Sacamuelas gitanos… y gusanos

Un renombrado hispanista irlandés, William Starkie, miembro correspondiente de la Real Academia Española, publicó en el Boletín del Consejo General de Colegios de Odontólogos, Madrid, 1950, un interesante trabajo titulado Sacamuelas gitanos, del que tomamos algunas líneas, afines al tema agusanado del mes.

Cuenta que a su localidad de Irlanda “había llegado … un célebre dentista vagabundo que ofrecía, mediante un pregón, curar y sacar todas las muelas del pueblo… Era la suya una verdadera presentación teatral.” Y sigue pintando el cuadro que ya hemos dibujado en octubre de charlatanes de otrora.

Señala que, a pesar de que los gitanos en general, gozan de buena salud dental, hay folklore suficiente sobre el tema. Por ejemplo, “he encontrado un exorcismo contra el dolor de muelas, entre los gitanos serbios, que dice lo siguiente: ‘Estaba San Pedro sentado en una piedra llorando, y Jesús lo vio y le dijo: -- ¿Por qué lloras, Pedro? Y contestó Pedro: -- Me duelen las muelas, Señor. Entonces, ordenó Jesús: -- Te prohíbo, gusano, roer las muelas de Pedro o volver a su boca.”

Otra superstición que encontró  en Rumania [de donde llegan los gitanos que hoy preocupan a la U. E.], “se relaciona con un insecto también famoso en el folklore, la hormiga. La gente del pueblo cree allí que la hormiga es la nieta de Dios y la criada de la Virgen María … es el remedio infalible para el dolor de muelas. Hierven en un poco de agua hormigas mezcladas con tierra del hormiguero, y con esta composición se enjuagan la boca, esperando encontrar el deseado alivio. Esto tiene su interés al considerar que la tierra de los hormigueros contiene árnica.”

Hay más. Baste aquí con gusanos y hormigas, que de otros bichos y los dientes puede que tratemos en otra oportunidad.

                                                                                             

H.M                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

Gusanos ingleses

 

El sonriente gusano enemigo de la sonrisa asoma en el artículo de un colega, inglés, que hace años solía aportar humor, inglés, al British Dental Journal,  como se verá continuación.

En los textos sajones vérmicos, aparece el siguiente remedio para la odontalgia, del cual las autoridades escolásticas dicen que probablemente fue tomado de griegos y romanos; de modo que si no fuera la más sólida terapia, por lo menos tendría la respetabilidad de sus muchos años. ‘Para el mal de dientes,’ aconseja su autor, ‘tome … harina de bellota y semilla de beleño y cera, en cantidad iguales … mézclense y dése forma de vela [véase históricas], y enciéndase, con el humo entrando en la boca, con una tela negra por debajo, en la cual caerán los gusanos.’ Y si no caen, los vapores de beleño por lo menos serán muy placenteros.

Cientos de estos peculiares remedios fueron apareciendo a lo largo de los tiempos y de los lugares, los que hoy llevan sonrisas condescendientes a los labios de nuestros dentistas tecnológicos. Aun así, seguro que algunos de estos métodos, por pueriles supersticiones que parezcan ser, algún éxito deben de haber tenido, pues de otro modo los sufrientes – que los había muchos – no hubieran persistido en su empleo, y en tal caso no hubieran sido patrocinados y populares tiempo suficiente como para ser registrados.

Admitamos que los autores que describieron esas primeras recetas no proporcionan estadísticas de las curas que lograban; pero tampoco eran investigadores necesitados de satisfacer a los críticos, ni eran candidatos a un título de postdoctorado  Mientras muchos de esos remedios fueron pasando de generación en generación, por transmisión oral de comadronas, muchos otros aparecen en los escritos de autores respetables que, por ignorantes que pudieran ser de la farmacología y la patología dentales, no eran tan estúpidos como para arriesgar el ridículo publicando prescripciones inútiles.

Después de todo, por más que riamos de los clavos de féretros frotados  contra las muelas doloridas, cabezas de ratones y otras extrañas aplicaciones, sin duda alguna aportaban alivio como lo hacen tantos de nuestros placebos actuales. La fe que puede mover montañas con la misma facilidad puede calmar una pulpa, no lo olvidemos. Aún nos queda el timbre del dentista, por más sonrisas escépticas que provoque, que con tanta frecuencia destierra un violento dolor, ¡e instantáneamente! Como que habiendo convocado todo el coraje para llegar hasta la puerta, un apretón decidido del timbre, y la agotadora agonía desaparece… igual que el paciente.

