Las digresiones, indiscutiblemente, son el rayo de sol, la vida, el alma de la lectura.  Si las quitan de mi libro, por ejemplo, bien podrían llevarse también el libro con ellas—reinaría un frío invierno en cada página – […] incorporan la variedad, e impiden que el  apetito decaiga." Lawrence Sterne, (en su obra cumbre, plena de humorísticas digresiones)


 

El diente sonriente

 

[El texto que sigue corresponde a extractos del libro El diente secreto, de H. M, cap. VI, El diente sonriente]

Si yo fuera un dentista serio (me refiero al ceño fruncido, no a la labor profesional) debiera proseguir con aire de erudito y no detenerme en un capítulo de humor. Para no desagradar demasiado a los seriotes se me ocurrió entonces que el capítulo podría tener una introducción a la manera de los artículos científicos (malos) que comienzan con una larga historia que se remonta a los etruscos o los asirios o alguno de esos antiguos, ¡como si a los lectores les interesara!

Ahora bien, como no pretendo ser yo igualmente plomazo (un pelma diría castizamente) cumpliré con la introducción antigua, griega y romana; sólo que he elegido los fragmentos donde aquellos señores mostraron que, además de ser grandes poetas, también ríen y castigan con su risa las costumbres. Que es lo que yo también querría demostrar (modestamente).

Cayo Valerio Catulo escribió:

 

Egnacio, porque tiene los dientes blancos, ríe en todo momento. Si está junto al banquillo de los acusados, mientras el abogado excita el llanto, él ríe. Si la gente gime junto a la pira fúnebre de un buen hijo, mientras la madre desamparada llora a su hijo único, él ríe. Pase lo que pase, dondequiera que esté, cualquier cosa que haga, él ríe. Tiene esa enfermedad, a mi juicio ni elegante ni de buen gusto. Por eso hay que advertirte, excelente Egnacio: Si fueras de Roma, o sabino, o tiburtino, o un austero umbro o un obeso etrusco, o un lanuvino moreno y de buenos dientes, o transpadano, para citar también a los míos, o de dondequiera que se laven limpiamente los dientes, no quisiera que estuvieras riéndote continuamente, pues nada hay más necio que una necia risa. Pero eres celtíbero; en tierra celtíbera, con lo que cada uno meó, suele fregarse por la mañana los dientes y las encías hasta enrojecerlas. De modo que cuanto más brillante está esa dentadura tuya más meados proclama que has bebido. (Catulli Carmina XXXIX)

 

Estrabonio (Lib. III) cuenta que las damas romanas no eludieron este curioso tratamiento de belleza y hubo un tiempo en que hacían importar de España orina de hombre joven, a costo bastante alto. Aparte de que podría ser la solución para el desempleo en algunas partes, en nuestro tiempos esta costumbre revivió cuando los dentífricos incorporaron la úrea como preventivo de caries. También podría preguntarme si Iphis, en tiempos de La Bruyère, usaría el mismo método, pues este criticón de los caracteres humanos dijo de él:

 

il a soin de rire pour montrer ses dents; il fait la petite bouche, et il n’y a guère de moments où il en veuille sourire...1

 

¡Queda tan bien una cita en francés! ¡Da un aire tan fino! No pude resistir la tentación; total, dice lo mismo que Catulo de Egnacio. Bastante que me reprimí de citar en latín –  parece que se usa para palabras o frases que serían un poco fuertes en el propio idioma (hay dos latinajos, muy comunes en los libros de técnicas sexuales, que tienen bastante que ver con la boca, nuestro tema); segundo, no cité en latín, por la elemental razón de que yo no lo sé.

Por ejemplo, también tiene que ver con la boca la poesía XCVIII de Catulo; figura sólo en latín en algunos libros y tengo que incluirla en castellano por las razones antedichas:

 

Contra ti, si puede decirse contra alguien, hediondo Victio, puede decirse lo que a los charlatanes e imbéciles: que con esa lengua, si te fuera necesario, podrías lamer culos y desbastar sandalias de cuero.

 

Por algo dijeron que Catulo (nacido en Verona en el 87 a.C.) “no es exactamente adecuado para ser enseñado en las escuelas. [...] Es difícil explicarse uno mismo por qué uno de los pocos sinceramente apasionados poetas del amor de la literatura occidental hubo de degradar y ofender a sus admiradores con bromas demasiado directas y basura deliberada.”

No se quedó atrás Marco Valerio Marcial, proveniente de la actual Calatayud, cuando a inicios de nuestra era fue groseramente obsceno, cruelmente mordaz y duramente castigador de costumbres y vanidades. Menos mal que ocultó tras sus seudónimos a los objetos de sus burlas, incluidas en sus doce libros de Epigramas. Con gran economía de palabras (tan escasa entre seudocientíficos), señaló los defectos de todos y hasta los propios: la ausencia de los dientes y las enfermedades, el mal aliento y los postizos de sus tiempos quedaron clavados en la memoria por el resto de los siglos.

 

Pelos y dientes de la tienda / sacas, Lelia, sin sonrojo, / pero ¿qué harás para el ojo / no habiendo quien ojos venda? (Libro XII, Epigrama 23)

 

Lo que entonces le pasó a Lelia aún sigue sucediendo:

 

Cuatro dientes te quedaron, / si bien me acuerdo; más dos, / Lelia, de una tos volaron; / los otros dos, de otra tos. / Seguramente toser / puedes ya todos los días, / pues no tiene en tus encías / la tercera tos qué hacer. (L.I, ep. 20)

Otro recurso habitual de quienes tienen mal los dientes es el que aconsejaba Ovidio, recuerda Marcial y revive el público día tras día: ocultar la risa [que es el tema de marzo nuestro]. Así, a Maximina nuestro agudo criticón le aconseja que no se ría:

 

Tú ya no eres una joven, / porque tienen tus encías / sólo tres dientes, tan negros / como la pez que es negrísima, / y amarillos como el boj. (L. II, ep. 41)

 

Más Thais y más dientes negros:

 

Tiene Thais los dientes negros; / Lecania los tiene blancos; / pues los de Thais son suyos, / los de Lecania prestados. (L.V, ep. 43)

Dicen que Publio Ovidio Nasón fue un gran poeta y que su obra maestra fue El arte de amar. Pero no falta quien diga que fue un chismoso de primera, que metía la nariz (“nasón”) por todas partes, para dar consejitos a las muchachas de cómo conseguir novio y a los muchachos de cómo conseguirlas a ellas, y que en Las metamorfosis reveló a quien quisiera oírlo las aventuras extramatrimoniales de los dioses.

