Los labios, los besos y el amor...

                                                                 Como complemento de la nota para los pacientes va una digresión paradójicamente muy al caso. “Comenzamos a besarnos sin ningún preámbulo, con una avidez que se reveló desde el principio. Sus besos no se parecían a ningún otro: la manera en que brindaba su boca, cómo tomaba mis labios, su búsqueda de mi lengua eran de distinta madurez: no había en ella nada de muchacha. Entonces decidí extender mis besos a su cuello, a sus hombros desnudos, a su espalda descubierta porque había hecho bajar más el borde del vestido. Ése fue mi error, aquí mi derrota. En vez de besarla, llevado por la inercia de los besos (lo que comienza como caricia termina siempre como herida), pero tal vez par a mostrar una pasión posible, mordí su espalda. Ella se retorció en el asiento y la volví a morder, esta vez más fuerte y se produjo un sonido inesperado, un crac que me resultó agorero porque enseguida supe lo que haba pasado: no le rompí la nuca sino algo más terrible: se me habían partido los dientes. Claro que su espalda no era de hierro y mi mordida mecánica: los que se partieron fueron mis dientes postizos. Me retiré de su cuello y de su cuerpo con mis dos dientes en la boca, tratando de evitar que los viera, que supiera lo que había pasado, pero no pude reprimir una maldición. Ella [...] no tenía idea de lo que había ocurrido y así, cuando me vio levantarme, me siguió. Salí, salimos del cine, yo guardando en mi bolsillo los dientes falsos, ella detrás de mí preguntando todavía qué había ocurrido. Insistí en que me tenía que ir y la dejé allí bajo la marquesina [...] nunca más volví a saber de ella y, por supuesto, aunque mis dientes fueron reparados y pudieron una vez más ejercer su eficacia a la hora de la comida y en la sonrisa, prácticamente perfecta, nunca intenté utilizarlos en menesteres para los que no habían sido hechos: es evidente que no eran dientes eróticos: no servían para morder la carne cruda.” Guillermo Cabrera Infante  (La Habana para un infante difunto):

 

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