Las digresiones, indiscutiblemente, son el rayo de sol, la vida, el alma de la lectura.  Si las quitan de mi libro, por ejemplo, bien podrían llevarse también el libro con ellas—reinaría un frío invierno en cada página – […] incorporan la variedad, e impiden que el  apetito decaiga." Lawrence Sterne, (en su obra cumbre, plena de humorísticas digresiones)


          

   

En el reino de los metecos*

La palabra meteco proviene del griego μετοίκος metoikos, de meta, “cambio”, y oκος oikos, “casa”. Es decir, “aquel que ha cambiado de residencia,” el que es extranjero en la ciudad estado que habita; lo que incluye al ateniense en Esparta y al espartano en Atenas.

En Atenas, el extranjero debía encontrar un protector, el προστάτης próstata [¡estos griegos!], pues carecía de derechos políticos, pero estaba obligado a las mismas cargas que los ciudadanos. Los metecos se dedicaban a actividades económicas no agrícolas (comerciantes, artesanos, ¿dentistas?).

En nuestras tierras, el reino es de los metecos, los ignorantes que procuran parecer, pero nunca serán. Se visten con ropas de marca, y, si es posible, que tenga la etiqueta a la vista, van a lugares de onda, predominan en instituciones profesionales y, por lo general, ni por broma son zurdos. En su reino, siguiendo a Alberto Lleras Camargo, existe un vicio curioso y casi inevitable, el de juzgar que el más grave pecado de la humanidad no es la crueldad, ni la tiranía, ni el peculado, sino que consiste en no haber nacido en París (o USA o cualquier país del Primer Mundo), y, sin embargo, atreverse a viajar, a cometer “metecadas.”

Metecadas y solecismos van juntos, de la mano de la prepotencia, de considerarse por encima de los ciudadanos respetuosos de las leyes del país y de la lengua. Son extranjeros en su propio país, se burlan de las disposiciones y las minimizan con dineros o contactos, corrupción de las costumbres y del español. “Yo digo como se me da la gana, y si estoy hablando a lo yanqui o franchute me importa un rábano.”*

La diferencia con los griegos es que aquí el reino es de los metecos y que el ciudadano es el quídam al que se concede un lugar, sólo para que trabaje, en silencio, sin ningún derecho a nada. Es el reino del revés, que declaró María Elena Walsh, o el cambalache de Discépolo (Hoy resulta que es lo mismo / ser derecho que traidor, / ignorante, sabio o chorro, / generoso o estafador... / ¡Todo es igual! / ¡Nada es mejor! / Lo mismo un burro / que un gran profesor. / No hay aplazaos ni escalafón, / los ignorantes nos han igualao) los metecos han copado la partida y el reino es de ellos.

                                                                                         H. M.

* Las atrocidades contra el idioma cometidas en revistas odontológicas nacionales, y también en las médicas, fueron señaladas a sus autores repetidas veces e ignoradas otras tantas, despectivamente. Ponen “postes” en los dientes en vez de poner pernos, y ahora hasta “endopostes” como si pudieran meterse los “postes” en otra parte que no sea el endodonto. O escriben “currícula” como singular, despreciando olímpicamente que esa palabrita sea plural de currículo en latín y en inglés. En fin, que estos metecos necesitarían un buen próstata para que no siga la decadencia originada en traductores que no saben ni castellano siquiera. No tienen derecho a la ciudadanía universitaria-

 

 

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Solecismo

 Se llama solecismo a un error de sintaxis, a una falta cometida contra las normas de cualquier idioma. Es un nombre genérico que se puede aplicar a cualquier tipo de error sintáctico, a cualquiera de los muchos solecismos en que incurre el vulgo y el supuesto culto.
La palabra proviene del latín soloecismos, que se formó a partir del griego soloikismós “falta a las reglas del idioma,” palabra derivada de soloikos “que habla en forma incorrecta.” Tomó este nombre de la colonia ateniense de Soloi, en Cilicia, donde se hablaba un griego que —decían los atenienses— había sido “corrompido,” debido a la presencia de numerosos metecos (habitantes de origen extranjero, sin derecho a la ciudadanía).


                                             
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