 

A los mozos, para seducir:

Sea tu habla suave, luzcan tus dientes su esmalte;... y, antes que nada, que tu boca no hieda con el fétido olor del macho cabrío.

 

A las mozas, para seducir:

¿A qué recomendaros que no dejéis por negligencia ennegrecer el esmalte de vuestros dientes y que todas las mañanas debéis lavar vuestra boca con agua limpia?

 

Ya entre los romanos existían recursos varios para eludir al dentista. Entre los preferidos estaba el vino, utilizado (¡buena excusa!) como vehículo para algún “medicamento”. Los antiguos -que serían unos antiguos, pero no unos tontos- usaron el vino como base para gargarismos y buches. Dícese que, aun cuando no siempre lograron curar las caries y aliviar sus dolores, después de tragar los colutorios (¡no iban a escupirlos!) ya no les importaban más las muelas. (Quizá algún amigo suyo, al que usted notó un poco inestable, estaba curándose la boca y usted -¡mal pensado!- creyó que estaba ebrio por puro gusto.) De aquellos tiempos rescató Ambrosio Paré esta receta: “Al enfermo se le hará tener en la boca un trago de vino, en el que habrá hervido semilla de mandrágora.”

Celso, cirujano teórico que jamás tomó un bisturí en la mano (¡trabajo de esclavos!), incluyó a la mandrágora en los capítulos odontológicos en su tratado médico. La mezclaba con adormidera y beleño (¡fuertecito el cóctel!) y la aplicaba sobre la pulpa para adormecerla. (Según Cela, el beleño “quita los dolores de muelas, de cabeza y de oídos” y también “ayuda a volar por los aires“. Esto de “volar” interprételo usted como quiera.)

De regreso a griegos y romanos de la mano de un autor contemporáneo, Günter Grass. El culto dentista de Localmente anestesiado (Örtlich betäubt) entretiene a un paciente con erudita información. Y paso al humor alemán de esa novela, la única tan odontológica que conozco, la de Grass.

 

...La crisis de su noviazgo es muy parecida a la crisis de los nervios dentarios: una vez infectada la pulpa por las bacterias, producen gases que sólo pueden ser liberados por la trepanación con el torno. Pero si el paciente elude ir al dentista, los gases buscan un escape por la vía del ápice radicular. Alentados por una descarga purulenta, atacan el hueso maxilar. Se produce una tumefacción, que culmina en un absceso o -volviendo a su noviazgo- un crecimiento neurótico del odio. A menudo su acción revienta años más tarde (compensación); en otras palabras, se sigue enconando [...] Por eso debo pedirle que ejercite la restricción al usar la palabra “dolor”. Usted no soportaría una operación realmente dolorosa. Piense nada más en las escenas populares de los maestros holandeses menores. Adriaen Bouwer, por ejemplo. En sus pinturas, los barberos -como se llamaba a los dentistas en la Edad Media- llevaban a la boca de un aldeano pinzas tales como no las encontraría siquiera entre nuestro instrumental actual, para romper el molar. En esos días, los dientes no eran extraídos, sino quebrados. La raíz se pudría lentamente, cuando no se infectaba peligrosamente. Hay razones para creer que la muerte por raíces podridas era frecuente hace trescientos años. Aun hace cien años, la extracción de un molar era una empresa seria. Aquí, en Berlín, en el hospital, se requerían cuatro hombres para sacarle un molar al quinto sin anestesia local; a lo sumo, se le pintaban las encías con cocaína. Recuerdo las historias que me contaba mi padre, que era médico: un hombre sostenía el brazo izquierdo del paciente, el segundo calzaba la rodilla en la boca del estómago, el tercero sostenía la mano derecha del pobre diablo sobre la llama de una vela, como para dividir el dolor, y el cuarto trabajaba con instrumentos que con gusto le mostraré algún día en figuras. En nuestro siglo ilustrado, gracias a nuestras técnicas altamente desarrolladas de anestesia, tales hechos de violencia han quedado atrás. Nuestra primera inyección está esperando. El fundamento de toda la anestesia local es la novocaína líquida, un derivado alcohólico. Pero para apartar su mente del ingrato pinchazo, puede pedirle ayuda a nuestro aparato de televisión...

 

También es curiosa otra etiología, la propuesta por Cervantes:

 

“mi alma la tengo en las carnes, y todos mis dientes y muelas en la boca, amén de unos pocos que me han usurpado unos catarros, que en esta tierra de Aragón son tan ordinarios.”

 

Esto lo pone en boca de Doña Rodríguez, que así afirma estar aún en buen estado.

…y otro excelente y divertidísimo cuento de Antón P. Chéjov. Éste, que era médico, expone en Apellido de caballo todos los recursos al margen de la medicina a los que apelan los enfermos desesperados por el dolor y guiados por la ignorancia.

 

Al mayor general retirado Buldeyeff empezaron a dolerle las muelas. Se enjuagó la boca con vodka y con coñac, hizo uso de las aplicaciones de tabaco, de opio, de trementina y de petróleo, se untó la encía con yodo. En los oídos se puso algodón mojado con alcohol. Pero nada de eso le alivió y sólo consiguió que le provocara náuseas. Llegó el médico, le raspó un poco la muela y le recetó quinina, mas tampoco esto le sirvió de nada. Al aconsejarle la extracción, el general se negó rotundamente.

Todos los de la casa, su mujer, sus hijos, la criada, hasta el cocinero Petka, le propusieron diversos remedios.

El administrador de Budeyeff le aconsejó que se dejara curar por medio de exorcismos.

-Hace unos diez años, excelencia -le dijo- vivía en nuestro distrito el recaudador de arbitrios Jacobo Vasilich, que exorcizaba los dolores de muelas. ¡Lo hacía muy bien! ¡Solía volver la cara hacia la ventana, murmuraba no sé qué, escupía unas cuantas veces y se quitaba los dolores en el acto! ¡Es que tenía un don maravilloso...!

-Y ahora, ¿dónde está ese hombre?

