Las digresiones, indiscutiblemente, son el rayo de sol, la vida, el alma de la lectura.  Si las quitan de mi libro, por ejemplo, bien podrían llevarse también el libro con ellas—reinaría un frío invierno en cada página – […] incorporan la variedad, e impiden que el  apetito decaiga." Lawrence Sterne, (en su obra cumbre, plena de humorísticas digresiones)


          

   

Correr el albur

 

Si viajara a México para conocer a mis guapas colegas y amigas de FB, seguro que escucharía más de una frase o palabra aparentemente sin sentido, y enseguida la risa de quien me lo dijo, es que me habrán «albureado». La combinación de verbos y sustantivos con gestos o sonrisas convierten una conversación inocente en un albur. Es un albur que estaría dispuesto a correr.

 

El albur mexicano, lenguaje popular de alusiones sexuales, es una divertida esgrima verbal donde gana quien tiene la respuesta más rápida y creativa, sin incurrir en groserías ni malas palabras. Dicen que podría ser un buen método educativo porque requiere un amplio vocabulario, atención y destreza mental para reaccionar en segundos.

Y aunque muchos creen que es un terreno exclusivo de los hombres, la mayoría de los alumnos son mujeres.

 

La campeona nacional de albur, Lourdes Ruiz, comenta la frase mexicana «hay muy buenos relojeros que de un anillito te hacen un medallón». La clave está en anillito y medallón: la primera es una forma de decir ano, y la otra es igual a decir «me das». Para que este lenguaje funcione, el aludido ha de reír, si no, el albur no funcionó. Predomina su uso en el popular barrio de Tepito, en el centro de Ciudad de México. Allí, si  te hablan de tacos de cabeza, dices: pues chupa limón. Traducción: cabeza igual a pene, y el verbo que le sigue se explica por sí solo.

 

Contracultura y resistencia y hasta feminismo

 

Alburear, parte de la idiosincrasia de los tepiteños, se convirtió en un símbolo de resistencia cultural, un modo de no seguir perdiendo la esencia del mestizaje con España que trajo aparejada otra forma de llamar a las cosas, entre el nombre indígena y el español: “La picardía mexicana y la fenomenología del relajo (fiesta, desorden) son algo que identifica al mexicano contra la fayuca (contrabando) cultural, el coloniaje que sigue presente para supuestamente hacernos hablar correctamente.”

En México muchos creen que el albur es sólo para hombres, pero desde hace algunos años las mujeres parecen ganar terreno. La campeona Lourdes Ruiz es un ejemplo. Cuando era niña se desesperaba porque nadie le explicaba las bromas con doble sentido, muchas dirigidas hacia ella. Tuvo que aprender en las calles del llamado barrio bravo, a defenderse de las alusiones sexuales y desarrolló tal habilidad que en 2007 fue designada la campeona nacional. Y decidió enseñarlo a otras mujeres, porque si bien puede ser un lenguaje lúdico, también puede resultar molesto. El albur, pues, resultó una inusual herramienta de igualdad, inimaginada por Mary Wollstonecraft [ver para la odontóloga]. Ruiz, de esta igualdad, dice: “Tan sencillo, los hombres tienen lo que queremos, nosotras tenemos lo que ellos desean.”

 

                        HM


       
                                      
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