Las digresiones, indiscutiblemente, son el rayo de sol, la vida, el alma de la lectura.  Si las quitan de mi libro, por ejemplo, bien podrían llevarse también el libro con ellas—reinaría un frío invierno en cada página – […] incorporan la variedad, e impiden que el  apetito decaiga." Lawrence Sterne, (en su obra cumbre, plena de humorísticas digresiones)


 

“Alargar una vida desgraciada es cruel”

 

Una periodista científica excepcional, Nora Bär, entrevistó a un sabio excepcional, Mario Bunge, quien tiene 94 lúcidos y provechosos 94 años.

La entrevista es valiosa en su totalidad, pero en tren de digresiones, elijo un par de inteligentes respuestas a preguntas. inteligentes

Hay que abandonar el precepto tradicional de alargar la vida lo más posible. Lo que importa no es la longitud, sino la calidad. Alargar una vida desgraciada, de dolor, es cruel. Al venir hacia aquí, en el parlamento de la provincia de Quebec, donde resido, se estaba discutiendo un proyecto de ley sobre muerte digna que permitirá al enfermo pedir que lo asistan para suicidarse. Hoy, la gente con medios, cuando se siente morir y no quieren ayudarlos, va a Suiza. En el futuro, podrán ir a Quebec.

Estoy completamente de acuerdo con el suicidio asistido. La máxima de mi sistema ético es: "Disfruta de la vida y ayuda a vivir". Si llega un momento en que ya no se puede disfrutar ni ayudar a otros, es mejor desaparecer con el mínimo dolor para uno mismo y para los demás.[…..]

 

Toda esa charla acerca de la probabilidad de contraer una enfermedad o de curarla es completamente irresponsable. Porque los procesos de los que se ocupa la medicina no son aleatorios, son causales. Lo que hay es otra cosa y es importante: la frecuencia. Por ejemplo, se sabe que ciertas enfermedades ocurren con mayor frecuencia si hay antecedentes familiares. Pero eso es otra cosa. No son probabilidades. Por otro lado, hay muchas medidas de riesgo y ninguna de ellas es correcta. Por ejemplo, en finanzas se usa como medida de riesgo la amplitud u oscilación de precios en el mercado, pero eso no tiene nada que ver con el riesgo. Es una medida de la volatilidad, que es muy diferente del riesgo. Hablar de riesgo cuando no se tiene una medida precisa es irresponsable. No es científica esa manera de hablar.

 

Preguntado por el secreto de su vida larga y sana, contestó:

Bueno, primero, no dejar de trabajar. Ser moderado y regular en los hábitos. Yo no fumo, no bebo, no como de más, no como porquerías, si puedo evitarlo, pero no hago suficiente ejercicio, de modo que mis piernas ya no funcionan como antes. Hasta hace unos años hacía deportes, últimamente sólo hago natación. Además, evito tóxicos: por ejemplo, no leo a Heidegger más que lo indispensable para criticarlo. Lo mismo con Husserl, Nietzsche y Hegel.

 

 

Las reses no tienen verbos

 

O res non verba. Por desdicha, parece que volvemos a los tiempos en que  doctos sabios hablaban en latín, para convencer al vulgo de que realmente eran sabios, y se decía misa en esa lengua extraña, que no fue la de Jesús.

Hechos, no palabras.

Radix entomolaris, radix mesiolingualis y radix distolingualis y radix paramolaris leo en RAOA, o en el JDR o el Acta Odontol Scand, y me pregunto si la manteca es unto y si no hay más raíces distomolares y mesiomolares, etc., y pienso cuán importantes se sentirán quienes de tal manera dominan el arte de los latinazgos y, también, si no estarán repitiendo como loros lo que podrían decir más llanamente.

En el libro "El plan infinito," de Isabel Allende, aparece así la despectiva palabra "latinazgos": Los dos amigos pasaban horas a regañadientes en la iglesia esparciendo incienso, tocando campanillas y recitando latinazgos, ante la mirada atenta del sacerdote,

Y en el diario La República, se dijo: “Parecería que el uso de voces o locuciones extranjeras (y especialmente latinas) adornara el discurso con una aureola de cultura y erudición.” (Aunque hoy están muy de moda los “yanquilazgos”)

Errar es humano, pero estar herrado es de caballos – no caballeros – que pretenden usar latín y dicen motu propio en vez de motu proprio, como   corresponde, y sin anteponerle un “de” o un “por.

Me recuerda que alguien dijo “es un sine qua non” y el interlocutor le preguntó donde quedaba ese “Cine Cuanon.”

Como no me place alargar al cuete, sugiero que para ver el abuso del latín graciosamente satirizado se lea Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, novela del siglo XVIII escrita por el Padre Isla (José Francisco de Isla de la Torre y Rojo), en 1758. O, mejor, no lo lea, que es larguito, y créame: era tanto o más desastroso y repudiado que quienes parlan inglés o latín sin saber quizá ni las medias. No como M. Jourdain, quien ¡un día descubrió que hablaba ¡en prosa!