-Cuando le dejaron cesante se fue a Saratoff, y allí reside actualmente, con su suegra. Ahora se dedica únicamente a exorcizar las muelas, y de eso vive. [¡Más fácil que ser dentista!] ¿Le duele a alguien la dentadura? Pues acude a él y se cura enseguida. A la gente de Saratoff la cura en su casa, y si ocurre algún caso fuera de la ciudad, le avisan por telégrafo y acude enseguida. Póngale vuecencia un telegrama diciéndole que al ciervo de Dios Alejo le duelen las muelas, y pida que le cure el dolor. Y los honorarios se los enviará por correo.

-¡Tonterías! Debe de ser un charlatán.

 

El general se decide a llamar al curandero, pero quiere su mala suerte que el administrador no recuerde el apellido -sólo el nombre, Jacobo Vasilich- y así no se puede enviar un telegrama. Todo el mundo procura ayudarlo a recordar, pues sabe seguro que era un apellido de caballo, es decir, relacionado con caballos. Le proponen Caballenech, Potranech, Potronin y mil más, sin acertar. Todo, mientras el general sufre.

 

Llegó la noche, pero el apellido no apareció. Se acostaron sin poder enviar el telegrama. el general no pudo dormir en toda la noche, anduvo de rincón en rincón y no hacía más que gemir. [...]

Por la mañana, el general envió a buscar al médico.

-¡Que me saquen esta muela! -decidió, por fin, el general-. No tengo ya más fuerzas para sufrir...

Así se hizo, con alivio del enfermo. Al alejarse de la casa el médico en su coche, se encontró con el administrador y le preguntó si podía venderle avena para el caballo. Sin contestar, el hombre corrió hacia la casa y, alegre, le dijo al general que había recordado el apellido, que era Avena, que ya podía telegrafiar.

-¡Vete a paseo! -le dijo el general desdeñosamente, haciendo con la mano un gesto de desprecio-.

¡Ya no me hace falta tu apellido de caballo! ¡Vete a paseo!

 

Fin, con risas y sin comentarios.

 

Otro humorista que no necesita presentación es Woody Allen. Quienes me lean dentro de algunos siglos bien pueden molestarse en acudir a una enciclopedia del siglo XX (donde W.A. figurará seguramente en un artículo extenso y laudatorio) para disfrutar al máximo mi próxima cita. Este impar autor cómico tiene un libro llamado Sin plumas, donde se viste con plumas ajenas en una serie desopilante de parodias de autores o estilos conocidos. Podría recordar una por una todas estas piezas y volver a reírme con el mismo entusiasmo inicial; pero me limitaré a lo mío, a una serie epistolar apócrifa agrupada con el nombre Si los impresionistas hubieran sido dentistas (Una fantasía exploratoria de la transposición del temperamento), para hacer buena boca con ella.

Se trata de un hábil remedo de las cartas que el pintor Vincent Van Gogh dirigió a su hermano Theo, en las que están expresadas a las claras las ideas atormentadas del pintor acerca de su arte y de su propia vida -a la que habría de poner fin con un tiro-. Las quejas y las dudas de Van Gogh fueron traspuestas al ámbito de nuestra profesión por Woody Allen, quien las firma como lo hacía el pintor: Vincent.

 

Querido Theo:

¿Nunca me tratará decentemente la vida? ¡Estoy destruido por la desesperación! ¡La cabeza me late violentamente! ¡La Sra. Sol Schwimmer me demanda porque le hice un puente como yo lo sentía y no para que se adaptara a su ridícula boca! ¡Es cierto! ¡No puedo trabajar a pedido como un comerciante corriente! ¡Yo decidí que su puente debía ser enorme y ondulante, con dientes salvajes y explosivos disparados en todas direcciones como el fuego! ¡Ahora está alterada porque no alcanzan en su boca! ¡Es tan burguesa y estúpida, que quisiera aplastarla! Traté de forzar la entrada de la dentadura postiza, pero sobresale como candelabro reventado a las estrellas. [...]

 

Querido Theo,

Esta semana tomé unas radiografías dentales que consideré buenas. Degas las vio y las criticó. Dijo que la composición era mala. Todas las cavidades estaban agrupadas en un montón en el ángulo inferior izquierdo. ¡Le expliqué que así es como se ve la boca de la Sra. Slotkin, pero no me quiso oír!

 

Querido Theo,

Pienso que es un error compartir consultorios con Gauguin. Es un hombre perturbado. Toma Lavoris [enjuagatorio bucal] en grandes cantidades. Cuando lo acusé, entró en ira y arrancó mi título de la pared. En un momento de mayor calma, lo convencí de que procurara hacer sus obturaciones al aire libre y trabajamos en un prado rodeado de verdes y oros. Le puse coronas a la Srta. Angela Tonnato y una obturación provisoria al Sr. Louis Kaufman. ¡Ahí estábamos, trabajando juntos al aire libre! ¡Hileras de dientes de enceguecedora blancura a la luz del sol!

 

Querido Theo,

Toulouse-Lautrec es el hombre más triste del mundo. Lo que más desea es ser un buen dentista, y tiene verdadero talento, pero es demasiado petiso para llegar a la boca de los pacientes y demasiado orgulloso para pararse sobre algo. Con los brazos por sobre su cabeza, anda a tientas alrededor de los labios de sus pacientes y, ayer, en vez de poner las coronas en los dientes de la Sra. Fitelson, se las puso en el mentón. Mientras tanto, mi viejo amigo Monet se rehusa a trabajar si no es en bocas muy, muy grandes, y Seurat, que es bastante taciturno, ha creado un método de limpieza de a un diente por vez hasta lograr integrar lo que él llama, “una boca fresca, completa”.

