Las digresiones, indiscutiblemente, son el rayo de sol, la vida, el alma de la lectura.  Si las quitan de mi libro, por ejemplo, bien podrían llevarse también el libro con ellas—reinaría un frío invierno en cada página – […] incorporan la variedad, e impiden que el  apetito decaiga." Lawrence Sterne, (en su obra cumbre, plena de humorísticas digresiones)


 

 

¿Cuál es la  primavera de Botticelli?

 

Para festejar esta primavera del 2013, se me ocurre que podemos meternos un poco en la consagrada Primavera  del pintor florentino [para lo cual tomo algunos textos prestados y salgo a triscar por ahí]  y admirar la  naturaleza en Flora.

Y señalar que no se ha de buscar entre tanto personaje a la Primavera porque ella ¡no aparece!

Cuadro hecho al temple en el s XV

Sandro Filipepi, nacido en Florencia en 1445 y llamado Botticelli por el apodo de su hermano mayor, Giovanni el Botticello, es el autor de una pintura muy sugestiva en la que elementos incluso eróticos (Céfiro persiguiendo a Flora) se elevan hacia una espiritualidad refinada, melancólica, como en las Gracias desnudas bajo sus velos y donde, en la penumbra del bosque florido, las gráciles figuras adquieren verdaderamente una cualidad mítica, como de ensueño. Estas cualidades de ritmo, de sublimación del realismo, de misterioso y fascinante mensaje, justifican la frase de Leonardo: "la pintura es una poesía muda".

En esta obra se encuentran representados la diosa Venus en el centro. Sobre ella Cupido, el dios del amor. Del lado izquierdo de Venus, Flora y junto a ella Céfiro, el Dios del viento, y la Ninfa Cloris. Del lado derecho de Venus se encuentran juntas las tres Gracias y Mercurio.

El suelo es una capa de hierba muy oscura en la que están detalladas flores típicamente toscanas que aparecen en el mes de mayo. Son también reconocibles las de Flora: en la cabeza lleva violetas, aciano y una ramita de fresas silvestres; en torno a su cuello, una corona de mirto; en el manto lleva rosas; por último, va esparciendo nomeolvides, jacintos, iris, siemprevivas, clavellinas y anémonas.

También se puede considerar esta pintura como una alegoría del reino de Venus, unidad, armonía, entre naturaleza y civilización. Hay quien ha visto una alegoría del amor entre Juliano de Médicis y Simonetta Cattaneo Vespucci, o de la muerte de ésta el 1476 (Simonetta cogida por la muerte -el Céfiro- y su renacer en el Elíseo). Incluso se puede ver la representación de los meses, desde febrero (Céfiro) a septiembre (Mercurio).

Botticelli opta aquí por un formato monumental, con figuras de tamaño natural, y lo compagina con una gran atención al detalle. Esto puede verse en las diversas piezas de orfebrería, representadas minuciosamente, como el casco y la empuñadura de la espada de Mercurio o las cadenas y los broches de las Gracias.

La composición muestra una disposición simétrica, con una figura central Venus, que parte la escena en dos mitades y marca el eje.

Mientras algunas de las figuras estaban inspiradas por esculturas antiguas, estas no eran copias directas sino adaptadas al lenguaje formal propio de Botticelli: figuras de elevada estatura, delgadas, ligeramente alargadas, muy idealizadas, muy dibujadas con unas limpias líneas que marcan los perfiles, cuyos cuerpos a veces parecen artificiosamente estirados y presagian el estilo elegante y cortés del manierismo del siglo XVI. Como fuente iconográfica para la representación de las tres Gracias Botticelli parece recurrir a la Puerta del Paraíso realizada por Ghiberti en el Baptisterio de Florencia, en particular el grupo de siervas en el relieve de Esaú y Jacob.

Las figuras se destacan contra el fondo por la claridad de la piel y sus ropajes, de colores claros e incluso transparentes. Esta palidez en los colores muestra la anatomía del desnudo, que da más volumen a la representación. La luz unifica la escena, incluso parece emanar de los propios cuerpos.

La composición participa del fondo arbolado, con un bosque ordenado y vertical para servir de fondo, casi plano y severo, a la danza y al corro. Los personajes se sitúan en un paisaje de naranjos, árboles tradicionalmente relacionados con la familia Médici. No obstante, hay quien apunta a que son en realidad mandarinas, cuyo nombre clásico, medica mala, aludiría a los Médici. Detrás de Venus hay un mirto, planta tradicionalmente sagrada para ella. Mientras, la parte derecha está hecha de árboles doblados por el viento o por laureles, lo que sería una alusión al novio, Lorenzo, en latín Laurentius.

  

   Las quejas de su amor

 

Bellísima parece

Al vástago prendida,

Gallarda y encendida

De abril la linda flor;

Empero muy más bella

La virgen ruborosa

Se muestra, al dar llorosa

Las quejas de su amor.

 

Suave es el acento

De dulce amante lira,

Si al blando son suspira

De noche el trovador;

Pero aún es más suave

La voz de la hermosura

Si dice con ternura

Las quejas de su amor.

 

Grato es en noche umbría

Al triste caminante

Del alma radiante

Mirar el resplandor;

Empero es aun más grato

El alma enamorada

Oír de su adorada

Las quejas de su amor.

José de Espronceda 

Se considera a Espronceda el poeta romántico español por excelencia

José Ignacio Javier Oriol Encarnación de Espronceda y Delgado (Almendralejo, Badajoz, 25 de marzo de 1808 – † Madrid, 23 de mayo de 1842)

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