Epibólicos, embólicos y triscaidecafóbicos

Recordando mis tiempos de gástrula, cuando daba mis primeros celulazos hacia esta vida placentera y orgiástica que es la odontología, me sentí abrazado en un gesto epibólico* por una querida amiga, un poco envolvente ella, casi demasiado cariñosa, casi con un efecto embólico** y con clara influencia sobre mi vocación digresiva que me condujo a aclarar un tema bastante embolante y que no tiene nada que ver con ninguna clase de bola pese a la coincidencia de sonidos y el uso corriente, como se verá.

Siendo que los griegos se dedicaron insistentemente a poner nombres difíciles a las cosas simples, inventaron la palabra epiballein en vez de la sencilla “adición.” Y adicionaron dos partes que significaban epi = sobre, encima de (nada que ver con ¡epa! o “upa”, aunque con “upa” terminan encima de uno) y ballein = lanzar, en el sentido de proyectar, como vomitar que también le decimos lanzar.

Esta “ball” la convirtieron los ingleses en el “ball” o gran baile que se lanza a la sociedad y no en la ball del football, que se lanza, pero no. Porque la verdad es que la ball que es nuestra bola o pelota viene de otro lado de Grecia (¡Claro, de dónde iba a ser!) y muestra que los cambios etimológicos pueden conducir a que resulten idénticas palabras para nada relacionadas (heterónimos o faux amis). Por eso, los franceses hicieron de aquel ballein su baile que le dicen bal, los italianos ballare y nosotros “bailar”, que es como lanzarse, compenetrarse y moverse, bah, bailar, sin ser mal visto por la sociedad.

Ahora bien, la “bola” con la que se juega al fútbol viene de una lejana raíz indoeuropea (bhel) que significaba “inflar,” de donde surgió el inglés medio bal, el italiano balla y el griego phallos (les dejo adivinar la relación con “inflar”). De donde se ve que se juntaron el bailar con el inflar, como ya todos lo sabemos de los tiempos en que bailábamos cheek to cheek. La frase “estar en bola” significa estar mondo y lirondo como una bola o pelota de goma, limpio, sin añadidura:

El émbolo de nuestras jeringas viene de aquel baile, no de la bola, pues se proyecta dentro del tubo. La etimología griega (embolé) vale por insertar, meter en (n delante de b = m).

Y la embolia se produce cuando un objeto migra, penetra y ocluye. Es decir que uno sufre esto cuando está “embolado” y, podría decirse, invaginado, o envainado. Porque invaginar es introducir en la vagina, que viene del latín y significa vaina; por lo tanto, “invaginar” es “envainar,” etimológicamente hablando y con perdón de la palabra, pudorosas lectoras, que ahora pueden meditar y decidir de qué se trata si le proponen una invaginación epibólica, que es el proceso por el cual las células se mueven hacia adentro durante la gastrulación para producir el arquenterón. ¡¡Clarito, no!! Como para pensar antes de contestar. ¡Ah, y nada de digresiones!

Porque en una de ésas me salen con otra “griegada” y me dicen que son triscaidecafóbicos helénicos, como para retrucarme las palabrejas que les espeté digresivamente y vaya a saber con qué otros martes 13 y no lo repito lo del 13 por si me resultan fóbicos y se saltearon el número 13 de Universo Odontológico, que ni sé si lo hubo, aunque seguro que hubo el 1 y, si los cuentan, quizá me digan en qué número estamos hoy que no sea el 1 del 2008, que eso ya me lo sé.

H. M.

*Epibólico: Relativo o perteneciente a la epibolia, envolvente como la epibolia, que es la expansión de una capa de células que envuelve a otras células, o crecimiento de una parte del embrión en torno de otra de división celular más lenta. Se produce durante la gastrulación, sin multiplicación ni aumento de la masa, sino simplemente que el ectodermo se adelgaza y pasa a cubrir una superficie mayor del embrión; es decir, el movimiento conocido como epibolia.

**Embólico: es lo perteneciente  a la embolia, de la que hay referencia suficiente en el texto… y quizá también leyéndolo.


 
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