No dudo de que un psicólogo podría proveer una explicación exacta de éstas y de todas las demás curaciones poco ortodoxas, poco científicas, si es que aún no lo ha hecho. ¿Qué puede ser más convincente, para él por lo menos, que hablar de apretones de timbres psicosomáticos, o beleño engañoso, o, como dijo la Dra. Lilian Lindsay, también de  la masticación de hiedra que hasta no hace mucho practicaba la gente de Guernsey: ‘…vaya a la Capilla de San Pablo a recoger hojas de hiedra de sus paredes y luego másquelas para aliviar el dolor de muelas.’ Quizá no fuera por creer mayormente en el valor de la hiedra, sino porque esa precisa capilla está dedicada a “Nuestra Dama la Doncella denominada Santa Apolonia.” O, más probable, la hiedra adquirió fama curativa por crecer en los muros de la capilla de la Santa Patrona de la odontología. ¡Y qué fascinante encadenamiento de coincidencias es éste, tenga mucho o poco que ver con la curación de una odontalgia!

Ahora en Guernsey existe una atareada clínica dental, por lo cual es improbable que la gente siga recogiendo hiedra de la capilla; en especial porque ésta se encuentra en lo alto de una elevada colina y la clínica está a su pie, cerca de una parada de ómnibus.

Un remedio desconcertante

Ahora, a mi muy demorado punto. Mientras revisaba por ahí esas peculiares y antiguas curas para los dolores de muelas, que, repito, probablemente fueron eficaces, por lo menos en cierto grado, me encontré con una en especial desconcertante, una que no era práctica, ni siquiera ligeramente posible según lo que observé.

Como que la  propuesta, de 1882, aparecida en un diario de Guernsey, The Antiquary, dice:

En relación con los dientes, una cura invariable para el dolor de muelas es llenarse bien la boca de agua y sentarse sobre el fuego hasta que el agua hierva.

Primero pensé que debía de haber entendido mal las excéntricas instrucciones, y que el autor se refería al agua de una pava en la hornalla. Pero si la intención era ésa, tenía poco sentido sentarse sobre el fuego. No, estaba claro. Pero no resultaba tan obvio cómo llevarlo a cabo. El mero acto de sentarse o de tratar de sentarse sobre el fuego, casi con seguridad, curaría la odontalgia, simplemente por la aplicación de un revulsivo tan poderoso, aunque fuera en el otro extremo.

Pero, nuevamente, ¿cómo esta gente de Guernsey – o eran tan duros entonces – podían quedarse el tiempo suficiente sobre el fuego siquiera para contrairritar el trasero? Y todavía queda por llegar al máximo desconcierto en la prescripción. Supongamos un momento que las nalgas de Guernsey estuvieran tan queratinizadas (quizá por pasar demasiado tiempo sentados) que les era posible estar posados sobre un fuego por un rato, como hace el faquir hindú al caminar sobre brasas ardientes. Sí, quizá eran fanáticos yogas. Pero aún queda por contestar cuánto tiempo hace falta estar así sentado para que llegue a hervir el agua en la boca. No tengo ni una idea, ni siquiera de cómo realizar el experimento. Ni tiene que ver todo este procedimiento con la física que aprendí hace largos años.

Y por último podríamos preguntarnos, como incrédulo interrogante final, ¿no era acaso mucho más simple, mucho más rápido e igualmente eficaz ponerse en la boca directamente el agua hirviendo, aunque esfacelara las encías, ulcerara la lengua y creara una agonía insoportable en los demás dientes no afectados, evitando así el embarazo de estar expulsando vapor por las narinas?

…………..

Como ya dije, no desprecio ni subestimo estos antiguos remedios, que eran tan valorados entonces como la aspirina o el eugenol hoy. Por cierto, un poco más de beleño y más bien algo menos de paracetamol sería muy conveniente para nuestros adictos a las drogas blandas.

 

Edward Samson: …But this is wondrous strange (Brit D J, 1972)  N de la R. El título está tomado del Acto I, Escena 5, de Hamlet, William Shakespeare

 

 

Presidente recién electo …

…de la Penn Dental Medicine Alumni Society, Dr. Spencer-Carl Saint-Cyr (D’97), declara que “prefiere ver esto más como un servicio,” ¡Ojala pensaran así todos los presidentes electos!

 

¡SUERTE!

 

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