Variadas imágenes dentarias…  

 

Sin duda, según el punto de vista, será la imagen que se tenga de la odontología. Así, Prion, escribano en Aubais, burgo languedocino, escribió en su Pequeña cronología: el jueves, 4 de febrero de 1745, que el señor Baudran, curtidor de 64 años, se casó con la señorita Thérèse Batifort, de 44: “La señorita dice tener 22 dientes o muelas, y el novio no tiene más que 14, habiéndole podrido la edad los que hubieran podido ser pasaderos.” Curiosa la observación y tanta falta de dientes. En un libro muy de moda (Matthew Pearl: El club Dante), se habla de la reposición de los dientes, dándole más importancia: “Eran dientes postizos, realizados con el cuidado de un artista por un eminente odontólogo de Nueva York, a fin de complacer el deseo del juez Healey de presentar un aspecto más elegante en el estrado. Se sentía muy orgulloso de ellos, y explicaba su procedencia a cualquiera que quisiera oírlo, sin comprender que poner la vanidad en cosas tan accesorias sólo disuade a los demás de hablar de ellas. Eran demasiado brillantes y nuevos, como hechos para incidir sobre ellos el sol, entre los labios de un hombre.” Por fin, William Styron, en Sophie’s Choice, pone un acento apocalíptico en la boca: “ Había una gran ironía en esto, claro, el hombre que había ganado la antipatía de la gente ‘bien pensante’ por todas partes … por su directo uso público promiscuo sin ambages de palabras despectivas para los negros contraía cáncer de esa porción simbólica de su anatomía … quien había llamado ‘dago’ al alcalde La Guardia y se había dirigido también despectivamente a un diputado judío sufría un carcinoma maduro que pronto pondría silencio a esa mandíbula grosera y a esa lengua maligna.”

 

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