Charlemos de “charlatanes”

 

Y para que no nos pase como a los ignaros charlatanes cotidianos, sepamos de qué se trata. Y dónde.

Charlatán es la persona que hace afirmaciones volubles y fraudulentas sobre sus conocimientos y habilidades y sobre lo que ofrece o vende. Más específicamente en nuestro ámbito se le dice así a quien abusa de la confianza del público – vendiendo específicos o implantes – para obtener una ganancia en dinero o en prestigio. Es un vendedor de ilusiones, de esperanzas, de sueños, que acaban con eso mismo que prometen y terminan en decepciones y enfermedades (o extracciones dentarias innecesarias en nuestro caso).

El origen de “charlatán” con este significado puede encontrarse en el francés charlatan, vendedor de falsas medicinas que se anuncia con música o representaciones teatrales. A su vez, la etimología podría remontarse al italiano ciarlare, charlar, o a Cerretano, residente de Cerreto, pueblo notorio – dicen – por su abundancia de montambancos o montimbancos (inglés, mountebanks) de la frase monta in banco – literalmente, “el que se sube a un banco” para dirigirse al auditorio de incautos.

En castellano es factible dar una serie de sinónimos (sabiendo que, en realidad, los sinónimos no existen): charlatán, parlanchín, hablador, cotorra, parlador, sacamuelas, embaucador, embustero, engañador, farsante, impostor, ladino, mentiroso, timador, baladrón, bocazas, buhonero, chicharra, engañador, facundo, gárrulo, hablador, histrión, impostor.

Los anglófonos también dicen 'quack' que deriva de 'quacksalver,' palabra arcaica de origen holandés (kwakzalver), en alemán quacksalber, porque en la Edad media la palabra quack significaba “gritón” y salver era curación, apósito, remedio, y los kwakzalver vendían sus productos a los gritos en el mercado.

 

 

                                    Longhi, Pietro

 

En teatro

 

The Mountebanks fue una ópera cómica con libreto del famoso W. S. Gilbert. Tenía dos actos y música de  Alfred Cellier, quien había sido director de orquesta de las renombradas operetas de Gilbert y Sullivan, tan apreciadas y memorizadas por los ingleses. Fue representada por primera vez en el Lyric Theatre, Londres, en enero de 1892, y se hicieron 229 performances.

 

 

En pintura

 

William Hogarth: Marriage à-la-mode: Escena 3: La Inspección

 

Escena: un consultorio.

Un Vizconde se inclina hacia el doctor con una caja de píldoras en una mano y un bastón en la otra. Las píldoras de mercurio prescriptas no funcionan y está intentando exigir una compensación. Ni el doctor ni la enojada mujer transmiten mucha confianza: los dos tienen sífilis y ella muy probablemente es una prostituta convicta. La joven a la derecha se está inspeccionando una llaga en la boca: un síntoma precoz. Dada la estrecha similitud con médicos y dentistas que recetan a cambio de prebendas, las prendas y el ámbito podrían cambiar, modernizarse, y escribiríamos:

Escena: un consultorio siglo XXI.

 

En la cultura contemporánea

 

Ya nadie se monta a un banco, ni arma un teatrillo de títeres, ni predica en la calle, ahora hacen “telemarketing” y nos rompen los tímpanos a cada rato con sus inoportunos llamados. O se pagan un programa de televisión para  promoverse. O pagan periodistas venales para que les publiquen artículos de promoción. Qué diremos del “compre ya”, “llame ya”, “sonría ya” y demás charlatanes de la publicidad televisiva para perder peso, sacar músculos o curar la impotencia.. O el spam de Internet.

  

Un famoso charlatán de TV: El Dr. Nick Riviera, en los notorios y populares Simpsons es un médico trucho, que antes de hacerle un bypass  a Homero Simpson pregunta, por ejemplo, dónde debe hacer la incisión.

 

Charlatanes en la literatura

 

En el mundo de los dientes y las letras, el más resonante fue McTeague, creado por Frank Norris.

La ficción copiando a la realidad se dio con John R. Brinkley y el novelista Pope Brock; fue 'el doctor de las glándulas de macho cabrío ' que las implantaba para curar la impotencia y dos veces fue candidato a gobernador de Kansas [Ver jugosos detalles en el “LIBRO DEL MES”]

Las razones de la sinrazón

 

Aunque usted no lo crea, hay razones para lo que no tiene ninguna razón de existir:

 

El efecto placebo: Los fármacos y tratamientos de probada falta de efecto sobre una enfermedad; sin embargo, pueden modificar la percepción que de ella tenga el paciente: reducción del dolor, incremento del bienestar, mejora o hasta alivio total de los síntomas.

La falacia de la regresión: En cietas afecciones  auto limitantes, tal como ocurre con las verrugas o el resfrío común, termina habiendo una mejoría. El paciente puede asociar el uso de remedios o tratamientos con su recuperación. Lo mismo puede ocurrir que haga efecto un tratamiento previo cuando ya el enfermo ingirió el producto del charlatán y se crea que éste lo curó.

Desconfianza de la medicina convencional: La gente que desconfía de la medicina convencional está más propensa a ser víctima de la charlatanería

Ignorancia: La falta de educación hace que la persona esté más propensa a ser víctima de la charlatanería con improbables tratamientos.

Temor: El temor a la cirugía o a tratamientos complejos puede hacer que una persona se refugie en la alternativa gran variedad de medicaciones y hierbas que pretenden reemplazarlos.

Precio: El costo del tratamiento convencional alienta a buscar alternativas baratas.

Desesperación: Cuando la enfermedad es grave o terminal o 'intratable,' según el médico, cualquier propuesta por ineficaz o loca que sea puede ser la alternativa aprovechada por la charlatanería.

Antielitismo: Los intrusos de la odontología, o de la medicina, se presentan como gente “del pueblo” a diferencia de la élite odontológica o médica y hacen creer al incauto que su propuesta es mejor y más barata que la del establishment  que sólo piensa en su ganancia y no en la gente.

                                                                                                  

                                    H.M.


 
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