Dientes y sexo

en la literatura

...sus labios [de Jeanne, desnuda] se abrían sobre sus dientes admirables que hablaban de la eternidad de la belleza humana; sus dientes tan puros, tan fuertes, que durarían mucho tiempo en la tumba, mucho más tiempo que la carne de sus senos. Rochelle, Pierre Drieu de la: Diario de un exquisito.

 

 Su sonrisa matutina era deliciosa; tenía la boca de un ángel de Michelangelo y dientes tan sanos, blancos, fuertes y bien formados. Le parecía a Edward, secretamente, que era lo más sexy en él. Spark, Muriel: The only problem

 

Los griegos, Aristófanes y otros más serios, no tenían problemas en nombrar las cosas por su nombre, o aun de mostrarlas en directo. No necesitaba Sócrates salir del closet para mencionar su relación con Alcibíades, ni Alejandro Magno la suya con mujeres y donceles.

En la Era de la Oscuridad, en tiempos de Abelardo y Eloísa, también se nombraba lo innombrable (como mostraré en la Parte II). Escribía Diderot, siglos después, que lo dejaran nombrar el sexo y el acto sexual por su nombre, que ésas no eran malas palabras, sino “guerra,” “hambre”, “miseria.”

Todo lo cual viene a cuento en este sitio odontológico, sencillamente porque los dientes sirvieron de excusa para encuentros amorosos o fueron adoptados a modo de símbolos o indirectas, como en tiempos de Cervantes y de Shakespeare, cuando éste usaba su propio nombre, Will, para nombrar al miembro masculino o se valía de un dolor de muelas para condenar a Desdémona.

                               

Don Miguel de Cervantes y  Francisco de Rojas engalanaron sus tiempos luciendo destreza para introducir en los textos significados ocultos aunque conocidos por todo el mundo. [Vea el lector al pie un par de ejemplos de cómo ahora los autores no se andan con vueltas ni subterfugios, y eso que no incluyo los realmente explícitos contemporáneos,]

Una gran sutileza y habilidad para decir sin decir, para dobles sentidos, permitieron al ingenioso hidalgo don Miguel de Cervantes y Saavedra aprovechar la metáfora dentaria en un par de entremeses y esto es digresión de interés  cultural y profesional.. 

 A boca, dientes y sexo en Cervantes, Javier Herrero, dedicó un meritorio y exhaustivo estudio: ¿Cervantes sintió el dolor de muelas de Calisto?

Dentro de la obra cervantina se destaca en este tema el Entremés del viejo celoso, que hace divertidísimo uso del dolor de muelas. Se burla del celoso  Cañizares diciendo que no tiene la llave de loba, o ganzúa, para abrir la habitación de Lorenza:

Cristina:  Tía, la llave de loba creo que se la pone entre las faldas de la camisa.

Lorenza:  No lo creas, sobrina; que yo duermo con él, y jamás le he visto ni sentido que tenga llave alguna.

Que es decir que el carcamal no tiene pene. Después en una conversación entre Cañizares y un compadre, el vejete dice temer que ella note que falta algo en su matrimonio. El compadre  comenta:

Compadre:  Y con razón se puede tener ese temor, porque las mujeres querrían gozar enteros los frutos del matrimonio.

Cañizares:  La mía los goza doblados.

El doble sentido está claro en un juego de palabras mediante el cual se alude al órgano sexual disminuido e impotente del setentón Cañizares. Una vecina alcahueta, Ortigosa, halaga al viejo para distraerlo y llevarle un galán a Lorenza:

Ortigosa:  Si vuestra merced hubiera menester algún pegadillo para la madre téngolos milagrosos; y si para mal de muelas, sé unas palabras que quitan el dolor como con la mano.

Cañizares:  Abrevie, señora Ortigosa, que doña Lorenza, ni tiene madre, ni dolor de muelas; que todas las tiene sanas y enteras, que en su vida se ha sacado muela alguna.

Ortigosa:  Ella se las sacará, placiendo al cielo, porque le dará muchos años de vida; y la vejez es la total destruición de la dentadura.

Madre va por matriz, y está queriendo decir que no la tiene en uso, aún. Más, en boca del futuro cornudo insinúa (“en su vida se ha sacado una muela.”) la virginidad de Lorenza, contestada por Ortigosa con ese  “ella se las sacará.”

Es decir, habrá otro que se encargar, dada la impotencia del septuagenario expresada en la frase sobre vejez y falta de la dentadura.

Todo este doble sentido era bien conocido por el público y de ahí la gracia que debía causar este diálogo.

En la novela ejemplar La ilustre fregona. Tomás de Avendaño está enamorado de Constanza, quien sufre de un muy poco romántico dolor de muelas. Como dice Cervantes, Tomás se entera: “Mas habiendo salido aquel día Constanza con una toca ceñida por las mejillas y dicho a quien se lo preguntó que por qué se la había puesto que tenía un gran dolor de muelas . . .”

Tomás se ofrece a curarla con una oración que le escribe en un papel, y que en verdad es una propuesta de matrimonio. El Gran Manco nos dice que casarse es la cura para el mal (de dientes) de Constanza. Cervantes levanta el manto de la mojigatería que suele disfrazar las expresiones amorosas, y aquí es un discreto velo,¡un dolor de muelas!

