Sexo y dientes

 

Una de las historias del Decamerón, de Giovanni Boccaccio, cuenta que a Lidia, mujer casada, el amante le exigió una prueba de amor: ¡un diente del marido¡  Nicostrato tenía a su servicio dos muchachitos [que lo atendían durante las comidas]. La señora Lidia les dio a entender que le olía mal la boca, y les aconsejó que, cuando sirvieran a Nicostrato, echaran hacia atrás cuanto pudiesen la cabeza para evitar tan desagradable olor, advirtiéndoles que nada dijeran de esto a nadie. Los dos muchachitos lo creyeron e hicieron lo que la dama les había indicado. Y cierto día Lidia preguntó a su marido:

- ¿Te has dado cuenta de lo que hacen estos dos jovencitos cuando te sirven?

- Sí - respondió Nicostrato-, y hasta he querido preguntarles por qué lo hacen.

- No lo hagas - repuso la señora -, porque te lo puedo decir yo. Si lo he callado ha sido para no incomodarte; pero ya que reparo que otros comienzan a darse cuenta, no debo ocultártelo más. Lo que te sucede es que tu boca huele mal, y no sé cuál pueda ser la causa, pues esto no te ocurría antes.

[Lo llevó a la luz, le hizo abrir la boca y declaró que había una muela muy deteriorada.]

- Tienes una muela de este lado que no solamente está cariada, sino casi deshecha. Seguramente, si la conservaras mucho tiempo en la boca, estropearía las que están a sus lados; por lo tanto, te aconsejo que la saques antes de que sea tarde.

[Y se ofrece ella para realizar la extracción, y le arranca una muela sana.]

Ocultóla inmediatamente y mostró otra cariada que tenía oculta, mientras decía a su gimiente marido:

- ¡Mira lo que tanto tiempo has tenido en la boca!

[...] Lidia mandó enseguida la muela a su amado, que, seguro ya de su amor, ofrecióse dispuesto a complacerla en todo.

Para antecedentes, remito al lector a igual título en la sección Históricas.

        

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