 

Querido Theo,

Estoy enamorado. Claire Memling vino la semana pasada para una profilaxis bucal. (Yo le había enviado una tarjeta recordatoria de que habían pasado seis meses de su última limpieza aunque sólo habían pasado cuatro días.) Theo, ¡ella me vuelve loco! ¡Loco de deseo! ¡Qué mordida! ¡Nunca vi una mordida como la de ella! ¡Sus dientes se ponen en contacto a la perfección! No como la Sra. Itkin, cuyos dientes inferiores quedan casi tres centímetros por delante de los superiores, lo que le da una mordida inferior como la del hombre lobo. ¡No! ¡Cuando Clara cierra la boca, sus dientes coinciden! ¡Cuando esto sucede uno sabe que Dios existe! Y sin embargo, no es demasiado perfecta. No es tan sin faltas como para no ser interesante. Tiene un espacio entre el nueve y el once inferiores. El diez lo perdió en la adolescencia. Súbitamente, sin aviso, se le hizo una cavidad. Fue fácil de quitar (en verdad, se le cayó mientras hablaba) y nunca le fue repuesto. “Nada podría reemplazar ese diez inferior”, me dijo. “Era más que un diente, había sido mi vida hasta ese momento.” Al ir creciendo rara vez volvió a hablar de ese diente y creo que me quiso hablar de él sólo porque confía en mí. Oh, Theo, estoy enamorado de ella. Le estaba mirando la boca el otro día y me sentía otra vez como un estudiante joven y nervioso, y dejaba caer en ella algodones y espejos. Más tarde, puse mis brazos en torno de ella para enseñarle cómo cepillarse. Esa dulce tontuela estaba acostumbrada a sostener el cepillo y mover la cabeza de lado a lado. El jueves próximo le daré gas anestésico y le pediré que se case conmigo.

 

Vincent.

 

La última de estas cartas termina con unas frases que evocarán en más de uno al padre que nos aconsejó otra carrera. Por suerte, mi vocación, la de escribir, no se frustró con la de dentista: se sumó en más de un aspecto. Dice Woody Van Gogh:

 

Oh, bien. A veces quisiera haberlo escuchado a papá y haberme hecho pintor. No es tan excitante, pero se lleva una vida más regular.

Entre cuentos donde se vive la odontología con humor, hay uno que me ha hecho reír mucho y, sin embargo, desconozco casi todo lo referido a él. Sólo sé que se lo ubica en la literatura de la ciencia ficción rusa, que fue publicado en 1963 y que su autor es un tal I. Varshavsky.

No puedo evitar es cierta sensación de que alguien nos estaba tomando el pelo a los lectores. Si usted sabe la verdad, cuéntemela. No recibirá 3000 dólares de la revista Life por revelarme la verdadera identidad del autor; sí, mi sincero agradecimiento. Lo transcribo íntegro. Se llama Fábrica de dientes naturales. [Nota de U.O.: el nombre ruso es seudónimo de Edward Samson, dentista humorista ingl´pes]

 

-¿Quién está esperando al Dr. Hipocrátiva? Pase, María Avintzevna. Esto es para usted, doctor. Tome asiento en el sillón.

-¿Qué puedo hacer por usted?

-Mis dientes anteriores.

-Sí, veo que le faltan los cuatro dientes anteriores superiores. ¿Qué clase de dientes desearía usted?

-Los corrientes. Blancos. Un puente tomado de coronas de oro.

-No es eso lo que le pregunté. ¿Quiere dientes de leche o dientes permanentes?

-Perdóneme: no le entiendo.

-No hacemos dientes postizos: hacemos crecer dientes nuevos. Es la última técnica. Se registra la corriente biológica de un donante en una cinta magnética, que luego adaptamos a las encías. El donante es un niño en el momento en que le cortan los dientes. La corriente influye y promueve el crecimiento de los dientes naturales en el maxilar. Es posible hacer crecer dientes de leche en una sola sesión. Los dientes permanentes para una boca como la suya pueden tomar unas tres sesiones. Si no está muy apurada, le recomiendo dientes permanentes. Aunque el procedimiento para los permanentes es un poco doloroso, los resultados son mucho mejores. La masticación es mucho más eficiente aun con los alimentos más consistentes.

-Muy bien; hágame unos dientes permanentes.

-¡Perfecto! Conseguiremos la cinta. Cuatro dientes superiores frontales... ¡Tenemos esa! El donante es Vasilev, de seis años. Tamara, consígame la cinta grabada. Usted abra la boca lo más que pueda. Adaptaremos las conexiones a sus encías. Levante un poco más la cabeza. ¡Magnífico! ¿Consiguió la cinta, Tamara?

-Aquí está.

-Cárguela. Conecte los conductores. ¿Está todo en marcha?

-Todo.

-Ahora, relájese. Tómelo todo con calma. Estoy estableciendo el contacto.

Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz.......................

-¿Cómo se siente, señora?

-Siento un agudo dolor punzante en mi boca.

-¿Duele mucho? Eso es malo. Lo siento; tendrá que soportarlo. vale la pena. Un proverbio francés dice: quien quiera celeste, que le cueste. Hace unos años ni soñábamos con la posibilidad de hacer crecer dientes nuevos. Ahora, con las corrientes biológicas, somos capaces de hacerlo, rápidamente.

-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.......................

-¡Qué paciente nerviosa es usted, señora! Ya le dije antes que sentiría alguna molestia. No puede ser para tanto: recuerde que sólo le están cortando los dientes.

-Ooooooooooooooooooh.......................

-¡Mire que es usted bastante molesta! Tamara, póngale los contactos en las sienes. Para tranquilizarla utilizaremos la corriente biológica de un donante que está viendo una comedia para televisión. No, Tamara, ahora no un filme de Lenín. Démosle anestesia general con Carlitos Chaplín.

-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa........................

-¡Hay que poner fin a esta sesión! ¡Veamos por qué grita tanto!

-¿Qué pasa?

-¿Qué cinta le dije que trajera, Tamara?

-La del donante Vasilev.

-¿Cuál trajo?

-La que usted pidió.

-¿Por qué, entonces, crecen pelos en su boca en vez de dientes?

-No es mi culpa. Otra vez se habrá mezclado en el Archivo de Registros. El problema es que tienen demasiados donantes con el nombre Vasilev y es probable que me hayan dado la cinta con una corriente biológica empleada en el Departamento Cosmético para curar calvicies.

-¿Dónde tiene usted esos ojos? ¡Nos envían toda clase de inútiles! Lleve a la paciente inmediatamente al Departamento Cosmético. Dígales que eliminen enseguida el cabello de la mucosa bucal de esta señora. Asegúrese de que empleen una cinta con corriente biológica de un donante que esté perdiendo el cabello rápidamente. Y vea bien de no confundir todo esta vez también.

