

Ref.: 1, 2, 4, 5, 6, 7: Lucio Aenneo Séneca; 3: John Le Carré.

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