Malapropismo…   

Los anglófonos llaman malapropism A lo que algunos hispanohablantes llaman lapsus, aunque hay diferencias sobre todo en lo cómico que puede ser el “malapropismo”, muy común entre quienes no están en las ciencias y pueden entender cualquier cosa a veces muy divertida. La palabra deriva de una comedia del inglés Richard Brinsley Sheridan, llamada Los rivales, escrita cuando tenía 23 años, en 1774 y del nombre de un personaje, la Sra. Malaprop. Sus comiquísimos deslices linguales (“palabras tan ingeniosamente mal aplicadas, sin estar mal pronunciadas”, dice Sheridan) han sido así llamados desde entonces. ¿Por qué me cuenta esto, Sr. U. O.? Porque la comedia de la época llamada Restauración y supongo que lo de “restauración” le suena tan dientoso como a mí. O quizá porque un poco de malabares con las palabras ayuda a ejercitarse en el uso de la lengua (ver EDITORIAL). El filósofo Wittgenstein dijo: “Nunca se quede en las yermas alturas de la viveza cuando puede descender a los verdes valles de la simpleza”. Esta comedia transita de simple en simpleza a cual más cómica y de lo mejor que escribió el autor de la famosa La escuela del escándalo.

Ciencia y arte: ¡compatibles!   El estudio de la anatomía durante los siglos 18 y 19 devino parte importante de las carreras artísticas. El Dr William Hunter, fue el primer Profesor de Anatomía de la Academia Real de Bellas Artes inglesa, y hasta realizó disecciones allí. Para que éstas no se hicieran innumerables, se optó por  realizar modelos, a veces de vaciados directos, como el de Smugglerius (contrabandistus), tomado del cadáver de un contrabandista que acababa de ser ahorcado. Como Hunter consideraba la musculatura notable, lo hizo llevar directamente a la Academia, lo desollaron, lo pusieron en la pose del Gladiador Agonizante y entonces hicieron el vaciado. Tenía gran ojo para la pintura y por ello adquirió las mejores obras de Joshua Reynolds (Presidente de la Academia, que le dio su Discourses to the students of the Royal Academy), de Chardin, de quien obtuvo El entierro de Cristo, perfectamente atribuible a Rembrandt.

William Hunter, médico y coleccionista, fue único no sólo por haber donado todas sus riquísimas colecciones para un museo en Glasgow, sino por el exquisito gusto y la notable sapiencia para elegir de lo mejor en incunables, antiguas impresiones ilustradas y grabados, incluidos los de Piranesi de la antigua Roma, Veduti di Roma de 1765.

En total, 10.000 volúmenes, 500 impresos en el s XV, incluidos dos Cicerones. Hunter tenía una posición muy acomodada y aumentó considerablemente sus bienes con la profesión y como médico de la reina. Pero, hear, hear!, les dijo a sus alumnos que el dinero de nada le servía si no era para adquirir y comunicar la ciencia.

 

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