 Fray Gerundio se distingue por su mal gusto y su audacia a la hora de empalmar frases rebuscadas y sin ningún sentido, como cuanto bicho anda por ahí remedando inglés o cacareando latín.

En el uso popular, dichas locuciones se conocen con desdén como latinazgos, o latinajos, de lo que otro buen ejemplo se encuentra en la obra del famoso novelista chileno Roberto Bolaño, Los detectives salvajes.

 

 

YAPA

 

La real academia y su nueva ortografía han normatizado el criterio de cómo escribir las locuciones latinas y en la actualidad lo más adecuado ponerlas todas en cursiva (o entrecomilladas) y sin ningún acento gráfico.

Las locuciones latinas que siguen, vinculadas al sistema de citas bibliográficas, son de servicio práctico. Hágase un autoexamen, si suele redactar bibliografías, y vea si puede dar la definición antes de leerla:

ibidem o ibid: “lo mismo”. se usa para indicar un documento mencionado inmediatamente antes; o sea que no se intercalaron citas de otro autor.

op. cit: “obra citada”. indica que nos referimos a un autor ya citado,, pero después de otras citas intercaladas.

loc. cit.: “lugar citado”. indica que la cita fue extraída de la misma página de una obra anteriormente citada, pero que tiene intercaladas otras referencias.

cf. o cfr: “consulte” o “compare” con alguna parte o texto ya mencionado.

infra o inf: “véase más abajo” en el texto.

supra o sup: “véase más arriba” en el texto.

et al. o et alii). “y otros”, referido a autores en obras de autoría múltiple.

sic: “así”. en las citas textuales o mixtas, acompaña lo que dice exactamente el autor en caso que sea erróneo o confuso.

passim: “aquí y allí”, indistintamente, en cualquier lugar.

apud o ap. : “citado por”.

 

 

yapa II

 

Compromiso

Es de uso corriente la palabra compromiso en clínica, cirugía, patología, etc. ¿Es correcto el uso de compromiso visual, auditivo para referirse a la ceguera o sordera? sí, es adecuado porque compromiso en esta acepción significa ' dificultad', o marca que está en situación difícil, comprometida, un paquete vasculonervioso, por ejemplo, por causa de una cirugía próxima..

 

Los ojos de Joyce

La ceguera acosó a un extraordinario escritor como James Joyce [ver libro del mes] o como nuestro Borges, frustrado merecedor del Nobel. También tuvo sus problemas dentarios, que ya he descrito, pero completaré la presentación de sus recién publicadas obras con la siguiente información sobre sus ojos problemáticos.

 “Mis ojos están cansados,” escribió en una carta a Giorgio, su hijo querido, en 1935. “Por más de media centuria, han contemplado la nulidad donde encontraron una amorosa nada.”

Un día de mayo, 1922, en París, Pierre Mérigot de Treigny, estudiante de medicina fue enviado por su maestro, el Dr. Victor Morax, afamado oftalmólogo, a que atendiera un paciente que había telefoneado   una dolorosa inflamación del ojo, una iritis. Al llegar el estudiante al departamento del enfermo, en un hotel residencial en la Rue de l’Université, se encontró una escena de enorme desorden. Ropa colgada por todas partes; artículos de tocador esparcidos en derredor en sillas y aun sobre la chimenea. Un hombre con anteojos negros y envuelto en una frazada estaba en cuclillas frente a un recipiente que contenía restos de pollo. Una mujer estaba sentada frente a él. Había una botella de vino por la mitad, en el piso, junto a ellos. Él era James Joyce.

Las condiciones en que los descubrió no eran típicas — Joyce vivía en el lujo siempre que podía, y a menudo también cuando no podía — pero la escena era  emblemática del nomadismo de Joyce.

 “Hombre de escasa virtud, inclinado a la extravagancia y al alcoholismo” fue la descripción que hizo de sí Joyce ante Carl Jung. Era frágil — evitaba los deportes como el rugby cuando pequeño y el pugilismo de los bares como adulto — y eran frecuentes sus decaimientos por sus ataques nerviosos y sus afecciones.

Sus problemas oculares lo forzaron a  someterse a una serie de operaciones complicadas y dolorosas. A veces, estaba  virtualmente ciego. Para escribir, cosa que lo usual hacía estirado a través de la cama, vestía un saco blanco, para que la luz se reflejara en el papel; con los años, debió usar una lente de aumento, además de sus anteojos, para poder leer.

Pero su genio superó todo, como lo hizo Beethoven con su sordera, como todo gran hombre enfrentado a la adversidad.

 

                 

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