Casi editoriales...  

 

      

Nuestras acotaciones digresivas no siempre son tan digresivas, como que alguna referencia dentaria tienen. Digamos que ponemos una frase de Camilo José Cela, como “...le hiede el aliento y no se puede quitar la peste ni con medicinas, eso del mal olor es una desgracia que da asco y también risa...” Eso es bien dientoso y significativo. Tanto o más significativo y nada dientoso sería citar a Matthew Arnold con frase que consideró válida para su época y que vendría muy al caso en la nuestra: “nuestra clase alta está materializada, nuestra clase media está vulgarizada y nuestra clase baja está embrutecida.”¿Estaríamos editorializando casi, verdad?

Pero sería una observación apropiada, no un consejo paternal y odontológico como el de Henry Green (Loving): “...debiera usted limpiarse los dientes antes de tener nada que ver con una mujer. Es una cuestión de higiene personal.”

En la higiene personal, además del hilo dental y el cepillo podría entrar una consideración meditada de esta frase de Cela: “He advertido que el cristianismo de cierta clase de personas respetables empieza cuando abren sus devocionarios a las once de la mañana del domingo y termina cuando los cierran a la una de  la tarde del mismo día.” Lo que vale para cualquier otra religión y para Fray Athelstan, dominico y detective medieval, surgido de la pluma de Paul Harding, quien le hace decir en La casa del asesino rojo“Esto es lo peor que tiene el pecado, sir Brian. Permitimos que forme parte de nosotros, como una muela cariada cuya existencia soportamos y olvidamos.” Y aquí ya estamos entre digresivos y pertinentes editorialistas. Huyamos prestamente... por la derecha, como dijo el buen león.

              

Novocaína...    filme ubicado en el consultorio dental, en Chicago, del Dr. Frank Sangster (Steve Martín), quien está comprometido con su atractiva higienista dental Jean Noble (Laura Dern) y tiene como lema: “Un hombre puede perder el alma, puede perder la vida. Pero lo peor que puede perder son los dientes.”

Con la dirección de David Atkins, primera película de este cineasta de familia de dentistas, la acción se inicia con la llegada de Susan Ivey (Helena Bonham Carter). Dice necesitar un tratamiento de conductos, pero la sesión se dedica a realizar otra tarea en el sillón dental. Susan pide después una receta de Demerol y cambia los 5 recetados por 50. Enterado, Frank no la denuncia y ella le sigue robando narcóticos. . En un accidente, la DEA encuentra los frascos en el auto accidentado y Frank calla que fue ella. El hermano de Susan, Duane, va al consultorio y le grita a Frank que deje de tener sexo con la hermana. A poco, Duane es hallado muerto en el consultorio de Frank, con marcas de los dientes del dentista en el cuerpo. Frank dice “mentir es como la caries dental” (¿) Kevin Bacon tiene un papel menor. En resumen, el filme es apenas mejor que someterse a una endodoncia.

Vale para nuestras digresivas sólo por el ambiente y por las dos frases geniales (!) del dentista.

               

 

 

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