Las digresiones, indiscutiblemente, son el rayo de sol, la vida, el alma de la lectura.  Si las quitan de mi libro, por ejemplo, bien podrían llevarse también el libro con ellas—reinaría un frío invierno en cada página – […] incorporan la variedad, e impiden que el  apetito decaiga." Lawrence Sterne, (en su obra cumbre, plena de humorísticas digresiones)


 

¿Verseros? ¿Los estadistas = políticos?

Deste modo corren [hacia atrás] hoy los estadistas, al revés de los demás; así proceden en sus cosas para desmentir toda atención ajena, para deslumbrar discursos. No querrían que por las huellas les rastreasen sus fines; señalan a una parte y dan en otra; publican uno y ejecutan otro; para decir no, dicen sí; siempre al contrario, cifrando en las encontradas señales su vencimiento.

                                                       Baltasar Gracián: El criticón (1651)

Hoy diríamos que corren hacia atrás los políticos verseros  (casi sin excepciones) para no mostrar hacia dónde apuntan, para enceguecernos con sus discursos, poniendo el guiño a la izquierda y yendo a la derecha, declaran algo para hacer lo contrario, dicen no cuando es sí y quizá para esconder un no (que no sería político), siempre dando señales falsas de sus intenciones para así vencer, triunfar (vencimiento = triunfo)]

Y porque me empeñé -decía- en mostraros el señorío verdadero, sabed que no consiste en mandar a otros, sino a sí mismo. ¿Qué importa sujete uno todo el mundo, si él no se sujeta a la razón? Y por la mayor parte, los que son señores de más, suelen serlo menos de sí mismos, y tal vez el que más manda más se desmanda. El imperio no es la felicidad sino pensión, pero el ser señor de sus apetitos es una inestimable superioridad. Asegúroos que no hay tiranía como la de una pasión, y sea cualquiera, y ni hay esclavo sujeto ni más bárbaro africano como el que se cautiva de un apetito.

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Extracción de la piedra de la locura

¿será un político? ¿un dirigente odontológico?

 

 

 

 

 

 ¡Cuántas veces querría dormir a sueño suelto el necio amante! y dícele su pasión: "¡Quita, perro, que no se hizo para ti ese cielo, sino un infierno de estar suspirando toda la noche a los umbrales de la desvanecida belleza!" Quisiera el mísero engañar, si no satisfacer, su hambre canina, y dícele su codicia: "¡Anda, perro, ni una sed de agua, y siempre de dinero!" Suspira el ambicioso por la quietud dichosa, y grítale el deseo de valer: "¡Hola, perro, anda aperrado toda la vida!" ¿Hay Berbería tan bárbara cual ésta? ¡Eh!, que no hay en el mundo señorío como la libertad de corazón: eso sí que es señor, príncipe, rey y monarca de sí mismo. Esta sola ventaja os faltaba para llegar al colmo de una inmortal perfección; todo lo demás habíais conseguido, el honroso saber, el acomodado tener, la dulce amistad, el importante valor, la ventura deseada, la virtud hermosa, la honra autorizada, y desta vez el mando verdadero.  

                                        Baltasar Gracián

   

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