Las digresiones, indiscutiblemente, son el rayo de sol, la vida, el alma de la lectura.  Si las quitan de mi libro, por ejemplo, bien podrían llevarse también el libro con ellas—reinaría un frío invierno en cada página – […] incorporan la variedad, e impiden que el  apetito decaiga." Lawrence Sterne, (en su obra cumbre, plena de humorísticas digresiones)


 

¿Sabe usted que nuestro Universo no es fortuito?

 

Las prácticas tradicionales de la ciencia  requieren escepticismo y una actividad racional que las vaya superando. Los Pensamientos Filosóficos son una colección de 62 aforismos de diferente extensión en los que Denis Diderot habla sobre esa  necesidad de mirar con revelo cualquier saber transmitido y someterlo a digestión intelectual y experimental.

 

Del Big Bang inicial hasta nosotros y

Universo Odontológico

 

Diderot inicia sus Pensamientos con las pasiones humanas naturales, para señalar lo dañino de censurarlas y condenarlas, fuentes de placeres y de pensamientos progresistas. Despojarse de los sentimientos de la naturaleza, es dejar de ser hombres y convertirse en estatuas. Una vida que no es digna de vivirse, pues quien sólo existe para santificarse guarda su libertad en un baúl, escribió. No abundemos. Bastará un par de pensamientos selectos.

 “La posibilidad de engendrar fortuitamente el universo es muy pequeña, pero la cantidad de combinaciones es infinita; es decir, que la dificultad del hecho está más que suficientemente compensada por la multitud de combinaciones posibles. Por consiguiente …  el espíritu debe estar más asombrado de la duración hipotética del caos que del nacimiento real del universo.”

“Habría bastante tranquilidad en este mundo si tuviéramos la completa seguridad de que nada hay que temer en el otro”.

 “Puedo admitir que el mecanismo del insecto más insignificante no es menos maravilloso que el del hombre, y no me preocupa que se deduzca que, lo que  ha producido uno, es verosímil que también haya producido el otro”. 

 

                                                                                  H.M.

Sabe usted cómo describió un beso Ian McEwan?

Así, casi odontológicamente:

Cuando se besaron ella sintió su lengua inmediatamente, tensada y fuerte, pasando entre sus dientes, como un matón que se abre camino en un recinto. Penetrándola. La lengua se le encogió y retrocedió con una repulsión instantánea, dejando aún más espacio para Edward. Él sabía bien que a ella no le gustaba aquel tipo de beso, y hasta entonces nunca había sido tan brioso. Con los labios firmemente prensados contra los de ella, sondeó el suelo carnoso de su boca y luego se infiltró en los dientes del maxilar inferior, hasta el hueco donde tres años antes le habían extraído con anestesia general una muela del juicio que había crecido torcida. Era la cavidad donde la lengua de Florence solía adentrarse cuando estaba abstraída. Por asociación, era más parecida a una idea que a un lugar, era más un nicho privado e imaginario que un vacío en la encía, y se le hizo extraño que otra lengua también entrase allí. Era la punta afilada y dura de aquel músculo ajeno, temblorosamente vivo, lo que le repugnaba.

……………………

Él estaba debajo de su lengua, se la empujaba contra el velo del paladar y después encima, aplastándola, para luego deslizarse con suavidad sobre los lados y alrededor, como si creyera que podría hacerle un nudo sencillo. Quería que la lengua de Florence realizase alguna actividad propia, engatusarla para que formasen un horripilante dúo mudo, pero ella sólo acertaba a encogerse y concentrarse en no forcejear, contener las arcadas, no sucumbir al pánico. Tuvo el pensamiento disparatado de que si vomitaba dentro de la boca de Edward el matrimonio quedaría disuelto allí mismo y ella tendría que volver a su casa y explicárselo a sus padres. Ella entendía perfectamente que aquel contacto de lenguas, aquella penetración, no era sino un ensayo en pequeña escala

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Sabe usted qué habló no Zaratustra, sino otro buen consejero?

 

 La paradoja de nuestro tiempo es que tenemos edificios mas altos y temperamentos mas reducidos, carreteras mas anchas y puntos de vista mas estrechos.

Gastamos mas pero tenemos menos, compramos mas pero disfrutamos menos.

Tenemos casas mas grandes y familias mas chicas, mayores comodidades y menos tiempo.

Tenemos mas grados académicos pero menos sentido común, mayor conocimiento pero menor capacidad de juicio, mas expertos pero mas problemas, mejor medicina pero menor bienestar.

Bebemos demasiado, fumamos demasiado, despilfarramos demasiado, reímos muy poco, manejamos muy rápido, nos enojamos demasiado, nos desvelamos demasiado, amanecemos cansados, leemos muy poco, vemos demasiado televisión y oramos muy rara vez.

Hemos multiplicado nuestras posesiones pero reducido nuestros valores.

Hablamos demasiado, amamos demasiado poco y odiamos muy frecuentemente.

Hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivir. Añadimos años a nuestras vidas, no vida a nuestros años.

Hemos logrado ir y volver de la luna, pero se nos dificulta cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino. Conquistamos el espacio exterior, pero no el interior. Hemos hecho grandes cosas, pero no por ello mejores.

Hemos limpiado el aire, pero contaminamos nuestra alma. Conquistamos el átomo, pero no nuestros prejuicios.

Escribimos más pero aprendemos menos.

Planeamos mas pero logramos menos.

Hemos aprendido a apresurarnos, pero no a esperar.

Producimos computadoras que pueden procesar mayor información y difundirla, pero nos comunicamos cada vez menos y menos.

Estos son tiempos de comidas rápidas y digestión lenta, de hombres de gran talla y cortedad de carácter, de enormes ganancias económicas y relaciones humanas superficiales.

Hoy en día hay mejores ingresos pero mas divorcios, casas mas lujosas pero hogares rotos.

Son tiempos de viajes rápidos, pañales desechables, moral descartable, sexo de una noche, cuerpos obesos, y píldoras que hacen todo, desde alegrar y apaciguar, hasta matar.

Son tiempos en que hay mucho en el escaparate y muy poco en la bodega.

Tiempos en que la tecnología puede hacerte llegar este mensaje, y en que tu puedes elegir compartir estas reflexiones o simplemente borrarlas.

 Acuérdate de pasar algún tiempo con tus seres queridos porque ellos no estarán aquí siempre.

Acuérdate de ser amable con quien ahora te admira, porque esa personita crecerá muy pronto y se alejará de ti.

Acuérdate de abrazar a quien tienes cerca porque ese es el único tesoro que puedes dar con el corazón, sin que te cueste ni un centavo.

Acuérdate de decir te amo a tu pareja y a tus seres queridos, pero sobre todo dilo sinceramente. Un beso y un abrazo pueden reparar una herida cuando se dan con toda el alma.

Acuérdate de tomarte de la mano con tu ser querido y atesorar ese momento, porque un día esa persona ya no estará contigo.

Date tiempo para amar y para conversar, y comparte tus más preciadas ideas.

Y siempre recuerda: “La vida no se mide por el número de veces que tomamos aliento, sino por los extraordinarios momentos que nos lo quitan.”

 

George Carlin.

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