 

¿Incluirán las cintas con corriente biológica todas las asociaciones mentales vinculadas a los dientes? Me surge esta pregunta por haber leído un reminiscente cuento inédito de Javier Villafañe, autor argentino que tuvo una larga y rica vida. Nació en Buenos Aires a comienzos de este siglo. En 1933 comenzó a recorrer su país en La Andariega, una carreta tirada por caballos, haciendo títeres de pueblo en pueblo. Después armó su retablo en una canoa y más tarde en una casa rodante. Viajó por América, Europa y China, y en España siguió en La Mancha los pasos de Don Quijote. Esto lo narró en su libro Maese Trotamundos por el camino de Don Quijote. Este Maese Títere, trotó mundos por casi sesenta  años, de la mano de su creador. Éste, además, ha escrito obras teatrales, poesías y narraciones. Entre éstas últimas, inédita aún, se encuentra Los dientes, que me honra incluir íntegra antes de su publicación, por atención en vida de su autor.

 

Había terminado de vestirse y no encontraba los dientes.

-¿No sabés dónde dejé los dientes? -le preguntó a su mujer.

-Antes te pasaba lo mismo con los anteojos -respondió la mujer desde la cocina-. Siempre los perdías. Hasta que te compraste otros y tenías un par. ¿Te acordás?

-¿Querés que me haga hacer otro juego de dientes? Si todavía no terminé de pagar éstos. Y agregó: -Faltan cinco minutos para las nueve y a las diez me espera un cliente. Es un funcionario. No puedo presentarme así y hablar con la boca cerrada como si estuviera rezando. Además, quién vende un seguro de vida sin dientes.

-Mirá dónde los dejaste -dijo la mujer-. Detrás de la licuadora.

-Ahora me acuerdo. Los dejé anoche cuando fui a hacer un jugo.

La mujer llevó la dentadura postiza al cuarto de baño. El hombre destapó el dentífrico. “No se olvide -le había dicho el dentista-, cepíllelos siempre antes de ponérselos y con el mismo cepillo se hace unos masajes en las encías. De noche, se los quita. Y si alguna vez se va a acostar con otra mujer se los deja puestos. Para hacer el amor no molestan los dientes postizos”. “No se cepillen los dientes. (Oía la voz de la abuela) Se les cae el esmalte. Si a una piedra la cepillan todos los días termina por gastarse. Yo nunca usé un cepillo de dientes. Y miren mi dentadura” (Y mostraba la doble fila de dientes, blancos, perfectos). Seguía cepillando la dentadura postiza. “Los dientes es una cuestión de herencia”. “Abra la boca -le dijo el médico cuando fue a hacer el servicio militar-. Ni una caries”. “Me gustan tus dientes. Me gusta acariciarlos, pasarte los dedos, la lengua por los dientes”.

 

Gastón de Pawlowski (1874-1933), autor dadá, rn uno de sus libros (Inventions nouvelles et dernières noveautés, París, Fasquelle Editeur, 1917), con humor disparatado y cruel, propuso una “dentadura postiza para familias pobres”. El texto sugiere comentarios políticos y sociales, que me reprimo de hacer aquí. No dejo de señalar la adaptabilidad del prodigioso aparato descrito que se adecua a las dimensiones bucales de quien lo utiliza; siendo que a los dentistas nos cuesta en ocasiones lograr que una dentadura vaya bien en nada más que una sola boca.

 

Nos complace poder anunciar, a la gente de escasos recursos, la creación de la nueva dentadura postiza para familias pobres.

Esta dentadura, formada por treinta y dos dientes artificiales, está montada sobre encías de caucho rojo. Puede ser utilizada en forma alternativa por los miembros de una familia con bocas de diferentes tamaños. Según las necesidades del día, los trámites que se deban efectuar, la dentadura pasa de boca a boca y se adapta exactamente a las respectivas exigencias.

Advertimos, además, a la gente de recursos aun más escasos, que no puedan comprar la dentadura postiza para familias pobres, que por un precio ínfimo puede adquirirse el modelo reducido para familias muy pobres. Sólo tiene seis dientes, más que suficientes para una alimentación limitada, en estos tiempos de carestía.

 

Y también le llega la burla a la prostodoncia (nombre de una rama de la odontología que aun cuando se dedique a las prótesis a mí me suena a próstatas), en el Secreto de las dentaduras postizas.

 

Llegué a tener gran amistad con un dentista famoso al que iba a visitar cuando la sala de la “dentición” estaba ya clara de visitas, limpia de presencia, todo lo niquelado como si fuese nuevo en un bazar de cirugía.

Un día en que habíamos vivido el sábado como si fuésemos colaboradores dramáticos, me quiso hacer la confidencia suprema y me dijo con cierto sigilo: -¿Sabes de dónde son todas esas dentaduras postizas y con qué dientes se hacen?... Pues con dientes de negros... Como habrás notado, las dentaduras de los negros son admirables y su sonrisa reluce como si fuese de plata. Los exploradores de dientes postizos nos los envían de África... Guárdame el secreto, pero cuando alguien te muestre su dentadura postiza, piensa que te sonríe un negro...

 

Ahora voy al seriecísimo Don Santiago Ramón y Cajal, médico, histólogo creador de un famoso método de tinción de tejidos, ensayista enjundioso, quien no quiso dejar de hincar el diente en la odontología y en la poesía repetitiva de antaño y escribió:

 

La bella dentadura en la mujer -el consabido collar de perlas de los poetas- es como una promesa de permanente jovialidad y de buena digestión. A propósito de lo cual se me ocurre que si la primera dentición hace llorar, la tercera -es decir, la comprada-, hace reír.

 

Sabiamente, al enumerar las decadencias del hombre, no menciona -¡qué buen error hubiera sido! -que los dientes deban perderse con los años.

El humor madrileño, según cuenta Ramón de Mesonero Romanos en sus Escenas Matritenses, aflora también en los letreros, como que hay uno que anuncia:

Aquí se sacan muelas a gusto de los parroquianos.

Los madrileños y su humor llenaron la escena española de la mano de Don Ramón de la Cruz y Olmedilla, autor de arriba de quinientos sainetes, donde los convirtió en arquetipos, no siempre de lo mejorcito. Entre sus personajes, hay un tuno -en Manolo- al que llaman el Mediodiente, quien como pendenciero que era, bien pudo ganarse el mote por haber perdido un trozo de incisivo. Su ofendida enamorada, la Remilgada, quien no es muy buena pieza que digamos -como que el nombre no le cuadra- rechaza a su pretendida media naranja -mediodiente, quiero decir- con este parlamento:

 

Yo no me hablo con gente sin vergüenza; / ni yo por medio diente más o menos / he de exponer mi aquel a malas lenguas, / no teniendo otra cosa más de sobra / que los dientes enteros y las muelas.

