Las digresiones, indiscutiblemente, son el rayo de sol, la vida, el alma de la lectura.  Si las quitan de mi libro, por ejemplo, bien podrían llevarse también el libro con ellas—reinaría un frío invierno en cada página – […] incorporan la variedad, e impiden que el  apetito decaiga." Lawrence Sterne, (en su obra cumbre, plena de humorísticas digresiones)


 

 

                  Propósitos 

 

Comencemos por un buen deseo: Que todos sus problemas duren tanto como sus propósitos para el nuevo año.

 

Otro. Hubo muchas notas y editoriales en 2013, en que he molestado, pertubado, irritado y cansado a mis lectores.... Me propongo seguir haciéndolo en 2014.

Me propongo ser menos maravilloso, porque realmente es lo único en lo que me excedo.

Mañana pienso recordar 2013 como si hubiera sido ayer.

De beodos (ven dos, ven doble):

Ser más optimista, ver medio llena la copa… con vodka o whiskey.

Beber… un poco más.

El temulento en busca de propósitos sobre lo que pensaba de la bebida, se propuso para 2014…  dejar de pensar.

Me propongo no juntarme más con gente que me pregunta qué me propongo.

Propósito para pesar menos: inventar una máquina anti-gravedad.

 

 

Propósitos fáciles de cumplir

 

Leer menos

Aumentar de peso: mínimo 10 kilos

 Cambiar de agencia de venta de loterías.

No hacer más gimnasia. Perder el tiempo de otra manera.

Ver más TV, seguro que ha de haber algo bueno.

Ver menos TV en baja definición

Empezar a lavarme las manos después de ir al baño.

Lavar menos la ropa y usar más desodorante

No perder más tiempo preocupándome por el pasado…

Comenzaré a preocuparme por el futuro.

Perder más tiempo en el trabajo.

Adquirir otros hábitos… ¡Fumar quizá!

No decir radix entomolaris o paramolaris, ni oficiar misa en latín,

ni imitar a los doctos sabios de otros tiempos, y decir simplemente

“tercera raíz”

 

Jocosa, piojosa / poesía ripiosa

Festiva por festejar las fiestas

Y por rimas piojosas como éstas

Mal trazadas y mal medidas

Que esperan ser bienvenidas

                                      

H. M.

 

 

A lo que los hispanohablantes llaman “coplas de ciego,”  “malos versos” y “ripios.”  los anglófonos nombran doggerel verse. La versificación en malos versos mereció en inglés este nombre de doggerel o versos de dog o perro, con el sufijo peyorativo –rel, para que nadie dudara de su baja calidad o de la buena intención de los versos malogrados. Se instaló hacia el 1400 como una manera de resaltar la mala poesía, pues  implica que podía haber sido escrita por un perro o que sólo los perros podrían disfrutarla.

En España, los pobrecillos ciegos deambulaban de un pueblo a otro acompañados por su lazarillo o por su mujer y procuraban el interés de los vecinos con coplas más lastimeras que artísticas, plenas de ripios (palabra o frase inútil o superflua que se emplea viciosamente con el solo objeto de completar el verso, o de darle la consonancia o asonancia requerida) y de torcimientos de la métrica y hasta de las rimas, para contar  historias al pueblo que formaba en la plaza un gran corro alrededor del recitador ambulante.  Los aldeanos solían repetir al infinito los lastimeros ripios, fáciles de memorizar, que se los vendían escritos en amarillentos papeles.

Un romance de ciego podía comenzar con un prólogo altisonante para llamar la  atención; p ej:«El caso más estupendo / Queen los anales se cuenta; / La crueldad más extraña / Y la maldad más perversa»; «Con el sacrosanto nombre / Del Sacramento Divino, / Pretende mi torpe pluma / Aunque con rústico estilo, / Esplicar un espantoso / Caso que admira el oírlo, / Y porque nadie lo ignore / El silencio les suplico».

Ejemplo notable en la literatura fue El Lazarillo de Tormes, publicado en España en el siglo XVI, donde se narran las vicisitudes del protagonista con el ciego que dice sus cantares y maltrata al joven.

Frecuentemente las estrofas de la lírica popular son anónimas o de múltiples autorías perdidas en la noche de los tiempos, que, como dijera Manuel Machado, «Hasta que el pueblo las canta / Las coplas, coplas no son, / Y cuando las canta el pueblo / Ya nadie sabe el autor». Precisamente, el sueño de Don Miguel de Unamuno, que sus versos corrieron en boca de todos, aunque anónimos.

