La gran repuntuación

Illustration by Robert Neubecker

Los idiomas están evolucionando ¿involucionando? con emoticones, k por qu, mayúsculas para énfasis y gritos, modismos pingüinales, bushismos y otros medios de torturar y retorcer las lenguas. Y ni hablar del uso de las comillas escritas y dibujadas en el aire para dar sentido “nuevo” a lo “viejo”.

Entre tantas novedades, quizá inútiles, ¿por qué no proponer un par de inutilidades más? Por ejemplo, los signos irónicos y sarcásticos como subíndices de interrogación y exclamación para que ¡los lúcidos de siempre¡ sepan a qué atenerse y no anden preguntándose “Che, ¿qué te parece? ¿Cómo viene la mano? ¿Me estará queriendo decir algo? Los nuevos signos de puntuación arrojarían luz en las zonas más oscuras de las mentes (¡es un decir¡) a las cuales nos dirigimos.

La repuntuación abarcaría los signos de sarcasmo [¡!] y de ironía [¿?]. Como los tradicionales, estarían destinados a transmitir algo especial que queremos significar, tal como queremos anunciar una pregunta o nuestra admiración. Obsérvese que cuando estamos muy perplejos o derretidos por alguien o algo estamos poniendo más de 2 o 3 ¿?? o ¡!! Compensará lo que puede transmitir la expresión del rostro; por ejemplo, cara de bobo/a contemplando a Kidman o Cruise. U oyendo hablar en chino, por más que ¿podría llegar a ser segunda lengua en el futuro?

Aparte de que se está perdiendo la capacidad de expresarse por medio de las palabras, de la sutileza del lenguaje, de los mil artilugios que cada idioma proporciona, en fin, ¿que quizá la segunda lengua sea el sistema de signos de los mudos?, quienes no dominan tampoco por escrito el arte de transmitir sin insultar o sin agredir y casi siempre con las mismas cuatro lenguas en inglés y algunas más en otros idiomas podrían verse ayudados así. Con este signo soy irónico, con este otro soy sarcástico, con este emoticón festejo.

¡Hay que dar un salto sobre el vacío!

¿Esto es muy serio?

Como muy bien escribió John Greshman, “¡en serio, hay gente ineluctablemente sincera! ¿Cómo se las arreglan cuando tratan de ser irónicas o sarcásticas y disponen de un paupérrimo vocabulario? Aunque me temo que quienes habitualmente e incansablemente son sarcásticos y hasta sin darse cuenta, ¿cómo hacen cuando quieren ser sinceros?” Pues poniendo signos allá y omitiéndolos acá. A propósito, me viene a la mente una frase cuyo autor desconozco: “La persona sarcástica tiene un complejo de superioridad que sólo puede ser curado con la honestidad de la humildad.” O como dijo otro: no tengo complejo de superior, ¡soy!

Fíjense, sin la repuntuación, no se me ocurre cómo saber si cuando alguien escribe que admira a Bush está siendo sincero o sarcástico. La Wikipedia expresa que la intención hiriente del sarcasmo requiere una entonación vocal particular, que se logra poniendo un énfasis exagerado en la frase o con determinadas palabras. Cuando las palabras escasean, surgen las señas. Textualmente, esta enciclopedia virtual dice: Como está orientado vocalmente, a menudo es difícil captar el sarcasmo en los mensajes escritos y suele ser mal interpretado.

Entre signos de sarcasmo, John Gresham escribe: ¡The sarcasm point can strengthen our communities and unite our broader culture! Y después de haber hecho Gresham esta sarcástica referencia a una amplia cultura de la comunidad, y de haber efectuado un ¿valioso? aporte a la puntuación internacional internética e internada, permítaseme clarificar un poco las ideas sobre diferencias entre ironías y sarcasmo. Naturalmente, si un libro es sarcástico como las Cartas desde la Tierra, de S. C. Langhorne, no pretendo que comience y termine con la repuntuación. Lo mismo cuando una situación es irónica, pues quedan mejor los signos en palabras aisladas o frases breves. El resto no es silencio y que lo entienda quien pueda, ¡ya que no el que quiera!

Coda

Suele ocurrir, hasta en las mejores familias, que se confunda el uso de las palabras sarcasmo e ironía. En la ironía hay una intención de que se capte una diferencia entre el significado de la palabra usada y el significado que se intenta dar a esa palabra para el caso: una incongruencia típica de la ironía.. El sarcasmo incluye una burla, quizá cruel, y aun el deseo de herir, despreciar o ridiculizar; no así la ironía.

 Se puede ser irónico sin ser sarcástico y sarcástico sin ironía. No se debe ver cinismo en el sarcasmo, que [Wikipedia dixit] puede ser una manera positiva de pensar las cosas. Decir a alguien que llega siempre tarde “¡Qué agradable verte tan temprano!” hace burla sin herir, transmite el mensaje con ironía. Pruebe el lector a transformarlo en un sarcasmo... o póngale el signo pertinente según qué sea. Una novela puede ser irónica, cabe también en una sonrisa. Con ironía podemos recordar un hecho reciente: “los norteamericanos les cambiaron el nombre a las papas fritas (French fries), pero las siguen comiendo”. O pensar que tienen la mismísima raíz griega las palabras sarcoma y sarcasmo, de sark, carne, quizá esta última de morderse los labios [sarkazein] cuando se quiere morder al otro, herirlo en la carne, como hace el sarcoma. [Otro ejercicio: decir sarcásticamente lo de las fritas.]