           

Parte II

Sobre la tragedia de Calisto y Melibea

 

¿Por qué Javier Herrero ve en lo que antecede un eco de la Celestina? En realidad, el papel del dolor de muelas es muy gravitante en la seducción de Melibea en el texto de Francisco de Rojas (juzgado en el Quijote así: “en mi opinión divino, si escondiera más lo humano”) La curación del dolor en ambas obras se lograría por una oración, aunque sea mentida la odontalgia en una y real en la otra, llámese el remedio “una oración,” llámese “unas palabras.”

Recordemos que Celestina tienta a Melibea apelando a su inocencia: “Yo dexo un enfermo a la muerte, que con sola una palabra de tu noble boca salida, que lleve metida en mi seno, tiene por fe que sanará, según la mucha devoción que tiene en tu jentileza.” Melibea capta la mala intención, se indigna y surge la “ingenua” aclaración de que se trata de un dolor de muelas, para el cual pide “Una oración, señora, que le dijeron que sabías de Santa Apolonia para el dolor de las muelas.”.

Melibea responde acorde con la ambigüedad de la alcahueta:

¡O cuánto me pesa con la falta de mi paciencia! Porque siendo él ignorante; tú inocente avéis padecido las alteraciones de mi airada lengua. Pero la mucha razón me reieva de culpa, la cual tu habla sospechosa causó. . . .  Y porque para escrivir la oración no avrá tiempo sin que venga mi madre, si esto no bastare, ven mañana por ella muy secretamente

La excusa dentaria la lleva a aceptar un encuentro ilícito, como bien capta la criada Lucrecia que escucha:

¡Ya, ya perdida es mi ama! ¿Secretamente quiere que venga Celestina? ¡Fraude ai! ¡Más le querrá dar que lo dicho!

 

Parte III

Y en Francia

 

Dominica Legge, en su artículo “Toothache and Courtly Love” (French Studies,  1950), muestra que el dolor de muelas, más que dolor físico real, fue símbolo de una variedad de emociones, de lo metafísico a lo sexual (también, Theodore Ziolkowski, “Los dientes delatores: Psicodoncia a Sociodoncia,” PMLA, 91, 1976). Dice esta autora que los poetas y trovadores medievales usaron el intenso dolor dentario y el insomnio como metáfora de las penas de amor. El Larousse da mal de dents como amor apasionado, lo cual indica claramente.que los franceses estaban bien familiarizados con una expresión usada en las conversaciones. (En España lo mismo, aunque con una connotación menos erótica en la península que en Francia.)

Guillaume de Lorris compara al enamorado que sueña con la amada (“Entre tes bras tres toute nue”) con un hombre que se mueve inquieto en su cama porque sufre de una odontalgia. 

Además, en un poema erótico del Siglo de Oro, al hablar de la insatisfacción de una mujer cuyo amante cabalga un caballo más lento que el suyo (!) le pide que apure el paso: “Traidor ¿para qué te tardas?”); A lo cual el hombre le dice que si no lo puede esperar que se saque unas muelas:

 

Si, cuando en el juego estamos

de otro engaño te recelas,

sacarte puedes tres muelas,

mientras que a Francia llegamos

Otro poema cuenta de una mujer, cuyo marido viajó a Cervera (alusión al ciervo y a sus enormes cuernos), que  sugiere a una vecina en igual situación que podrían pasarla muy bien en los del barbero “haciéndose extraer unas muelas”:

Pues llamemos al barbero

que nos saque sendas muelas,

y animalle las espuelas

si no anduviere ligero

 

Estos poemas no requieren comentario: su doble sentido es obvio, como debió serlo y aun más para el lector de la época, que lo habrá entendido enseguida y habrá reído con ganas.

Que es lo que espero haber logrado, aunque sea una sonrisa de los/las lectores/as menos pacatos que hayan leído estas digresiones tan sexualmente dentarias o dentariamente sexuales hasta aquí.

* Comenzamos a besarnos sin ningún preámbulo, con una avidez que se reveló desde el principio. Sus besos no se parecían a ningún otro: la manera en que brindaba su boca, cómo tomaba mis labios, su búsqueda de mi lengua eran de distinta madurez: no había en ella nada de muchacha. Entonces decidí extender mis besos a su cuello, a sus hombros desnudos, a su espalda descubierta porque había hecho bajar más el borde del vestido. Ése fue mi error, aquí mi derrota. En vez de besarla, llevado por la inercia de los besos (lo que comienza como caricia termina siempre como herida), pero tal vez para mostrar una pasión posible, mordí su espalda. Ella se retorció en el asiento y la volví a morder, esta vez más fuerte – y se produjo un sonido inesperado, un crac que me resultó agorero porque enseguida supe lo que había pasado: no le rompí la nuca sino algo más terrible: se me habían partido los dientes. Claro que su espalda no era de hierro y mi mordida mecánica: los que se partieron fueron mis dientes postizos. Cabrera infante, Guillermo: La Habana para un infante difunto. Seix Barral, Bibl. Breve, Barcelona, 1979, p. 526

 

Dice Lorenzo Da Ponte (en el otro mundo):

D.P. La joven me amaba y un dentista italiano la amaba a ella. Tuve un dolor de muelas y él me dio un ungüento para aplicarme. Resultó que contenía ácido nítrico. Y bien, todo es vida. Dientes o no dientes, Adriana Ferrarese se enamoró de mí después de larga liaison con Casanova. Casanova, que fue mi modelo para Don Giovanni.

Burgess, Anthony: Mozart and the Wolf Gang

 

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