Las digresiones, indiscutiblemente, son el rayo de sol, la vida, el alma de la lectura.  Si las quitan de mi libro, por ejemplo, bien podrían llevarse también el libro con ellas—reinaría un frío invierno en cada página – […] incorporan la variedad, e impiden que el  apetito decaiga." Lawrence Sterne, (en su obra cumbre, plena de humorísticas digresiones)

          
         

           Los dientes postizos y la poesía

 

Los dientes postizos inquietan a nuestros pacientes. Se aferran, las mujeres sobre todo, a cualquier resto radicular con tal de no sentirse “envejecidos.” Los poetas, a su manera, registraron estos sentimientos, con claridad mayor o menor, pero si se los lee atentamente, el dolor de no ser más es patente.

Vea el lector cómo transmite este sentir Jim Harrison, contemporáneo, que incluye el dolor del costo.

Debo al dentista novecientos dólares. / Más de lo que darían por tres libros / de mis poemas. Con libertad gloriosa / puedo dejar que se pudra mi boca / y no escribir más. Que el dentista los componga,/ mientras yo transito tinieblas / con bandeja de dientes de oro que esculpí / con forma de dientes de tiburón / dientes de león o de oso, dientes de pitón./ Ved mi boca con estos maravillosos / dientes. ¡Audiencia de justo novecientos! / La sala se oscurece. Mis labios se abren / Hay un destello de sol./   Harrison, Jim. "Returning to Earth."

 

En tono burlón, con gran poder de síntesis:

¿Qué hace, amada, que te veas tan linda? / Es como si hubieras recuperado tu sonrisa… / “Es que son nuevos los dientes a la vista.”  Robert William Service. "The Front Tooth."

 

El poeta puede expresarse con irónico romanticismo, que es otra manera – quizá mejor – de lamentar la pérdida. Como en estos dos ejemplos de otros dos poetas contemporáneos.

 

En la sala de baño / quietas en el lavatorio / en un alto vaso, / dos dentaduras / frescas y rosadas / podrán besarse toda la noche / en total intimidad.  Herbert Nehrlich Teeth in Peace

 

Este modelo de yeso, / este tonto trofeo / de un costoso procedimiento, / lo menos que el dentista podía dar, / en el estante como un espectro / prematuro monumento / de una extracción / muy real de una sección que no veo /  de ella / ni hay manera que pueda verla / pero que perdurará / mucho después de que ella se haya ido lejos.   Alexander John Dental Record

 

William Dickey opta por despedirse tiernamente de los dientes que perderá:

Manchados de nicotina, cansados de cavidades / es hora de que vuelvan al mundo ideal de los dientes / y descansen, y se preparen para la erupción postrera / Espero que descansen junto a los sombríos canales / y pensando en mí con ternura / pero sin pesar / brinden una vez con el anestésico local. 

Dickey, William. "A Poet's Farewell to His Teeth."

 

Más “dentístico” e imaginativo es este otro poema:

Maravillosos los delanteros / bailarines contra el viento, / buena forma y disciplinados. / Pero por detrás, corrupción, / molares de vida escandalosa, / raíces carcomidas por secreta lujuria, / en la desintegración de sus cuerpos. / Hasta los premolares e incisivos están infectados, / sangre e hinchazón / en torno de la placa, dura aflicción.  Ed Ochester, "My Teeth."

 

Un poeta norteamericano, muy apreciado en su país (Edgar Lee Masters), en su poema "Eugenia Todd", menciona al pasar el viejo diente dolorido:

Alguno de ustedes, que pasáis, / ¿ha tenido un viejo diente dolorido / que no dejaba de molestar?/ ¿O un dolor sin igual que no os quería abandonar? / ¿O un tumor maligno que creció con el andar?

 

Como broche final, vaya un poema más extenso y más al gusto, seguramente, de la mayoría.

De sus rasgos atrayentes el pañuelo quitó

Separó bien sus hermosos labios y “¡Mire!” susurró.

La resplandeciente hilera desvanecida la sangre de Birch heló

Pero pronto “¡La amo! ¡Igual la amo! A pesar de ello,” exclamó.

“Pero no, usted no comprende, ¡oh no!

Cinco semanas para hacerlos espléndidos mi dentista se tomó,

Y ¡ay! nadie podrá recuperarlos allí adonde fui y la hilera cayó

Y ¿cómo puede una mujer dar su mano en la iglesia sin lo que perdió? John Townsend Trowbridge. "The Ballad of Arabella."

 

Espero, colega, haberlo motivado para una sonrisa quizá melancólica, grata al fin

                                                                  H. M.


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