 

(Por si un proctólogo decidiera seguir con otro libro el ejemplo de éste, le informo que hay un personaje de Don Ramón de la Cruz que se llama Medioculo, y nada más, que las etimologías las dejo para mi supuesto émulo.)

Cuentan que el actor Walter Matthau, desde que se caló la chaquetilla de odontólogo para su trabajo en Flor de cactus experimentó una particular empatía con nuestra calumniada profesión. En entrevista, dijo algunas frases que recojo a continuación.

 

Los dentistas repiten una frase que dice “vea a su odontólogo por lo menos dos veces al año”. ¿Qué clase de relación o amistad es ésta? Hay hombres que ven a su suegra con más frecuencia. Cada uno elige lo que mejor le parece: yo prefiero ver a mi dentista antes que a mi suegra. En cualquier ocasión. Haga de su dentista un amigo. Aun cuando sus dientes no necesiten más de una verificación dos veces por año, tómese la costumbre de dejarse caer por el consultorio cada tanto. Coméntele qué gorditos están los peces del acuario de la sala de recepción. Puede que, en último término, él no le reduzca la cuenta, pero podría ocurrir que la próxima vez reduzca un poco la presión que le hace con el torno. La mayor parte de la gente no piensa gran cosa en su dentista. Pero si uno lo piensa bien, se da cuenta de que él también es humano. Este síndrome de odio y temor que la gente siente por su dentista no tiene sentido. Él sangra, posee sentimientos y padece preocupaciones, y hasta debe visitar él también al dentista. Conozco a un muchacho que se pasó todo el tiempo necesario estudiando odontología en la facultad. Cuando se graduó, abrió un consultorio y ejerció con éxito durante tres años. Al cabo de ese tiempo abandonó todo: no podía resistir el ser odiado por cada paciente que llegaba y se sentaba en su sillón. Es una vergüenza; era un buen muchacho. Hoy está trabajando con unos obreros que arreglan calles (maneja el torno neumático). Piense lo que pudo haber hecho por él un poco de amistad.

Más de una vez me he quejado del humorista sin gracia que lo único que sabe -- al estilo del mal payaso de circo -- es burlarse del dentista, para perjuicio de la confianza del público y de su salud. Ahora me toca mostrar la otra cara de la moneda, tan fea también que ni sumadas hacen una buena moneda: es el mal dentista y mal versificador que se burla del paciente, de cuya actitud no quiero mostrar más que lo apreciable en las siguientes pocas líneas:

 

Señor, diría para ilustrar este momento / qué pozo de residuos bosteza usted ante mí, / qué montones cenagosos de tártaro y encías colgantes, / qué apestosas caries alojan esos premolares, / y usted se retorcería con elemental embarazo, no dolor... / Quizá tiene usted una esposa... / ¡Cristo, hasta mi endurecido estómago se retuerce / al pensar en ello!..

 

¡Cuánto más saludable reírse de uno mismo! Sirve para sentirse mejor o para tolerar bien al paciente que formula agresivamente un reproche -sobre todo, si es justo- o para manejar situaciones cotidianas que, si no, conducen a la violencia. En una selección de poesía ligera a cargo del notable poeta contemporáneo W.H. Auden, un colega anónimo dejó su epitafio:

 

Extraño, acércate a este lugar con gravedad; / John Brown está llenando su última cavidad.

 

Declaración de amor que, también dentro del tema femenino, me evoca esta otra que estimo muy superior, apreciativa de la mujer, sumamente ingeniosa y de un humor sobresaliente, producto de John Yow, joven poeta norteamericano.

 

Cómo me gusta someterme a tus variados abrazos. / Yo, reclinado y cómodo, tu cara muy cerca de mí, / veo mi deleite en tus grandes ojos avellanados / y estudio cada línea del arco de cupido de tu boca / (levemente separados, esos labios suaves, plenos / agregan un aliento leve y dulce a tus expertos manejos); / o le soixante-neuf, tu cara en pose invertida, / tus manos fregadas sondando mis más germinosos rincones, / mi boca abierta ubicada -¡ahí! justo ahí- / y mi lengua ocupada (aunque sin obstaculizar); / y oh esos instrumentos, tus objets d’amour: / no la correa y el cuero fácil de las orgías, / sino el acero brillante, limpio, frío, que no cede. / ¡Házmelo, Kate! Házmelo, como tú sola puedes... / Mis dieciocho molares serán como maná del cielo / para treinta minutos de tan hábil experta

 

(Intencionalmente no di el título del poema -“Katheleen, higienista diplomada”- para que el lector descubriera solo la clave de esta ambigua declaración.)

Como una de las funciones importantes (muy) de la boca es el beso, procuraré cerrarle la boca escatológica al veronés Catulo con sus propios versos de amor y de humor, de humor de enamorado:

 

¡Vida, mi Lesbia, vida y amor para siempre! / Todos los chismes de ancianos graves y reverenciables / -¡ciérrales tus ojos! -no valen un centavo. / Los soles pueden hundirse y resurgir por la mañana: / nuestro breve día, una vez extinguido, / pasa a un sueño en el que no se anda más. / Dame besos -mil, después cien, / y todavía mil, junto con cien más. / Después de esto, cuando hayan pasado varios miles, / destruyamos la cuenta y a olvidarla, / para que ningún envidioso pueda herirnos / cuando sepa que nos hemos besado tanto.

 

Quevedo, hace tres siglos, aun cuando autor del mejor soneto de amor de la lengua castellana (aquel del “polvo enamorado”), también supo reír con ganas como Catulo, como cualquier hombre de mérito que sabe que la seriedad no pasa por la jeta fruncida.

 

Boca pequeña y fruncida, que hace hocico de hurón y parece oído, denota oscuridad en los dientes, y es como tener encías con saetera en lugar de ventana(1631)

 

Casi todo lo que ella decía era cierto, pero, como reía tanto, a menudo sus amigos creían que estaba bromeando y seguían siendo sus amigos. Tenía dientes hermosos, parejos y fuertes hasta bien atrás, y de alguno de sus amigos se sabe que dijeron que era tal placer contemplarle los dientes que no importaba mucho qué decía. Claro está, había unas pocas personas a quienes esa risa no las engañaba ni se distraían por ese despliegue de dientes, y esas personas la odiaban.

