Afeando dentaduras

Suena raro que los dentistas nos dediquemos a afear dentaduras, pero así es. Esta “mala” costumbre nació en el teatro hace casi 20 años, con el estreno de Big River, versión musical de la famosa novela de Mark Twain Huckleberry Finn. Pese a su nutrido elenco, cada actor tuvo que representar hasta cinco o seis papeles distintos y no bastaba para un buen cambio con variar ropas, calzados y peinados. Un dentista esteticista, Jeffrey Golub, de Nueva York, fue llamado para afear a los actores y para adecuarlos a la época en vez de embellecerlos como hacía en su consultorio. Así nació lo que llamaron “adhesión Broadway”.

La moderna técnica de la adhesión cosmética fue vuelta del revés para crear labios leporinos, dientes cariados, paletas prominentes, anteriores negros o fracturados y cuanto se pueda imaginar. Se usó el mismo composite cotidiano con el que embellecemos a bajo costo, pero bajo la forma de “caretas” para dientes, también llamadas “insertos”, a la manera de ésos que los niños (y los adultos) utilizan para disfrazarse de dráculas, salvo que realizadas de modo que no afectaran la voz.

Una de las actrices, por ejemplo, hizo dos papeles transformando mucho su placentero rostro. Para uno, Golub le puso un paladar de los usados para mover dientes y le agregó un alambre que salía de la boca y le tomaba el labio para darle la forma de los partidos de nacimiento. Para el otro papel, le creó un inserto de dientes prominentes y uno de ellos ennegrecido.  

 

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