Por truculentos y hasta canibalísticos, pudieron incluir El pastelero de carne humana y el barbero asesino, del que, quien más, quien menos, habrá escuchado hablar alguna vez bajo la forma de Sweeney Todd, el diabólico barbero de la calle Fleet.

Para enterarse bien de esta historia que se remonta al año 1415, puede leerla a continuación.

 

El pastelero de carne humana y el barbero asesino y “ Sweeney Todd”

Quien más, quien menos, habrá escuchado hablar alguna vez acerca de Sweeney Todd, el diabólico barbero de la calle Fleet. La verdadera existencia del perturbador personaje del Londres victoriano del siglo diecinueve nunca ha sido probada. Pero Universo Odontológico se propone aclarárselo.

La popularidad del barbero aumentó con las versiones cinematográficas y la comedia  musical de Sondheim, hasta culminar en 2007, de la mano de Tim Burton, con Johnny Depp y Helena Bonham Carter.

              

Buscando una base real resultaría que Todd ni siquiera fue inglés, sino francés.

Así consta en un pliego de cordel de 32 páginas del año 1877: “El pastelero de carne humana y el barbero asesino: causa célebre”. Nos lleva a 1415, y nos brinda lo que podría ser el origen de la leyenda.

Los acontecimientos nos sitúan en París, en el año 1415. Por aquél entonces, en la calle Mont Saint-Hilaire, residía y trabajaba el reconocido barbero Bernabé Cabard. Tanto nobles como plebeyos acudían a su establecimiento, siempre dispuestos a pagar un buen precio.

Su hija, muy hermosa y lánguida,, Marguerite, nunca había mostrado interés por esos clientes. Rumores por todo París decían que sobre la chica pesaba una maldición, y es que muchos parroquianos que se habían dedicado a cortejarla habían desaparecido sin dejar rastro.

Justo al lado de su barbería, se hallaba el establecimiento del pastelero más aclamado de la ciudad, Pierre Miquelón. Dicho personaje preparaba como especialidad una deliciosa empanada de carne

La receta de tan aclamado pastel se mantenía bajo el más absoluto de los secretos.

En el otoño de 1415, dos jóvenes de la nobleza española se alojaron en una posada situada justo al lado de la herrería de Gomire, un pobre hombre con ocho hijos, situado enfrente de los comerciantes exitosos.

De los jóvenes, uno Andrés, se pasaba las horas enfrascado en sus libros, mientras el otro, Julio, había acudido a París para practicar francés, sí…pero por boca de las encantadoras jóvenes francesas.

Con ese temperamento, no es de extrañar que Julio no tardara en saber de la existencia de Marguerite. Julio se burló de las advertencias del posadero, y declaró que era imposible que algo tan bello y delicado como la joven Marguerite, estuviese maldito en absoluto.

Una mañana, Julio se dirigió a la barbería de Monsieur Cabard, con el fin de cortejar a la hija del barbero. La chica había salido esa mañana. Siempre solícito, Cabard ofreció al joven español sus servicios, y Julio pensó que podría aprovechar la ocasión para acicalarse, mientras esperaba la llegada de la hija del propietario.

Cuando el barbero advirtió que su porción de calle no tenía concurrencia, accionó un mecanismo que hizo que el sillón donde se sentaba su cliente se volteara, arrojando al joven al sótano a través de una trampilla. No sin antes segarle la garganta.

Seguidamente, y con gran calma, Cabard fue a visitar a su vecino Miquelón, y le comunicó con alegría: “el negocio está en marcha”. El pastelero bajó al sótano de su establecimiento, el cual compartía y comunicaba con la barbería, y se encontró con el desdichado joven, y como si de un cerdo se tratara, colgó al joven del techo boca abajo, al lado de los cadáveres de otros cinco infortunados que habían corrido misma suerte.

Con su cuerpo elaboraría esa exquisita empanada de carne que seducía a todo París. Los beneficios los compartiría con el barbero Cabard, como venía sucediendo desde hacía ya cinco años.

Al cabo de dos días, Andrés denunció la desaparición de Julio. El herrero Gomire  había advertido como Julio entraba en la barbería de Cabard, pero en el lapso de unas cuatro horas no le había visto salir.

