Las digresiones, indiscutiblemente, son el rayo de sol, la vida, el alma de la lectura.  Si las quitan de mi libro, por ejemplo, bien podrían llevarse también el libro con ellas—reinaría un frío invierno en cada página – […] incorporan la variedad, e impiden que el  apetito decaiga." Lawrence Sterne, (en su obra cumbre, plena de humorísticas digresiones)


 

Molière lo dijo

 

Cuanto más amamos a alguien menos conviene halagarle.

Un amante apasionado ama hasta los defectos de la persona a quien ama.

Vivir sin amar no es, propiamente, vivir.

Nadie es capaz de evitar el amor, y nadie es capaz de evitar que su amor se acabe.

Somos fácilmente engañados por aquellos a quienes amamos.

Si esta es vuestra forma de amar, os ruego que me odiéis.

Lo que el amor hace, él mismo lo excusa.

El celoso ama más, pero el que no lo es ama mejor.

La felicidad ininterrumpida aburre: debe tener alternativas.

Cuando se quiere dar amor, hay un riesgo: el de recibirlo.

El amor es a menudo fruto del matrimonio.

Salen errados nuestros cálculos siempre que entran en ellos el temor o la esperanza.

Todos los vicios, con tal de que estén de moda, pasan por virtudes.

Las cosas sólo tienen el valor que les damos.

Prefiero un vicio tolerante a una virtud obstinada.

Todos los vicios, con tal de que estén de moda, pasan por virtudes.

No hay cosa más censurable que un amigo que no sea sincero.

Aquellos cuya conducta se presta más al escarnio, son siempre los primeros en hablar de los demás.

Esforcémonos en vivir con decencia y dejemos a los murmuradores que digan lo que les plazca.

La hipocresía es el colmo de todas las maldades.

El envidioso puede morir, pero la envidia nunca.

Es cosa admirable que todos los grandes hombres tengan siempre algún granito de locura mezclado con su ciencia.

 

Jamás se penetra por la fuerza en un corazón.

                                                                          Jean Baptiste Poquelin

 

 

 

 

 

 

 

El valioso tiempo de los maduros

                                              Mário de Andrade

 “El valioso tiempo de los maduros” es un texto de Mário Raul de Morais Andrade (São Paulo, 9 de octubre de 1893 - íbid., 25 de febrero de 1945) cuya novela más reconocida, Macunaíma, es considerada una de las obras capitales de la narrativa brasileña del siglo XX.  El poema reproducido, propio del modernismo que preconizó, ha corrido profusamente por la Red, merecidamente repetido una y otra vez, quizá porque subraya la importancia de distinguir entre lo esencial y lo superfluo, lo que nos enriquece o lo que nos desgasta, lo que nos permite vivir o tan solo sobrevivir… Lo complementamos con un texto afín del estadounidense John Gardner.

Mário de Andrade (de anteojos) y Cándido Portinari (de traje oscuro), en una exposición del pintor

 

Conté mis años y descubrí,

que tengo menos tiempo

para vivir de aquí en adelante,

que el que viví hasta ahora...

 

 Me siento como aquel chico

que ganó un  paquete de golosinas:

las primeras las comió con agrado,

 pero, cuando percibió

que quedaban pocas, 

comenzó a saborearlas profundamente.

 

Ya no tengo tiempo

para reuniones  interminables, 

donde se discuten estatutos,

normas, procedimientos

y reglamentos internos, 

sabiendo que no se va a lograr nada.

 

Ya no tengo tiempo

para soportar absurdas personas

que, a pesar de su edad cronológica,

 no han crecido.

 

Ya no tengo tiempo

para lidiar con mediocridades.

 

No quiero estar en reuniones

donde desfilan egos inflados.

 

No tolero a maniobreros

y ventajeros.

 

Me molestan los envidiosos,

que tratan de desacreditar

a los más capaces,

para apropiarse de  sus lugares,

talentos y logros.

 

Detesto, si soy testigo,

de los defectos que genera

la lucha por un majestuoso cargo. 

 

Las personas no discuten contenidos,

apenas los títulos.

Mi tiempo es escaso

como para discutir títulos.

 

Quiero la esencia,

      mi alma tiene prisa....

 

Sin muchas golosinas en el paquete...

 

Quiero vivir al lado

 de gente  humana, muy humana. 

Que sepa reír de sus errores.  

Que no se envanezca,

con sus triunfos.

Que no se considere electa, 

antes de hora.

Que no huya, de sus  responsabilidades.

Que defienda, la dignidad humana.  

Y que desee tan sólo

andar del lado  de la verdad

y la honradez.

 

Lo esencial es lo que hace

que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente,

que sepa tocar el corazón

de las personas….

 

Gente a quien los golpes

duros de la vida,

le enseñó a crecer

con toques suaves en el alma.

 

Sí…. tengo prisa…

por vivir con la intensidad,

que sólo la madurez  

puede dar.

 

Pretendo no desperdiciar

parte alguna de las golosinas

que me quedan…

Estoy seguro

que serán más exquisitas,  

que las que hasta ahora he comido.

 

Mi meta es llegar al final

satisfecho y en paz

con mis seres queridos

y con mi conciencia.

 

Espero que la tuya sea la misma,

porque de cualquier manera

llegarás.."

 

Vivamos intensamente hoy ......

Mañana es un tiempo que existe en nuestros sueños.

 

 

Lo que se aprende en la madurez

 

Lo que se aprende en la madurez no son cosas sencillas,

como adquirir habilidades e información.

Se aprende a no incurrir en conductas autodestructivas,

a no dilapidar energía por causa de ansiedad.

 

Se descubre cómo dominar las tensiones,

y que el resentimiento y la autocompasión

se encuentran entre las drogas más tóxicas.

Se aprende que el mundo adora el talento,

pero recompensa el carácter.

 

Se comprende que la mayoría de la gente

no está ni a favor ni en contra nuestro,

sino que está absorta en sí misma.

 

Se aprende, en fin, que por grande que sea

nuestro empeño en agradar a los demás

siempre habrá personas que no nos quieran.

 

Esto es una dura lección al principio

pero al final resulta tranquilizadora.

 

John Gardner


       
                                      
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