No suelen caer muy bien quienes ríen por lucirse. Richard Brinsley Sheridan (1751-1816), en La escuela del escándalo, donde los criticones se lucen, leemos este diálogo:

 

SIR BENJAMIN: Pues, ella tiene dientes muy bonitos.

LADY TEAZLE:Sí, y por ese motivo, cuando no está hablando ni riendo (lo cual raramente sucede) nunca cierra por completo la boca, sino que la deja siempre entreabierta, así... (Lo demuestra.)

MRS. CANDOUR: ¿Cómo puede ser tan maligna?

LADY TEAZLE: No, si hasta puedo aceptar que eso es mejor que los esfuerzos que hace Mrs. Prim por ocultar sus pérdidas en los frontales. Aprieta la boca hasta que se parece a la bolsa de un pobre y sus palabras parecen deslizarse de costado.

 

Elija el lector, o la lectora, si prefiere pertenecer a los de boca fruncida o a los del gran despliegue. Los dentistas que me lean no lo dudarán; no debieran hacerlo los demás. Una gran sonrisa cierre este capítulo de humor y dientes.

Pero peor, para troncharse de risa, vea El dentista muerto de risa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El dentista muerto de risa

 

El Decanato de la FOUBA me generó un generoso ataque de carcajadas. Que degeneró en una caída de culo al suelo, para seguir allí desternillándome de risa, ante esta “barbárica” barrabasada de ignorancia tal que sólo puede igualarse a las atrocidades idiomáticas de la  RAOA y su inglés peor que el pidgin English  [baste señalarles que el último número de 2012 tenía como título de Editoriasl esta flagrante prueba de ignorancia: decía The presente of Endodontics (el¿ regalo?  – y .¿Mayúscula? Brutish English]

Me remito a las pruebas y a continuación va la lista que se entrega a los alumnos que ingresan. ¡Pobrecitos! ¡Vaya muestra de qué les espera!

 

GLOSARIO  ODONTOLOGICO  DE  TERMINOS  GENERALES

 

 

Dirección del Área de Educación Odontológica

y Asistencia Pedagógica

 

 

A

Abscess: Absceso

Acrylic: Acrílico

Acute Pain: Dolor Agudo

Air/Water Syringe: Jeringuilla (?) de aire y agua

Air-turbine handpiece: Pieza de mano para turbina de aire

Abrasion: Abrasión

To Ache: Doler

Ache: Dolor (sordo y continuo)

To Adjust: Ajustar

Alginate: Alginato

Alveolar Bone: Hueso alveolar

Alveolar ridge: Cresta alveolar

Alveolitis: Alveolitis

Alveolus / Alveoli: Alvéolo/s

Allergic: Alérgico

To Alleviate: Aliviar, Calmar, Paliar

Allys: Aleaciones

Amalgam: Amalgama

Anchour teeth: Diente pilar

Anesthetic: Anestésico

Anesthetize: Anestesiar

Anesthesia: Anestesia

Antibiotic:Antibiótico.

Anticoagulant: Anticoagulante

Antinflammatory drugs: Medicamentos antinflamatorios

Antinflammatory process: Proceso antinflamatorio

Apex: Ápice

Arch: Arco

Articulator: Articulador

Apicoectomy: Apicectomía

 

B

Bad Breath: Mal aliento, halitosis

Bacteria: Bacteria

To be admitted: Ser admitido

To be in good health: Estar sano

To become inflamed: Estar inflamado

Bicuspid: Bicuspide

Bite: Mordida

Bite wing: Mordida abierta jeje

To bite: Morder

Bleaching agent: Agente blanqueador

To bleach: Blanquear

To bleed: Sangrar

Blood: Sangre

Blood pressure: Presión sanguínea

Body: Cuerpo

Bone: Hueso

Bow face: Arcos faciales   ????  al vesre

To bother: Molestar

Brackets: Brackets

To Breath deeply: Respirar profundo

Bridge: Puente

Brief procedure: procedimiento breve

Bristles: Cerdas

Broken tooth:  Pieza dentaria fracturada

To brush up/down: Cepillar de arriba hacia abajo

Bucal impression: Impresión bucal          jeje

Bucal respiration: Respiración bucal        jeje  

Bur: Fresa

Burning pain: Dolor con ardor

Brush: Cepillo

Bruxism: Bruxismo

 

C

To cancel an appointment: Cancelar una cita

Canines: Caninos

Cankers Sores: Llagas, aftas

Cavity/Caries: Caries

Cement: Cemento

Central incisor: Incisivo central

Check-up:  Chequeo

Cheek: Mejilla

Cheek bite tray: Cubeta para tomar impresiones    jeje

Chew: Masticar  

Chewing: Masticación

Chronic: Crónico/a

Cleaning: Limpieza

Composite: Resina        jeje

Cotton carriers: Porta algodones.

Cottton pliers: Pinzas para algodón    DE  vaso DE agua, no CON ni PARA

To cough: Toser

Crowns: Coronas

Cuspid: Cúspide

Curettage: Curetaje

 

D

Damage: Daño

Damaged root: Raíz dañada

Decayed teeth: Pieza dentaria cariada

Decidious tooth: Pieza dentaria temporaria.  diente

Dental care: Cuidado dental

Dental eruption: Erupción dental             dentaria

Dental floss: Hilo dental 

Dental materials: Materiales dentales

Dental office: Consultorio odontológico

Dental patients. Pacientes odontológicos

Dentin: Dentina

Dentition: Dentición

Denture: Dentadura postiza (prótesis)

Dentistry: Odontología

To diagnose: Diagnosticar

Discomfort: Malestar

Disease: Enfermedad

Distal surface: Superficie dental

Dry mouth: Boca seca

 

E

To ease the pain: Aliviar el dolor

Endodontics: Endodoncia

Enzymes: Enzimas

Epidemiology: Epidemiología

Excess bleeding: Hemorragia excesiva

Exposed root: Raíz expuesta

Extraction: Extracción

 

F

Face bows: Arcos faciales

Filer: Lima  jeje

To fill a prescription: Preparar una prescripción

Filling: Obturación, Empaste           jeje   restaur

First premolar/bicuspid: Primer molar/ bicuspide  jeje

To fix: Arreglar

Fixed denture: Prótesis fija

Flap: Colgajo

Flouride mouthrinse: Buches de flúor  

Flouride toothpaste: Pasta dental con flúor

Foramen: Cavidad     jojojojo

Fractures: Fracturas

Frenum: Frenillo

Funcional epithelium: Epitelio de unión  jejejeejojojo????puaj

 

G

Gauze: Gasa

Germs: Gérmenes

Gingivitis: Gingivitis

Gloves: Guantes

Grind on your back teeth: Mordedura con piezas dentarias posteriores   jeje jeje jeje jeje jeje jeje

Gum: Encía

 

H

Handpiece: Pieza de mano

Head: Cabeza

Healed: Cicatrizado, curado

High risk for infection: Alto riesgo de infección

Hygiene: Higiene

Hypertrophy: Hipertrofia

 

I

Implant/ s: Implante/s

To improve: Mejorar

Incisor: Incisivo

Increasing in size: Aumentando de tamaño

Infection: Infección

Inflammated: Inflamado/a

Inflammation: Inflamación

Injection: Inyección

Injured: Dañado/a

Inlay: Incrustación

Inner: Interior.