La guardia de la ciudad se dirigió a la barbería, donde Bernabé Cabard insistió en no saber nada sobre el caso, hasta que, en un golpe de fortuna, uno de los oficiales accionó accidentalmente la palanca de la trampilla, dejando al descubierto el pastel (jejeje).

En el sótano descubrieron horrorizados toda la infraestructura del negocio que Cabard y Miquelón habían conseguido ocultar hasta ese momento…Todo fue puesto al descubierto.

Bernabé Cabard y Pierre Miquelón fueron inmediatamente puestos bajo arresto. El pastelero confesó asimismo, que él y su socio llevaban ya en cinco años un número de víctimas incalculable.

Barbero y pastelero fueron condenados a una ejecución pública. Mediante el método de la Rueda de Castigo se les fracturaron todos los huesos. Después, fueron colgados de la horca para romperles el cuello.

Huelga decir que la ejecución fue tremendamente concurrida. Miles de parisienses habían proclamado la exquisitez de las recetas del pastelero. Hubiese sido de mal gusto no estar presentes en el momento de su ejecución.

 

Doggerel navideño

Complemento de los cantares ya vistos, especialmente dedicado a los colegas que hablan tan bien el inglés, que hasta cuando escriben en castellano parece inglés.

Los ciegos cantaban como podían, mal. En cambio, los anglófonos de los doggerel suelen versificar mal, de propósito, para lograr un efecto cómico. La diferencia es esencial.

Para los curiosos que sepan inglés, va un ejemplo de doggerel que viene muy a la fecha, pues está dedicado jocosamente a cómo celebraron una vez la Navidad los pícaros bandidos de Robin Hood en el bosque de Sherwood. Casi parece escrito por Mel Brooks para Las locas aventuras de Robin Hood.

'Twas Christmas Day in the forest,/The outlaws' glade was bedecked/With holly and ivy and garlands;/Their noses were all turning red./Herne showed up in his antlers,/ Said he couldn't afford Santa Claus / As well as the eight prancing reindeer,/So he'd crawl around on all fours!/Will, amidst much complaining,/Into a red suit was pressed,/Appropriate for one who's named Scarlet/As Santa he found himself dressed./Tuck – his stomach was grumbling./For the feast he just couldn't wait,/Swan pasties and venison cutlets,/Shame they knew nothing about cake!/A silver arrow was sent to our Robin,/In whose defence he just couldn't rest./Tho really he needn't have worried,/'Twas TV FX at their best!/Little John, the gentlest of giants,/Was given a new staff of wood,/And the long and the short of this story/Is that his fighting is now twice as good./Nasir wasn't sure about Christmas,/Coming from lands far away,/Yet enjoyed all the strange celebrations / On this, the most happy of days. / Marion was blissfully happy,/ Outlawed, yet carefree, content,/ Revelling in seasonal frolics, / She knew it was all heaven sent./ Much was given a new reed pipe/And on it played many a fine tune,/Through the trees everyone danced and cavorted /Then sat down to eat around noon / Alan and Mildred, his sweetheart, / Joined the outlaws for the day, / Their charger had run off to new pastures / And so they had walked all the way. / Wickham village's Christmas was merry, For Robin and his friends had made sure,/ That some monks in their monastery haven / Had distributed food to the poor./ The castle was lit up so brightly/ With fiery candles, score upon score,/ The table was heavily laden;/ There were no seasonal thoughts for the poor./ The Sheriff's stocking was completely empty./ Santa, the poor boy, had forgot. / But when ordered to return to the chamber, / Replied loudly, "No, I will not!" / Sir Guy really did not like Christmas; / He found that the frolicsome fun / Got in the way of his hunting / And watching his enemies run. / For Hugo the season had to be solemn; / On his knees he was praying all day, / Blessing the poor and the suffering, / At the same time, giving nothing away. / Deep in the Nottingham dungeons The guards, of the mead, had made free. / Arthur and his friend were a-singing / Wassail to you and good health to me.

Habiendo los lectores disfrutado de tan navideñas digresiones (recuerden mi depresión), o quizá habiéndose reído del humor negro, me pregunto si no merecen estos versos una traducción… Pero hoy no tengo ganas de escribir más. Si alguien me la pide por mail, se la mando.

                  

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