Las digresiones, indiscutiblemente, son el rayo de sol, la vida, el alma de la lectura.  Si las quitan de mi libro, por ejemplo, bien podrían llevarse también el libro con ellas—reinaría un frío invierno en cada página – […] incorporan la variedad, e impiden que el  apetito decaiga." Lawrence Sterne, (en su obra cumbre, plena de humorísticas digresiones)


 

El libre albedrío en la ciencia

Con la mente en la ciencia, muchos pensadores creyeron que era simplemente cuestión de recolectar suficiente información genética, familiar, ambiental, educativa, etc, para poder predecir sucesos futuros con perfecta precisión. El libre albedrío, una mera ilusión.

La física moderna no piensa más así, considera una mezcla de teorías deterministas y estocásticas, por azar.[¿Recuerdan la polémica de si Dios jugaba o no a los dados?]

Los biólogos opusieron al libre albedrío la suma de  “lo innato y lo adquirido”; se discute la importancia de la genética y la etología con la cultura y el medio ambiente agregados.

En síntesis, la genética es una forma compleja para explicar a donde tiende el comportamiento, y se complica con los factores ambientales como el comportamiento de los padres y los estándares culturales, que modifican los genéticos. Aun concertando estos fenómenos, se  requiere el libre albedrío para explicar el comportamiento humano.

Podríamos comenzar a liberar criminales, estafadores, odontólogos de mala práctica, dirigentes de prácticas peores, si se sugiere que las personas que sufren de una predisposición genética a cometer esos actos quedan excusadas por el determinismo. No es así. La conducta  antisocial no necesariamente se vuelve un rasgo ineludible en la conducta del individuo.

Un párrafo que leímos puesto a consideración de nuestros lectores:

La experiencia del libre albedrío, con los nuevos estudios de resonancia magnética que investigan la función cerebral, surgiría de alguna combinación de neuronas, pero ¿cómo llegamos a que esta comunión de neuronas pueda mover  consciente, emociones y sentimientos? ¿O, si no, nuestro “yo” y nuestro libre albedrío pueden controlar neuronas y nuestro comportamiento? Y, entonces, ¿el cerebro es meramente una sopa tibia de grasa, colesterol y neurotransmisores? Este misterio sin resolver domina el debate moderno sobre la existencia de nuestra conciencia y la posibilidad del libre albedrío.

Para terminar, otro párrafo que leímos puesto a consideración de nuestros lectores; pertenece a Mario Vargas Llosa:

…la tremenda disyuntiva de decidir si los valores, la generosidad, la bondad, el amor, la amistad que hay en nosotros, o la maldad, el egoísmo, la mezquindad, lo rencoroso y perverso que también nos habita, resultan de una fatídica operación químico neurológica de nuestro cerebro o si detrás de todo ello hay lo que los existencialistas llamaban una elección, un actuar deliberado, decidido por una conciencia no condicionada biológicamente, que es libre y, por lo mismo, nos hace responsables de aquello que hacemos o dejamos de hacer.

…lo que está en juego … no es si Dios existe o no existe, sino si somos libres o no. Si los cien millones de neuronas que por lo visto vibran en nuestro cerebro deciden nuestros afectos y defectos, nuestras virtudes y vicios, no lo somos; aparentamos una libertad que no tenemos, pues nuestra conducta está dirigida fatídicamente por aquellos microscópicos organismos que pululan por nuestro cuerpo. No nos conviene que así sea, aunque lo fuera. La libertad, aunque parezca que la mimamos, termina por emanciparse a sí misma de toda forma de conductismo, y, aunque dicho así resulte una cacofonía, practicándola nos hace libres. ¿La larga historia de la humanidad no es, acaso, una testaruda lucha por escapar a esos condicionamientos físicos, naturales, en que han quedado atrapados los animales y de los que los seres humanos hemos ido liberándonos luego de innumerables aventuras, caídas y levantadas?

 

 

 

 

 

 

 

 

Marihuana con libre albedrío

https://encrypted-tbn1.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQCu3LfxvXny0bW6kiBZ-3DfwCmIb15tIfbkkvdJrimidCFD7AxJkpqTAMarihuana es el producto psicoactivo de la planta Cannabis sativa, usado con fines recreativos, religiosos y medicinales. Hoy se discute en algunos países la despenalización de su consumo e incluso la regulación de su comercio, dejada al libre albedrío; pero es ilegal en la mayor parte del mundo. Nuestro vecino Uruguay es pionero y hay un boom de cultivos en el país cisplatino.

El principal principio activo:

eltetrahidrocannabinol (THC), hace cinco milenios que se lo viene usando. El nombre marihuana parece haberse originado en México, tal vez a partir de Mari Juana hacia fines del siglo XIX; es posible que la h haya sido introducida por los consumidores estadounidenses para representar su pronunciación en inglés.

Marijuana es en la actualidad el nombre más frecuente de esta droga en los Estados Unidos, y en inglés y francés existen ya las formas coloquiales Mary Jane (bud, cannabis, cheeba, chronic, dank, doobage, dope, ganja, ganj, grass, Green, hemp, herb, MJ, marihoochie, mull, pot, sensimillia, shit, tea, twig, wackybaccy, wackytabaccy, wackytobaccy, whackytabaccy. Weed [con “pot” solía ser la más popular]) y marie-jeanne, respectivamente.

En 1927, una descripción de efectos de la marihuana aparece casi poética en Tirano Banderas, de don Ramón del ValleInclán:

El tiempo parece haber prolongado todas las acciones, suspensas absurdamente en el ápice de un instante, estupefactas, cristalizadas, nítidas, inverosímiles como sucede bajo la influencia de la marihuana.

[Sigue el tema médico-odontológico en misceláneas: “Efectos y riesgos del consumo de cannabis”]

El diente secreto

Cada tanto, volver a las raíces es gratificante. Cuando comencé la carrera tomé el hábito de marcar en mis libros de ficción todo lo que encontraba de odontología y anexos y así nació, como 30 años después, El diente secreto, la antología donde recopilé una parte de lo que habiendo seleccionando de mis lecturas.

Lo dejé de hacer tras la publicación del libro – bueno, casi – y hoy aporto una perlita más, tomada del libro Cuando pase tu ira, de Asa Larsson.

Los dientes amarillos de viejo le sobresalen de la boca. No lleva dentadura postiza, pero la suya original no vale gran cosa. (Pág 328)

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