Inner layer: Capa interna.

Innocous: Inocuo

Instrumetal: Instrumental

Intervention: Intervención

Intraoral: Intraoral

Intraoral mouth mirror: Espejo intra oral

Intravenous: Intravenoso    endo

Irrited tissue: Tejido irritado     lapsus calami

To isolate: Aislar

 

J

Jaw: Mandíbula

 

L

Labial: Labial

Lateral: Lateral

Layer: Capa

Lesion: Lesión

Lateral incisor: Incisivo lateral

Left: Izquierda/o

Lip/s: Labio/s   jeje jeje jeje

Lower jaw: Maxilar inferior

Lump: Nódulo   yyyyyyy

 

M

Mask: Barbijo      mmmm

Mirror: Espejo

Malformations: Malformaciones

Moderately: Moderadamente

Molar: Molar

Mouthrinse: Buches

Mouthrinse liquid: Colutorio

Mouthguard: Protector bucal

Muscles: Músculos

 

N

Neck: Cuello

Needle: Aguja

Nerve: Nervio

Numbness: Entumecimiento

 

 

O

Oral care: Cuidado bucal

Odontopediatric: Odontopediatría

Outer layer: Capa exterior

Orthodontics: Ortodoncia

Overbite: Mordida abierta

 

P

Painful: Doloroso/a

Pain Killers: medicamentos para el dolor

Palate: Paladar

Palatine bone: Hueso palatino

Parotid gland: Glándula parótida

Patient: Paciente

Patient chart: Historia clínica

Periodontics: Periodoncia

Permanent dentition: Dentición permanente

Periodontal disease: Enfermedad periodontal

Periodontal pocket: Bolsa periodontal

Plaque: Placa

Plaster: Yeso

Plaster spatula: Espátula para yeso

Pliers: Pinzas

Pockets: bolsas

Poor oral higiene: Mala higiene bucal

Posterior teeth: Piezas dentarias posteriores

¿Por qué PIEZAS, y no dormoitorios o baños, ya que no dientes

Porcelain: Porcelana

To prevent: Prevenir

Primary tooth: Pieza dentaria temporaria

To protect: Proteger

To provide: Proveer

Prove: Sonda

To pull a tooth: Extraer una pieza dentaria.

Pulp: Pulpa

Pulp necrosis: Necrosis pulpar

Pulpotomy: Pulpectomía

 

R

Radiology: Radiología

Radiologist: Radiólogo/a

Receding gums: Encías hundidas

To recommend: Recomendar

To reduce the swelling: Reducir la inflamación jeje

Relaxed: Relajado

Removable denture: Prótesis removable

Resine: Resina

Restauration: Restauración

To rinse: Enjuagarse

Risk factors: Factores de riesgo

Right: Derecho/a

Root/s: Raíz/es

Root canal: Canal radicular jeje jeje jeje jeje

Root canal treatment: Tratamiento de conducto

Rough: Áspero

Rotated: Rotado

Rubber dam clasp forceps: Porta clamp

Rubber dam frame: Dique de goma   arco de

 

S

Saliva: Saliva

Saliva ejector: Eyector de saliva

Salivary glands: Glándulas salivales

To salivate: Salivar

Scalpel: Bisturí

Scissors: Tijeras

Side effects: Efectos secundarios

To scrape: Raspar

To schedule an appointment: Concertar una cita

To seal: Sellar

Sealant: Sellador

Sealing off: Obturación.

Second molar: Segundo molar

Second premolar /bicuspid: Segundo premolar bicuspide

Sensitive teeth: Piezas dentales sensibles

Sensitivity: Sensibilidad

Sharp pain: Dolor agudo

Side: Lado

Slightly: Ligeramente

To smile: Sonreir

Smooth: Suave

Sinus: Seno maxilar

Sore: Adolorido/a   y…

Socket: Alvéolo

Spatula: Espátula

Spitoon: Salivadera

Stain: Mancha

Sterile needle: Aguja esterilizada

To sterilize: Esterilizar

To stick out your tongue: Sacar la lengua

Sublingual glands: Glándulas sublinguales

Submandibular glands: Glándulas submandibulares

To suck: Sorber

Suction: Extractor de saliva   succión

Surfaces: Superficies

Suture needle: Aguja de sutura

Suture pliers: Pinzas de suturar

Sutures: Suturas

Surgeon: Cirujano/a

Surgery: Cirugía

To swell: Hinchar

Swelling: Hinchazón

Syringe: Jeringa

 

T

To take some x-rays: Sacar unas radiografias

Tartar control toothpaste: Pasta dental con control de sarro      jeje

Therapy: Terapia

Third molar: Tercer molar

Tissue: Tejido

Thumbsucking: Chuparse el dedo  ¿no era sorber?  jeje

Tobacco:Ttabaco

Tongue: Lengua

Tooth/ teeth: Pieza dentaria / piezas dentarias

Toothache: Dolor de muela

Tooth brush: Cepillo de dientes

Toothpaste: Pasta dental

Toxins: Toxinas

Treatment: Tratamiento

To twist: Torcer

Temporal maxilar joint (TMJ): Articulación témporo mandibular (ATM)

 

U

Ulcers: Úlceras

Ulcerated Area: Área ulcerada

Upper jaw: Maxilar superior

 

W

Wating room: Sala de espera

Wax: Cera

Whitening tooth paste: Pasta dental blanqueadora

Wisdom tooth: Muela de juicio

X-ray: Radiografìa

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