Somos muy poco comunes

 

Desde que Copérnico desplazó a la Tierra del centro del UNIVERSO (el más grande, no el odontológico)), la tendencia general fue de suponer que nuestro lugar en el cosmos no tiene nada de especial y que el hombre, ombligo de ese mundo, sería menos aun que la pelusa de ese ónfalo.

 

Pero la onda astronómica ahora, después de haber andado curioseando, por interpósito dispositivo, la constitución universal haría pensar que los demás planetas del cosmos no se habrían formado por la misma clase de proceso del ocurrido en nuestro sistema y que quizá no haya compañeros espaciales de nuestro vituperado planeta. Dijo la prestigiosa y recomendable revista Nature: “Los planetas de nuestro sistema solar fueron reunidos a partir de pequeños trozos; nubes de gas y polvo que rodeaban al recién formado sol se aglomeraron en guijarros, que entrechocaron y se adhirieron hasta formar conglomerados rocosos, mini-planetas, llamados planetésimos. Otros, en cambio, se habrán constituido por condensación directa de los gases y condensado por gravedad, lo que no daría planetas como el nuestro. En fin, que quizá tendríamos que empezar a comprender lo inusitados que realmente somos.

Y quizá, con este pesado privilegio sobre nuestros hombros, el hombre tendría que empezar a aceptar la responsabilidad de tal condición de rarísima casualidad y de ser único rodeado de millones de años luz.

(Y ni me va ni me viene que en estos días haya sido anunciado el descubrimiento de dos planetas de otras galaxias, quizá similares al nuestro, pero tan distantes que no cambia nada el fondo de la cuestión.)

        Horacio Martínez

 

(No hay duda: somos únicos, pero por otros motivos. Emilio Bruzzo)

 

 

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