LOS DIENTES EN LA BOCA                                                     sept 2001

                                              la paciencia se me apoca

                                              de ver cuán al vivo tienes

                                              la  frente entre las dos sienes

                                               y los dientes en la boca 

Cuando miro, no pienso en el ojo que mira. Cuando muerdo,

 

 no pienso en el diente que muerde. En eso, al igual que en 

 

muchas otras actividades usuales, no pienso en el 

 

instrumento que las ejecuta sino en el objeto que las recibe.

Parecería elemental tener conciencia de las partes corporales que más apreciamos, de cuán al vivo las tenemos. No en vano al decir “ojo por ojo, diente por diente”, se está poniendo ojo y diente a la par. Se me apoca la paciencia ante quien no piensa en el ojo mientras ve bien ni en el diente mientras puede desgarrar alimentos.

Los dientes de muchos europeos, los de zonas menos privilegiadas económicamente -como Irlanda-, repararon en sus dientes por no poder repararlos, por la falta de trabajo que tampoco les daba mucho contra qué trabajar. Los norteamericanos, en mejor situación económica, los toman más bien a broma, no los consideran un tema serio, sólo porque entre ellos no se ven las terribles sonrisas que pueden asomar en los labios de irlandeses.

El historiador que recoge la pasada realidad en la ficción presente tropieza a diario con escritores alquimistas que vivieron y transmutaron su propia situación dental en oro literario; unos, porque los dientes asoman a sus líneas más que a sus labios; otros, porque las dentaduras se ocultan en cerradas bocas de elocuente silencio.

 (Introducción a un artículo de próxima aparición en la Revista del Museo de la Facultad de >Odontología de la Universidad de Buenos Aires, dirigida por el Prof. Dr. Orestes Walter Siutti)

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