“Asuntos de Estado”

 

No apto para menores de 18

 

El poema que sigue, de fines de 1673, apareció en Poems on Affairs of State, colección de obras de John Wilmot, Earl of Rochester, de quien nos ocupamos en las DIGRESIONES de febrero. Incluimos este poema con la excusa de la mención odontológica que en él se hace. Hubo una versión teatralizada,* que se representó ante el rey Carlos II y el embajador de Francia, como se pudo apreciar en el filme El libertino (2005), de Lawrence Dunmore, argumento de Stephen Jeffreys, protagonizada por Johnny Depp y John Malkovich, donde aparece Goerge Etherege amigo de Wilmot; cada uno padre de una hija con la célebre actriz, soltera, Elizabeth Barry. [Quede constancia de que se trata de una modesta traducción, con más de glosa que otra cosa, algo suavizada aunque no la intención. H.M.]

Teatro de la Restauración

 

 

Signior Dildo

Damas de la Alegre Inglaterra

Que habéis besado la mano a la Duquesa,

Por caso, en el desfile ¿habéis advertido

Un noble italiano llamado Signior Dildo?

El Signior integraba de Su Alteza el cortejo

Y la ayudaba a pasar el río Bermejo,

Pero hoy clama al Duque, que ha partido,

Que no necesita más al Signior Dildo.

Cuando a Saint James's Street vayáis justo,

Para compraros polvos en dulce gusto

Y guantes, y esencias y parecidos,

Podríais por allí ver al Signior Dildo.

Primero quizá no le daríais importancia

Que su traje de cuero no le da elegancia:

Pero cuando sus habilidades hayáis conocido

De rodillas adoraréis al Signior Dildo.

Mi Lady Southesk, a quien los cielos apoyen,

Lo vistió de satín, y lo llevó a la Corte,

Pero él no muestra cabeza, de puro tímido,

Tan modesto joven es este Signior Dildo.

La buena Lady Suffolk, por no hacer daño,

Lleva al extranjero, pobre, bajo el brazo:

Lady Betty por azar el secreto conoció,

Y a su propia madre, el Signior Dildo robó

La Condesa de Falmouth, de quien dicen

Que a sus lacayos con camisas de lujo viste

Podría haber evitado el gasto, si hubiera sabido

Qué lujurioso galán es el Signior Dildo.

Con la ayuda de este galán, de Rafe la Condesa

Del feroz acoso de Harris protegió su entereza,

Casi encajado bajo la almohada

Al Signior Dildo estrechamente abrazada.

Nuestras refinadas Duquesas están en una trampa:

Chochean ante tontos, por causa de su “arma,”

No la hubieran deseado, de haber Sus Gracias conocido

La discreción y el vigor del Signior Dildo.

Ese ejemplo de virtudes, Su Gracia de Cleaveland,

Se ha tragado más “armas” que el océano  arena,

Y de frotar y refregar, tanto se le agrandó

Que no le va nada menos que el Signior Dildo.

La Duquesa de Módena, aunque luzca tan altiva,

Con un dotado galán se acostaría lasciva:

Mas de revelar sus secretos a los ingleses tuvo temor

Y al Signior Dildo designó por caballero introductor

La condesa de la platea que es famosa en la historia (cualquiera su nombre sabe) como gran matadora:

Cuando el último de sus amantes de haya despedido

Apuesto a que bien se contentará con el Signior Dildo.

Red Howard, Red Sheldon, y Temple tan intensamente

Se quejan de que esté tanto de Whitehall ausente,

Que el Signior Barnard ha prometido un viaje hacer

Para de Italia a su paisano Signior Dildo traer.

A la muñeca Howard Su Alteza dejó de lado,

Y por tanto se le propone un cambio adecuado:

Como con sus dientes tan podridos huele mejor por abajo

Que haga el Signior Dildo allí ese nuevo trabajo.

St Albans de arrugas y sonrisas adornado

Generoso con extranjeros según su alto cargo,

En su coche de seis caballos se fue a Pergo,

Para tomar aire fresco con el Signior Dildo.

Si a este Signior conocieran los tontos del lugar

Evitarían ver a sus esposas con los capataces follar;

Pero que los cuernos les crezcan merecen los pillos

Para quemar al Papa y a su sobrino Dildo

La esposa de Tom Killigrew, una fina holandesa,

A la vista de este Signior, pedorreó, y eructó cerveza

Y para su educación holandesa mostrar mejor

Exclamó: bienvenido a casa, myn Heer Van Dildo.

Él, cortésmente, una noche en la platea,

Ofreció su servicio a Madam Knight, la bella,

Que contestó: Me entiendo con el Capitán Cazzo

Y en mi trasero, Signior Dildo, ubique su naso.

Este Signior es sano, seguro, y también tonto

Y cual sirven vela, carrete y pulgar está pronto:

Descarte esos bajos recursos, y demuestre

Cómo valora los justos méritos del Signior Dildo.

Lleva la nariz bien alta el Conde Cazzo,

Y muy metido en sí mismo: “¡A mi rival lo ammazzo!”

Juró con pasión y al mundo entero le dijo

Que carne y sangre no merecen un Signior Dildo.

Una muchedumbre de “armas” antes bienvenidas,

Ahora en la puerta por el portero son despedidas

Y maliciosamente el cazzo se le acercó,

E  inhumanamente sobre el Signior Dildo cayó.

Pronto agotado huyó el pobre extranjero

Y por Pallmall lo persiguió el pueblo entero

Y a las mujeres apenadas en las ventanas se las oyó:,

“¡Oh, cielos, permitid que se salve el Signior Dildo!”

Explotó de la risa la buena Lady Sandys,

Al ver cómo le pendían los colgantes

A su enemigo, y a no ser por ese peso diferido

Le hubiera resultado muy duro al Signior Dildo.

 

*Los teatros habían sido reabiertos, tras la persecución puritana, y los papeles femeninos ya estaban en manos de mujeres. Como en todo destape, el péndulo se inclinó mucho hacia el lado contrario a la circunspección. La puesta en escena, interrumpida por el propio Carlos II, presente, fue escandalosa y signada por el Signior Dildo. Duró la tendencia libertina hasta la llegada del siglo siguiente.


 
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