Un rasgo importante de la ironía, dijimos, podría ser la incongruencia: “es irónico que una Biblia tan supervisada haya debido ser retirada de circulación por sus errores.” David J. Downs, dijo en noviembre de 2002: “Quizá no saben qué es realmente ironía porque no son capaces de captar el concepto. Es absolutamente cierto que se requiere un cierto nivel de función cognitiva abstracta  y de inteligencia para ‘pescarla’” En la canción Ironic, de Alanis Morisette, se observa, creo, ironía cuando afirma que un avión se está desplomando a tierra y un pasajero piensa “¡vaya sí que esto es bueno!” No intenta herir a nadie, es incongruente. Pero más irónico sería que una persona temerosa de viajar en avión fuera muerta viajando en auto por el avión que le cae encima. Pura ironía del destino, nada de sarcasmo. Un libro que sugiera matar a los niños pobres para dar alimento a los niños ricos y así paliar los efecto de una hambruna (Jonathan Swift, Diario de la peste) no es sino una sátira que pretende enseñar por el absurdo, no es ironía, no es sarcasmo.

Para que sea irónica la muerte por un avión que le cae encima a alguien, pese a lo trágico que encierra, tiene que tener la incongruencia divertida, un sentido absurdo, algo de risible. Downs da un ejemplo que resumo: Marisol vuelve de sus compras en un negocio naturista, donde se compró la cena vegetariana de esa noche. Al pasar por una carnicería se le revuelve el estómago por asco y compasión hacia los pobres animalitos y por las personas que se enferman comiendo esos “cadáveres”. Contenta por ser una inteligente vegetariana, cruza la calle y la atropella y mata un camión cargado de verduras.

Trágico e irónico. Incongruente. Millones de personas no mueren al cruzar la calle. La vegetariana muere y por un camión de verduras. Con un camión de nafta hubiera sido, sí, trágico; así es irónico.

Cierro con la esperanza de que todo esto haya quedado claro y ¡en la confianza de que pronto todos estarán con la repuntuación! para distinguir intenciones mediante signos. Y con una cita de Anatole France: “La ironía es la alegría de la reflexión y el goce de la inteligencia.”

                                                   Horacio Martínez

Neither irony or sarcasm is argument." Samuel Butler

 

Ficción informada por ciencia

 

El 17 de marzo de este año, la revista Nature, pág.294, publicó un artículo de la distinguida escritora inglesa S. Byatt, radicada en Londres, ganadora del Booker Price 1990 (el Oscar de la literatura inglesa), donde efectuó comentarios muy interesantes de su vínculo literario con la ciencia, el tema de las dos culturas casi antagónicas o mutuamente despectivas. De los dos contendientes notorios, F. R. Leavis tenía  una casi religiosa convicción de que el estudio de la literatura debía ser el centro de la idea de universidad. Su contrincante, el polémico C. P. Snow no tenía mucho que decir sobre la ciencia.

 

Aunque Byatt afirma no saber demasiado de ciencia declara que la curiosidad es un profundo impulso tanto en novelistas como en científicos. Y señala que de los escritores que le interesaban había un par profundamente interesado en los trabajos científicos de su época. George Eliot, en Middlemarch, no sólo hace referencia a Andrea Vesalio, a la teoría de tejidos primarios en red, a la óptica,sino que, además, los entreteje en la estructura de la historia, el pensamiento y la forma metafórica de la novela.

 

Del mismo modo se interesó Coleridge por la óptica, la hidráulica y las pautas de la conciencia y del desarrollo. Sus enroscadas serpientes  marinas de The Rime of the Ancient Mariner se podrían   relacionar con el interés del último  sabio completo, el escritor científico Goethe por las formas espiraladas de las plantas trepadoras.

 

Quizá por tal motivo a Byatt le chocó tanto la actitud hostil de la contracultura ante la ciencia. Tanto como a mí el rechazo que manifiestan tantos colegas en tantos foros frente a “la otra cultura”. Estando de gira de conferencias con un poeta  lo vio levantarse en las escuelas y exhortar a los jóvenes a que ignoraran a Einstein y afirmar que todo cuanto necesitaban eran los Prophetic Books de William Blake. Muy apreciada Byatt, no se asombre, yo he visto a mi generación de colegas sostener que les bastaba con un torno y unas pinzas.

 

 La cibernética en sí no es más que una metáfora del griego TILLER de una nave. Quizá amamos la  metáfora, aparte de usarla, dice, porque excita nuestras redes neuronales.  Esto si fuera cierto que nuestro goce con los juegos de palabras se debería a la doble estimulación de una sola sinapsis: conectando/contrastando. De uno de sus personajes, Byatt escribió; ella conocía las palabras neurona, sinapsis, dendritas, que le gustaban porque podía decxir su etimología. [...] si todo se desvaneciera [los objetos de la ciencia] aún podría ella escribir de nuevo todo el “Paraíso Perdido” de memoria.

 

 

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