Eisenhower y la salud bucal...

 

Como todo va en gustos, y por si tengo la suerte de que al lector le guste lo que a mí me gusta, le cuento que a mí me gustó una frase de Dwight D. Eisenhower: “...es imperativo preservar el derecho del individuo a elegir libremente la manera en que se lo cuidará en la enfermedad”.

Ésta podría ser la causa de que haya elegido el artículo de
James M Mixson (J Hist Dent 1995 nov;43(3):93) sobre la salud bucal del pasado presidente norteamericano y de la curiosa historia sobre su visita al dentista. Afirma que al Presidente se le había roto un trozo de la corona de porcelana de su 2.2 y que le fue reparada por el Dr. Francis A. Purcell. Pero no se encontró la ficha en el consultorio de éste y él mismo negó toda información sobre ese paciente hasta el día de su muerte.

Es esencial la evidencia recolectada de que su periodontitis se estabilizó después que abandonó el cigarrillo (fumaba hasta 4 atados diarios) y está documentada la acción destructiva de sus frotamientos dentarios parafuncionales sobre su dentadura y cómo fue plagado por las fracturas dentarias en los últimos 15 años de su vida. Como ex adicto, se burló después de los “debiluchos” incapaces de dejar el hábito.

Lo que no dice ese artículo es lo que publicó Peter Carlson, del Washington Post, sobre “Ike” y los extraterrestres (jueves, febrero 19, 2004); con motivo de cumplirse 50 años de una escapada secreta del Presidente, de vacaciones en Palm Springs. De noche, ocultamente, habría acudido a una base de la Fuerza Aérea para ¡un encuentro con dos extraterrestres! Y uno de los que lo afirmaron fue el Mixson arriba citado.

Otros dicen que fue a lo de su dentista.

Y, para colmo, la Associated Press informó: El Presidente Eisenhower murió esta noche por un ataque cardíaco en Palm Springs.

Y se retractó dos minutos después. Y siguió vivo hasta 1969. Pero aún no se aclaró el misterio de aquella escapada.

Lo que no se discute es el hecho de que el 20 de febrero de 1954 dejó el Smoking Tree Ranch, donde se encontraba, para una salida no programada. A la mañana siguiente, acudió al servcio religioso y su vocero anunció que había visitado al dentista por un diente al que se le había saltado un trozo mientras cenaba ala de pollo. También es cierto que ya había tenido vacaciones una semana antes. Y que se habló de OVNIs en la base Edwards. No conocían, entonces, la explicación británica del pasado mayo por la cual las imágenes realmente observadas eran el fruto de modificaciones electromagnéticas de la atmósfera; de modo que hubo más de un convencido de la versión de visita de extraterrestres que de visita a dentista. Afirma algún fanático que hasta se comunicaron por vía telepática para ofrecerle sus progresos tecnológicos y espirituales, a cambio de que abandonara los proyectos nucleares.

Ike no aceptó.

Michael Salla es el autor de "The Hero's Journey Toward a Second American Century," en el que publicó sus teorías de los ET. Gente más prudente viene negando como disparatada esa reunión que defiende Salla con los ET. Comparten mejor la del historiador Mixsson mencionada, que nos pone a nosotros como los extraterrestres visitados. Es una pena que el Dr. Purcell no haya conservado una ficha dental del general. La corona había sido colocada en julio de 1952 y reparada en diciembre del mismo año, nuevamente ese febrero cuestionado y después en julio del 54, cuando el dentista del Presidente, el Coronel James M. Fairchild, la reemplazó por una corona de base metálica. Y después ese militar odontólogo ¡escribió un extenso pasaje lírico!

Pero aún queda por aclarar por qué la Associated Press dio a Eisenhower por muerto esa noche. Un vocero oficial dijo que alguien había estado tonteando y que el mensaje se escapó. No debía, pero sucedió. Eisenhower (hijo) nunca quiso comentar esos hechos.

Yo prefiero creer en la odontología.

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